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De carreteras y gominolas

Si no evalúan tu capacidad de orientación cuando vas a sacarte el carné de conducir, la DGT debería invertir un poquito más en poner buenos carteles en las carreteras. Lo digo porque hoy tenía que ir a Fuenlabrada y he acabado en Alcorcón. Tenía una convocatoria de prensa en un parque de Fuenlabrada al que era muy fácil llegar según google maps (soy fan de todos los inventos de Google), pero me he pasado el desvío (porque si no me indican que hay que meterse en la vía de servicio mi intuición no da para tanto) y no he sido capaz de hacer un cambio de sentido hasta que he visto que ya estaba llegando a Alcorcón. Me he metido en todo el centro, claro, porque total, me lo conozco y sé dónde están las glorietas, en las que es seguro que se puede dar la vuelta.

 

Vale que yo soy una torpe sin remedio, pero la DGT debería tener en cuenta que los torpes también nos compramos coches y tenemos derecho a desplazarnos de un punto a otro en nuestro vehículo privado. ¡A mí nadie me preguntó si sería capaz de llegar yo sola hasta Fuenlabrada cuando solté la pasta para mi C3, ni cuando pagué mis tres convocatorias del práctico de conducir!

 

En fin. Al final he llegado 25 minutos tarde y con un cabreo de espanto, porque el parque al que tenía que llegar sólo existe en la imaginación del alcalde, que ha convocado a la prensa para que le fotografiáramos plantando árboles junto a los escolares del barrio. Bueno, físicamente el alcalde sí que estaba, pero al menos debe ser inventado el nombre de ’Parque Norte’ que le han puesto a un descampado de las afueras que no viene en los mapas ni conoce ningún fuenlabreño. Pero preguntando se llega a Roma y también a los descampados, sobre todo si éstos se encuentran invadidos por exactamente mil niños plantando árboles.

 

La verdad es que el enfado se me ha pasado en seguida, en cuanto me he puesto a hablar con unos niños simpatiquísimos, muy habladores, de estos que a los que da gusto entrevistar en directo porque no te dejan colgada con monosílabos. Me han hecho sonreír, reconciliarme con la vida y volver a tener fe en las nuevas generaciones, yo que aborrezco la adolescencia y creo que la juventud cada vez está peor.

 

Y ha sido recíproco; ellos también se han quedado encantados conmigo: nos hemos hecho fotos juntos y un niño de once años, incluso, le ha pedido a un compañera suya que me diera una gominola de las que él se estaba comiendo, porque, me ha dicho, él tenía las manos sucias.

Viernes, 19 de Marzo de 2010 00:41 Elena #. Divertimentos

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