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Pues prefiero a Gaspar

Me acabo de enterar de que soy una outsider, que habito en la periferia de las normas sociales. El garbanzo negro de toda la vida quizá también. Todo porque de pequeña yo escribía en las cartas a los Reyes Magos que mi favorito era Gaspar.

 

Hay por lo visto un estudio y todo, de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes, que ratifica que prácticamente nadie quiere al rey del medio. Y es que no es fácil ser un segundón. Los que lo eligen con más rotundidad son sobre todo chicas que tienen debilidad por los pelirrojos, dice la encuesta, pero yo siempre lo vi castaño claro, como mi Nancy. No iban mis preferencias por ahí.

 

Yo lo elegía precisamente porque pobrecito. Nunca podría aspirar al protagonismo de Melchor, líder de masas con sus barbas bonachonas, ni al exotismo de Baltasar, el favorito de los niños a los que les gusta ir contracorriente. A mí no me gustaba ir con las masas ni era una rebelde, pero elegía la rareza.

 

Sigo apostando por ese personaje cuyos encantos pasan desapercibidos para el común de los mortales pero que tiene indudablemente magia, una estrella intacta brillando en su interior. Felices Reyes.

06/01/2014 22:05 Elena #. Divertimentos Hay 3 comentarios.

Aparta, MacGuyver

Tengo una amiga que con todo el amor, cada vez que me ve hacer manualidades, me pregunta cómo fue posible que yo aprobara preescolar. Es verdad que se me dan fatal, que no sé recortar, que no tengo visión espacial.

 

Nunca me ha preocupado porque no se puede ser perfecta, cada uno tiene que ser consciente de sus limitaciones, y esta de las manualidades la he ido arrastrando toda mi vida ¡hasta hoy!

 

Resulta que anoche tenía una vela encendida al lado del portátil y de repente empezó a oler a plástico quemado. El ambiente romántico chamuscó el cable del cargador. Lo aparté a tiempo de evitar una desgracia mayor, pero ya estaba lamentándome por tener que comprar un cargador nuevo cuando apareció mi hermano, que es un hacha con las tecnologías y todas las cosas prácticas que a mí se me dan mal, y me dijo que cortara la parte quemada y empalmara los cables, así tal cual.

 

Me explicó cómo hacerlo a través de mensajes de wassap con tanto lujo de detalles -él conoce mi torpeza- que me parecía una tarea titánica (dijo algo de trenzas en forma de uve, o de T y no sé qué cosas con la cinta aislante en paralelo), pero se esforzó tanto en dar las instrucciones que cómo no iba al menos a intentarlo.

 

Y aquí estoy, escribiendo en mi portátil enganchado a la corriente con un cable negro que tiene un trozo azul. Sólo he perdido una hora de mi vida en conseguirlo. No hay nada como creer que eres capaz para poder. Ésa es la fórmula mágica para que nada se te resista.

09/01/2014 13:39 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.


Para eso (también) sirve un beso

Es difícil, pero tenemos que intentar que el clima de hostilidad y malas noticias no nos contagie. Por nuestro bien, por el de todos. Porque es posible construir una sociedad mejor a base de pequeños gestos. No dejarnos llevar por la corriente hacia el fondo.

 

El otro día estaba yo saliendo del aparcamiento de un centro comercial y me paré en un ceda el paso. No me di cuenta de que tenía prioridad y pensé que era un stop. Oh gran falta. Había un coche ocupado por una parejita joven esperándome, y al ver que yo no arrancaba empezaron a gritar desaforados. Tenían las ventanillas subidas y no podía oirles, pero vi sus caras desencajadas por el enfado. Auténtica furia.

 

Traté de ignorarles, arranqué, salí del parking y me los volví a encontrar en un semáforo. Seguían mirándome y gritando como si hubiera hecho algo abominable, gesticulando de una manera exagerada. Había un odio en sus caras inaudito, yo no daba crédito. ¡No era para tanto!

 

Lo normal habría sido cabrearme yo más, responder con aspavientos que se fueran al carajo, que ocuparan sus fuerzas en algo más importante y me dejaran tranquila, pero lo que me salió fue enviarles un beso. Aferrando con fuerza el volante, les lancé un beso y se quedaron petrificados. Ahora eran ellos los que no daban crédito.

 

Seguramente, pasado el estupor inicial, siguieron con su enfado, pero a mí me dio igual. Neutralicé siquiera por unos segundos su rabia y salí antes que ellos del semáforo, sintiéndome invencible, poderosa. Acababa de descubrir el poder de un simple beso tirado al aire.

 

 

14/01/2014 23:57 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.


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