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Alguien que anda por aquí

La maldición de los indecisos

Llevo días mirándolo y no,

no me gusta

estoy a disgusto

quiero acabar con él

me decido

lo planifico

pienso: de mañana no pasa

y entonces cambia

ya no es para tanto

ya es el de siempre

con el que estoy cómoda

el que me gusta

no estoy a disgusto

y vuelta a empezar

hasta que un día me dé

por teñirme las canas.

Hay que pensar en positivo

Tengo un CD que está ralladísimo y siempre lo meto en el reproductor con miedo, suplicándole a las ondas que esta vez me deje escuchar aunque sólo sea una vez esa canción, y siempre me decepciono. Tengo un ritual de pequeños trucos para que la música comience a sonar, y la triquiñuela funciona durante unos segundos, pero al final siempre me quedo con las ganas de disfrutarla al completo.


Pero ayer encontré el CD buscando otra cosa, lo metí en el reproductor pensando que estaría bien acompañar ese instante con esa banda sonora, le di al play inconscientemente y la música empezó a sonar, justo en el preciso instante en que me acordaba, absurdamente, de que el CD estaba rallado.

 

La cosa es confiar, no tener miedo; solo así las cosas pueden salir bien, y esta regla sirve para todo. También sucede en las relaciones. No es una fórmula mágica, claro, pero si empiezas algo pensando que puede salir mal, se acabarán cumpliendo tus peores presagios, porque los has convocado.

 

Lo positivo llama a lo positivo, el universo se rige por las leyes de la atracción. Los pensamientos negativos atraen inevitablemente hacia ti las calamidades que más temes, del mismo modo que los perros van a las personas que les tienen miedo, porque lo huelen.

 

Hoy he sacado turno para comprar un billete de tren y había 51 personas delante de mí, lo decía el papelito que sacas, como el de las carnicerías. La sala estaba llena de personas angustiadas, enfadadas o aburridas, así que me he ido a dar una vuelta por la estación para no soportar ese ambiente.

 

Pero me he entretenido más de la cuenta y cuando he querido regresar, por un instante he pensado que ya se me habría pasado el turno, que vaya torpeza perder toda la tarde en Atocha con la de cosas que tenía que hacer, pero no me he querido enredar en esos pensamientos mientras me dirigía hacia el punto de venta. He querido pensar que también existía la posibilidad de que aún llegara a tiempo, y de hecho así ha sido: en cuanto he entrado en la sala, en la pantalla saltaba mi turno. No he podido disimular la sonrisa sintiendo cómo se clavaban en mi espalda las miradas furibundas de todos los que se hacinaban en la sala.

 

Es más fácil en las películas

En las películas resuelven mejor este tipo de asuntos.

 

Siempre hay beso cuando sobreviene un silencio

y el chico y la chica se miran,

se sonríen y están cerca, cada vez más cerca

 

Nadie tiene miedo de lo que pueda pasar después

 

A ella siempre se le ocurre una frase fulminante

que deja paralizado al malo de la película

mientras huye hacia la secuencia final, triunfal y victoriosa

 

Y cuando ella se encuentra con su ex

sabe perfectamente qué decirle,

qué sonrisa escoger,

cómo taladrarle con la mirada

si lleva colgando una nueva novia

con la que -oh, sí- parece

que sabrá mantener una relación seria.

 

Normal que la vida sea más fácil en las películas

las puñaladas no duelen, la sangre es de mentira

los actores siempre saben lo que va a pasar a continuación

hay cámaras que enfocan siempre al lugar adecuado

un ejército de guionistas se encarga de llenar los silencios.

Reflexiones espacio-temporales

Todos sabemos que el tiempo y el espacio son dos cosas diferentes, y vivimos con esos dos conceptos bien diferenciados en nuestras cabecitas, ajenos a la existencia de una Sociedad Internacional de físicos y filósofos para el estudio de la naturaleza espacio-temporal (Spacetime Society).


Quizá nos preocuparíamos por conocer las conclusiones de los miembros de esta Sociedad si ellos se ocuparan de resolver los verdaderos momentos en que la conjunción del espacio y el tiempo nos crean conflictos en la vida cotidiana: cuando estamos en un atasco en Madrid capital a las diez menos cuarto de la mañana y nuestro jefe cree que llegaremos a las diez en punto a Aranjuez.


