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Noche de Reyes

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Hoy parece que todo es posible en Madrid. Hay ocas jirafas asnos elefantes dragones geishas bereberes muchachas bailando el charlestón y barcos remontando la Castellana; bullicio en cualquier barrio de la ciudad, la gente se ha echado a la calle y en el mío familias enteras se han salido de la norma, se han salido de las aceras y caminan por la carretera como por su casa. Hay atascos, claro, pero nadie pita. Seguro que hay gente agobiada todavía a esta hora apurando compras pero todos con los que yo me encuentro parecen despreocupados risueños felices.

Hace veinte y más años, tal día como hoy, a estas horas, yo estaba dando vueltas en la cama sin poder dormir. Ése es el insomnio más placentero, el que no te deja parar de las ganas que tienes de que llegue el día siguiente. Ni siquiera pudo detener mi ilusión infantil el choque con la certeza de que los Reyes Magos eran los padres, aquella tarde en que se me cayó el betún con el que iba a limpiar mis zapatos para ponerlos bajo el árbol. El betún rodó hasta debajo de la cama de mis padres, y ahí me encontré ¡con un montón de regalos envueltos! Recuerdo que tuve un momento de impacto en el que todos los rumores que había estado oyendo en el colegio encajaron en una sola y fatídica idea: evidentemente, los Reyes eran los padres. Pero no quise creérmelo, y segundos después de un denso silencio, a solas en la habitación, grité: "¡¡¡ya han venido los Reyes!!!". No hay peor ciego que el que no quiere ver, dicen. Por supuesto, hubo disculpas y ajetreo en la casa y hermanas sacándome a rastras de la habitación y personas mayores que me decían que habían tenido que dejar los regalos antes de tiempo porque iban muy cargados (y éso explicaba que pudieran recorrer todas las casas del mundo en una sola noche) y otras personas mayores a la vez que me negaban que hubiera visto nada mientras que otras sacaban a toda velocidad los regalos de debajo de la cama para mostrarme de nuevo el suelo, tras la colcha, sólo con algunas inocentes pelusas.

Me lo creí todo, me lo quise creer todo, mientras pude mantener la ilusión. Porque aún hoy creo que ése es el sentimiento que da sentido a la vida, son las ganas las que mueven el mundo, es la ilusión de cada uno la que consigue que cada día, la Tierra gire.

Feliz noche de ilusión.

Miércoles, 06 de Enero de 2010 00:47 Elena #. Cotidiano

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entretanto

Autor: David Fergar

La ilusión mueve el mundo, y que no muera nunca. Mi hijo ha recibido en los últimos 14 días, quizás 50 regalos (sin exagerar), pero (aparte de la Nintendo DS, claro esta) nada ha hecho más ilusión que cuando bajó esta mañana al salón y subió corriendo: ¡LOS REYES HAN TRAIDO REGALOS! (en noruego, pero es lo mismo). Los magos de oriente no llegaron a Noruega muy cargados, porque después de Papanoeles, cumpleaños, cenas y más compromisos, el presupuesto de los del oro, el incienso y la mirra está bastante recortado. Perola ilusión, la ilusión, no se mide en euros, y el encontrar una chocolatina dentro de una magdalena, hace tanta ilusión como una figurita en un roscón, todo es echarle imaginación.
FELIZ DIA DE REYES!!!

Fecha: 06/01/2010 11:31.


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