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¿Pero qué es la Noche en Blanco?

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Pensábamos que estaban tomándonos el pelo, o que se nos acercaban para ligar. Cómo si no era posible que, después del despliegue mediático, aquellos dos chicos nos asaltaran en plena Gran Vía para preguntarnos: “¿Qué es la Noche en Blanco?”. Pero acababan de llegar, uno de Brasil y el otro de Uruguay, según nos dijeron, y nos miraban seriamente, esperando una respuesta, una definición que ni mis amigos ni yo alcanzábamos a encontrar. 

Miramos a nuestro alrededor, como intentando abarcar con la mirada lo que estaba sucediendo para que se tradujera en palabras. Lo cierto es que el panorama era bastante desconcertante. Si yo de repente aterrizara en Madrid y me soltaran en plena Gran Vía aquel sábado de madrugada, seguramente me habría asustado. En la esquina con Montera había varias patrullas de Policía, subían y bajaban las ambulancias o los coches de bomberos; algunos taxis, autobuses y coches despistados intentaban abrirse paso entre la marabunta.  

Porque todo sucedía en la calle, y a la vez. La gente se había echado a la calle como si hubieran desalojado todos los edificios y los bares, sobre todo los bares; la gente bebía en la calle con vasos de plástico como en las fiestas de un pueblo, había corrillos de gente sentados en las aceras, colas quilométricas frente a los museos y las instituciones, multitudes frente a los edificios iluminados de arte. 

Pero esa aglomeración fue también, para mí, lo maravilloso de la Noche en Blanco. Esa multitud expectante y asombrada que miraba su ciudad como si fuera la primera vez, que descubría la belleza de unos edificios que siempre habían estado ahí pero que fue esa noche cuando los miraron, porque proyectaban un juego de luces o de palabras sobre ellos, o porque una nube blanca ascendía frente a la Puerta de Alcalá, que por primera vez pudo ser cruzada entre sus arcos. 

Claro que había también multitudes expectantes y decepcionadas. Desencantadas por el “fiasco” de un arte demasiado “conceptual”, de unas esperas insoportables, del caos de transporte y los fallos de organización. Muchas actuaciones supieron a poco, no se entendieron, no tenían gracia y no eran ni siquiera bonitas, que es lo que cabe esperar del Arte. 

A mí me encantó disfrutar de un Madrid distinto, volcado hacia fuera. Claro que siempre me ha gustado Madrid. Me gustan sus edificios, sus calles abarrotadas, sus múltiples ofertas culturales, su gente abierta y desenfadada, su barullo de tráfico incluso (visto desde fuera, claro, cuando no tienes prisa por llegar a algún lugar), la vida palpitando a cualquier hora del día o de la noche.

Soy consciente de que mi mirada es la de una chica “de provincias”, pero llevo ya más años viviendo en Madrid que en cualquier otro sitio, así que me he concedido yo misma el título de madrileña, y a mí, la Noche en Blanco, lo que me pareció fue una fiesta. Una fiesta de la cultura, claro, pero participativa, abierta a todos. Yo creo que sí se cumplió con creces el objetivo de “acercar el arte a la gente”. Aunque defraudaran o no gustaran todas las iniciativas, eso es inevitable en toda manifestación artística, y por lo menos, la convocatoria a nadie dejó indiferente.

Martes, 02 de Octubre de 2007 20:02 Elena #. Literatura

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entretanto

gravatar.comAutor: Vivian

¡Totalmente de acuerdo, Elena! Y me alegro mucho de haber compartido la experiencia contigo. Te felicito por tu blog. ¡Bienvenida!

Fecha: 03/10/2007 10:51.


gravatar.comAutor: patircia

No te conozco y he llegado a tu blog por caualidad, buscando imagenes del edificio España y me ha encantado tu articulo o post o como se llame. Una manera positiva de ver la vida que la mayoría de la gente pierde cuando lleva un tiempo viviendo en una gran ciudad o, simplente, cuando se hace mayor. Enhorabuena.

Fecha: 25/01/2008 14:49.


gravatar.comAutor: Elena

Muchas gracias por tu comentario, Patricia, lo cierto es que comencé el blog con mucho entusiamo pero lo fui abandonando, y ver tu comentario tan amable ha sido como un regalo, un regalo que además llegó después de un día bastante catastrófico, de estos días en que todo parece torcerse... nada grave, pero un cúmulo de pequeños detalles incómodos amargan a cualquiera...

También es bonito ver que hay gente a la que no le cuesta verbalizar sus emociones, siempre he pensado que es un acto de generosidad no guardarse los pensamientos positivos, las palabras amables, aunque sea con desconocidos. Son ese tipo de gestos los que me reconcilian con la vida.

Gracias por dibujarme una sonrisa, qué suerte que te cruzaras con mi blog.

Fecha: 26/01/2008 22:56.


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