También se difuminan los contornos del tiempo y el espacio en las relaciones personales. Cuando eres adolescente, insistes en crear tu propio espacio, cuando lo que realmente necesitas es que pase rápidamente el tiempo para llegar a ser tan mayor como tú te crees.

 

Los jefes y los adolescentes no saben diferenciar el tiempo del espacio, pero en realidad todos en alguna ocasión los hemos confundido a propósito. Cuando se trata de romper una relación de pareja asfixiante, pedimos tiempo cuando en realidad lo que queremos es recuperar nuestro propio espacio, y todo el mundo acepta que pedir “tiempo para pensar” es en realidad un eufemismo para poner tierra de por medio.

 

Cómo creer en el Destino

Me gusta creer en el destino porque te libera de tu responsabilidad. Si crees en el Destino, no tienes que preocuparte de por qué suceden las cosas como y cuando suceden, sólo tienes que aceptarlas como un hecho inamovible sobre el que no interviene tu voluntad ni tu capacidad de decisión.

Yo creo a veces en el destino cuando me encuentro señales a las que quiero dar significado, cuando me quitan una palabra de la boca, cuando miro justo en esa dirección y veo algo que me sobrecoge, cuando coincido a la misma hora y en el mismo lugar con alguien que estaba lejos y tenía que estar cerca... De repente se hace la luz.

Pero por qué estaba ella hoy allí en ese preciso momento. No era su horario de trabajo habitual, ni su puesto. Una enfermera del centro de salud El Naranjo de Fuenlabrada hoy ha cambiado su turno. Quizá porque quería salir pronto de viaje, quizá porque hoy es el cumpleaños de su hijo y quería tener la tarde libre para prepararle una fiesta, quizá sólo le quiso hacer un favor a una compañera que pidió la mañana libre.

El caso es que ella hoy trabajaba de mañana y a mediodía se le ocurrió bajar un momento a recepción, justo en el preciso instante en que entraba por la puerta un hombre de unos cuarenta años que cruzó rápidamente el vestíbulo sacando un hacha y sin mediar palabra, la atacó, a ella y a otras dos inocentes -pero quién no lo es en barbaries como ésta-, dos auxiliares que estaban en su puesto, detrás del mostrador. La emprendió a hachazos y se marchó. El resto es crónica de sucesos que abre informativos y portadas de periódicos, pero quién ha escrito en las estrellas una página tan cruel.



Variaciones sobre San Valentín V

Variaciones sobre San Valentín V

Variaciones sobre San Valentín III

Variaciones sobre San Valentín III

Variaciones sobre San Valentín IV

Variaciones sobre San Valentín IV

Variaciones sobre San Valentín II

Variaciones sobre San Valentín II

Variaciones sobre San Valentín

Variaciones sobre San Valentín

La fórmula mágica

Me dijo que era el mejor y yo pensé bah, no será para tanto. Me dijo ¡ah! pero es que éste no es como los demás, no, es que no sabes de lo que estás hablando, esto es un mundo aparte y yo dudé, no me lo creí, supuse que era una exagerada.

Pero tenía razón caramba, se huele a leguas la diferencia y eso que yo no soy una exquisita. No hay color, sin discusiones. El problema es que desde que sé de su existencia no alcanzo a comprender cómo me pudieron gustar otros, cuando pruebo otros echo de menos a éste y sobre todo me torturo preguntándome: ya que se ha demostrado que la perfección existe, que alguien tiene la fórmula mágica, ¿por qué no son todos así?

Amarrado a la pata de la mesa

Llego tarde, muy tarde, quizá demasiado tarde; desoigo las advertencias antes de entrar; subo de dos en dos las escaleras y al llegar me encuentro con un vestido de flores tirado en el suelo, unos cuantos vasos de plástico sucios apilados en un rincón, una pelota dentro de una caja de cartón entreabierta, un cinturón bien apretado, una cuerda gruesa, una cerilla apagada y dos charcos enormes en el suelo.


Podría ser la escena de un misterio por resolver, pero era la segunda planta del Centro de Arte contemporáneo Dos de Mayo de Móstoles, la exposición del artista cubano Wilfredo Prieto “Amarrado a la pata de la mesa”. Los charcos eran de ron y Coca-Cola: la obra se llama “Cuba libre”. El vestido de flores es la pieza titulada “Jardín”.

