Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2015.



¿De qué se asustan los leones?

20150503023543-leones-asustados.jpg

Pobres leones. No me digáis que no parecen estar aterrorizados. Los fotografié en Bruselas hace unas semanas; no daba crédito cuando me encontré al primero. Ahí subidito a su pedestal en la entrada de un parque, con esa cara de espanto. Me fui fijando entonces en las esculturas que me iba encontrando: todos distintos, todos asustados.

 

¿En qué estaban pensando los escultores belgas cuando llenaron la ciudad de leones cobardes? El león es el rey de la selva, qué humillación aparecer así retratado. Obra de republicanos selváticos -se me ocurre- en su lucha por abolir la monarquía animal. 

 

Busco más leones, pregunto, investigo: me cuentan que los que hay en la plaza del Ayuntamiento de Guadarrama parece que están lloriqueando. Encuentro la foto y pienso que un león no querría ser inmortalizado así, como si estuvieran pisándole la cola, aullando. Un león de verdad ya se habría dado la vuelta para darle un bocado o al menos se aguantaría las ganas de quejarse mientras le estuvieran retratando. 

 

Qué difícil es hacer un león

Busco más esculturas de leones en internet, y no todos son como los dos fieros que custodian la entrada al Congreso de los Diputados. Hay uno que parece estar deshojando una margarita me-quiere-no-me-quiere; otro con una mueca de asco como si le acabaran de servir un café descafeinado; otro con rastas más que melenas; otro a punto de extender la patita para pedirte un euro por sus cachorros, payo; otro que parece estar escupiendo; otro que no es que te ruja, es que no puede cerrar la boca con tantos dientes desencajados, y pienso: Qué difícil es hacer un león. 

 

Sólo encuentro explicación para la escultura del león de Lucerna, que aparece moribundo para conmemorar la muerte de unos mercenarios de la Guardia suiza durante la Revolución Francesa. Ah, y yo pensando que el león estaba triste porque le acababa de dejar su leona. Hay que ver cómo soy, qué prejuiciosa. 

 

Sí, acabo de darme cuenta de que soy una prejuiciosa de los leones, visto está que no todos son iguales y que de todos modos tienen derecho a aparecer como les dé la gana, a ver por qué van a tener que responder todos a mis expectativas de ferocidad. También puede ser el rey de la selva sin enseñar a todas horas los dientes. Y si quiere ruge, y si quiere, se echa a llorar.

03/05/2015 02:35 Elena #. Divertimentos No hay comentarios. Comentar.

La Cuarta Guerra Mundial

Se llama Habton Abrha y ha pedido asilo político en España porque viene de un país en guerra. Va librando sus propias batallas hasta que se lo concedan: es el hombre que, sin mediar palabra, me atacó con una piedra en la cabeza y siguió golpeándome, ya en el suelo agachada. Ese mismo día, en la otra punta de la ciudad, golpeó a otra chica con un palo. Por la noche, en comisaría, miró con tanto odio a su abogada de oficio que tuvo que interponerse entre los dos un policía. 

Me lo ha contado esta mañana después del juicio la propia letrada: “No quiso ni firmarme los papeles que le dan derecho a asistencia jurídica gratuita. Se me encaró y era odio, me miraba con odio, con rabia y con odio. Porque soy mujer, no quería que le atendiera una mujer”, me ha confesado en el pasillo de los juzgados la abogada. Pero dentro, en la sala, ante la jueza, ha pedido su absolución, es lo que toca.

Le ha tocado defender a un hombre que no quiere ser defendido, y que por supuesto no se ha presentado. Y menos mal, porque había una abogada, una jueza y una fiscal, y en los arcos de seguridad de la entrada a los juzgados no pitan los palos ni las piedras. Tampoco hay policías ni guardias en los pasillos en los que esperan juntos todos los demandantes y los demandados de los diferentes juicios (hay programada una vista cada cinco minutos). Se podría haber liado parda. Si al final hay que agradecerle al loco que no esté más loco de lo que está.

De todos modos, lo peor que le puede pasar es tener que pagar 180 euros al Estado. Por las molestias. Por el gasto en burocracia y por las cuatro patrullas de policía que estuvieron aquella tarde detrás de él y conmigo, para nada. Sólo tuvo que pasar la fría noche que lo detuvieron en comisaría, a resguardo.

No importa que fuera caminando por la calle con una piedra puntiaguda más grande que su mano. Como me agaché y no llegó a abrirme la cabeza, es como si me hubiera dado una bofetada. “Esto se tenía que haber juzgado como un delito de odio”, ha seguido diciéndome la abogada.

Pero ha sido un simple juicio de faltas, con una pena menos grave que mirar el móvil en un coche parado en un semáforo en rojo. Sus antecedentes puede que ni siquiera lleguen a conocimiento de Exteriores, que es quien tiene que concederle el asilo en este país que odia porque está lleno de mujeres que incluso lo defienden contra su voluntad.

La única que sabía en el juicio que ese hombre es un misógino peligroso era su propia defensora, que ha tenido que mantener la boca cerrada. La única que sabía que no fue un arrebato, que mi agresión no fue casualidad. No es mi loco, es nuestro loco, y va contra todas.

Albert Einsein dijo que no sabía cómo iba a ser la Tercera Guerra Mundial, pero que estaba seguro de que la cuarta “sería con palos y con piedras”. Lo más grave no es que este loco esté tranquilamente suelto por Madrid, sino que ya ha empezado su lucha y nuestro Estado de Derecho no sabe hacer nada.


15/05/2015 00:09 Elena #. Periodismo No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris