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Qué prisa por crecer

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Mi sobrina de cuatro años se tira en la alfombra todo lo larga que es, coge un lápiz y un cuaderno. Juega a que está haciendo los deberes y sus hermanas pequeñas -las muñecas- no le dejan concentrarse. Están armando mucho barullo y yo tengo que reñir a las muñecas para que dejen a la hermana mayor hacer sus cosas importantes. Se parte de risa mi sobrina con este juego, y cuando acabo de mandar callar a las muñecas, invariablemente me dice: “¡otra vez!”.

Le parece divertidísimo, no sé si tendrá que ver con que haya por fin alguien más pequeño que ella que reciba órdenes, porque el hecho de quedarse concentrada frente a unos papeles significa que ya eres mayor o por verme a mí tan grandota hablando con unas muñecas de plástico y algunos peluches, que dan guerra también.

Todos los niños juegan a ser mayores, a mí de pequeña me encantaba fregar los cacharros. Mi madre me dejaba solo las cosas fáciles y que no podían romperse, yo me recuerdo esperando con ganas a que ella terminara para que me dejara a mí frente a la pila. Me decía que ya vería cómo se me pasaban pronto las ganas, que de mayor no me iba a gustar nada fregar los platos y yo pensaba: “qué tontería, cómo me va a dejar de gustar”.

Me recuerdo tan convencida de que sería imposible... Mejor no extrapolo y empiezo a pensar en las cosas que han dejado de gustarme con paso del tiempo, lo que he perdido al hacerme mayor, todas las veces que tengo aún que darle a mi madre toda la razón.

04/07/2013 19:12 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.


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