Los vasos de plástico como residuos de una fiesta son la “Escala de Valores”, la cuerda amarra la pata de una mesa que minutos después sobrevolaría el cielo de Móstoles prendida de un helicóptero en vuelo estático, “La pelota redonda viene en una caja cuadrada” y la cerilla apagada en realidad es una “Estrella muerta”.


Encontrarse con una piedra, un excremento o un charco cuando vas caminando por la calle es una molestia. Pero, ¡ah! encontrarse con esos mismos objetos, en ese orden dispuestos, en el suelo de un museo, es contemplar una obra de arte, en este caso titulada “Obstáculo”.


“Hemos talado todo un bosque para construir una cerilla”, me dice el artista resumiendo su vocación conceptual. Su vocación de que el arte reflexione sobre la realidad cotidiana, con el "mínimo esfuerzo" por su parte, con las mínimas interferencias, la mínima manipulación, con la vocación de rescatar del entorno objetos cotidianos y sacarlos de contexto para que así, al exponernos en un museo, adquieran otro significado, otra lectura, dotarlos de valor artístico.

 

Me convence su argumento, me seduce la invitación a ir por la vida con los ojos más abiertos, pero quién decide en este mundo qué es arte. Y también, de quién es el mérito: ¿del que se arriesga a tirar en el suelo de un museo un vestido floreado o de quien ve un jardín con flores en él?





Ojalá tenga razón

Hoy he querido poner todo mi empeño en contradecir a un señor que no conozco, al mismo tiempo que deseo con todas mis fuerzas poder darle la razón.

El señor en cuestión vive a cientos de kilómetros de distancia, es profesor de la Universidad de Cardiff, en Gales, y ha estado ocupando últimamente su tiempo en elaborar una fórmula matemática que predice cuál es el peor día para el estado de ánimo, así, en general.

Obviamente, la fórmula no puede tener en cuenta variables intangibles y excesivamente personalizadas como por ejemplo si acabas de: enamorarte / sufrir un cólico / ascender en tu trabajo / discutir con tu mejor amigo / ganar la lotería / quedarte en paro / embarazada / soltera o etcétera.

Pero para todos los demás, a los que no nos ha pasado nada de eso ayer ni antes de ayer, la fórmula debería servir; según los cálculos de este profesor que desde luego sabe cómo llamar la atención del común de los mortales y ocupar páginas de periódicos y minutos en los informativos audiovisuales, el peor día para el estado de ánimo es HOY.

Claro que la fórmula es enrevesada, afirma nada menos que: 1/8C+(D-d) 3/8xTI MxNA y, aunque no sé de dónde se ha sacado las cifras, por lo visto las letras corresponden a aspectos tan variopintos como las condiciones climatológicas, el salario, las deudas, los propósitos no cumplidos de Año Nuevo, las ilusiones y perspectivas para cambiar de vida y hasta el tiempo transcurrido desde nuestro último día de vacaciones. Para que luego digan que las matemáticas no sirven para explicar los sentimientos, para que luego digan que la Universidad vive en ocasiones de espaldas a la realidad.

Es complicado de creer, sí, pero ojalá sea cierto. Ya os digo que en cuanto he visto la noticia esta mañana no me he dejado llevar por el desánimo y me he empeñado en contradecirle, para mí hoy no iba a ser un mal día y no lo ha sido, pero por eso mismo quiero creerle y confiar en que lo peor del 2011, ahora que ya sólo le quedan unas pocas horas a este 24 de enero, ya ha pasado, que todo lo demás será coser y cantar, sembrar y recolectar buenos momentos, difundir sonrisas y buenas noticias a diestro y siniestro.

Es lo que tiene Vallecas

Es lo que tiene Vallecas

Ayer un huevo frito se dio la vuelta solo dentro de la sartén y hoy me despierta un pasodoble. A veces te rodean las cosas extraordinarias y sólo hay que tener ojos para ver.

Sonríe si quieres que te sonrían

A menudo basta con pedir un beso para que te lo den. Es mucho más rápido y menos frustrante que quedarte esperándolo. Sonríe si quieres recibir sonrisas, las estadísticas dicen que el 85 por ciento de las sonrisas se devuelven, aunque sea por la calle a desconocidos. Deja de quejarte del frío, mejor ponte a cubierto o busca una chaqueta más gruesa. Las cosas son más sencillas de lo que nos imaginamos, nuestra cabeza siempre lo complica todo.

Yo pensaba que la cámara de mi nuevo móvil no era tan buena como me la habían pintado porque las fotos salían un poco borrosas, y ya estaba yo relamiéndome, contenta de tener pruebas para criticar a gusto las supuestas ventajas de la alta tecnología multifunción, cuando de repente he descubierto la raíz del problema, que no estaba en ninguno de los botones que he andado toqueteando: no le había quitado al objetivo la pegatina de plástico.

Estos novios de usar y tirar

Siempre queremos lo que no tenemos, siempre queremos otra cosa. A mí que tengo el pelo liso, me encanta que se me rice cuando viajo a una ciudad de clima húmedo.

Tenemos un móvil que funciona bien pero queremos uno más moderno que tenga más funciones aunque no vayamos a utilizar ni la mitad de ellas. Se nos estropea el DVD y ni siquiera nos molestamos en ver si se ha cumplido la garantía para llevarlo a reparar, nos compramos uno nuevo y mejor, aprovechamos que ya teníamos ganas de cambiarlo.

Es esta sociedad de consumo que nos empuja a tener cada vez más coas, cada vez más nuevas. También porque ahora las cosas no se hacen para que duren, es más barato comprarlas nuevas que repararlas, y sobre todo es más rentable para el mercado crear cada poco tiempo una necesidad nueva, inventar una moda nueva que haga inservible la anterior.

Todos, en mayor o menor medida, aunque queramos escaparnos, nos dejamos llevar por esta sociedad de consumo, por el ansia de lo nuevo, por la costumbre o la moda del usar y tirar: algo mejor vendrá o ya ha venido y yo aún no lo tengo.

A la vista de lo que sucede a mi alrededor, parece que eso mismo pasa con las relaciones. Ya no nos esforzamos por mantenerlas, por cuidarlas, por arreglarlas cuando se estropean, cuando surge un problema entre los dos. Esto falla, ya no me sirve, algo mejor vendrá.

Como si una pareja lo fuera solo para los buenos momentos, cuando precisamente si tienes una pareja es porque has decidido compartir con ella tu vida, que no será siempre de color de rosa. Y es en esos momentos cuando la pareja tiene que ayudarte a ver la vida de otro modo, con su apoyo explícito o con su silencio, acompañándote y no huyendo ante la primera dificultad, construyendo juntos o reconstruyendo la vida en rosa a nuestro alrededor.

Feliz Año Nuevo

Éste va a ser un buen año. Estoy segura, no hay ninguna razón para pensar lo contrario. ¡Incluso me comí las uvas a tiempo! Me tomé cada una de ellas pensando un deseo distinto y me las tragué a tiempo de poder decir tras la última campanada ¡Feliz 2011! sin escupir, así que se me van a cumplir todos.

Después continuaron las buenas señales en una fiesta de Nochevieja en la que aprendí a hablar un poquito en esperanto y descubrí que el tío bueno del instituto se ha convertido en un señor calvo y con barriga, lo cual no es más que una buena señal de que yo al menos no he empeorado tanto con los años.

Comienzo bien el año: con buena energía, buenos propósitos, sin expectativas que puedan truncarse y sin pasado. De eso se ha encargado mi novio Orange, que como es tan posesivo y celoso, quiere que sólo tenga ojos para él y me ha regalado un móvil en el que tengo todo lo que puedo desear al alcance de la mano (demasiada tecnología para mí) y ni rastro del centenar de mensajes que guardaba en el móvil antiguo (palabras de amistad o de amor que ya no sirven porque son de otros y Orange me quiere sólo para él).

Ni rastro tampoco de los lugares que visité con el otro móvil: ha sepultado las imágenes del Zurich que recorrí una tarde de lluvia, las fotografías del perro que una vez tuve, las mejores instantáneas de mi sobrina, y sobre todo, ese escándalo de fotos censurables tomadas de madrugada en un pueblo de la sierra en pleno verano...

Todo mi pasado ha querido borrar mi novio Orange, ya os digo que empiezo el año con un teléfono hipersofisticado y totalmente impersonal, demasiado que me ha dejado copiar la agenda de teléfonos. Pero todas estas precauciones por mantenerme alejada de las tentaciones y que sólo tenga ojos para él no han sido suficientes: creo que no se ha dado cuenta de que el nuevo móvil incorpora un Antonio y ya sabemos lo bien que me llevo yo con los Antonios...

 



Tampoco te pregunté si tenías decencia

Hay que ver cómo está el patio. (La historia que voy a relatar a continuación está estricta y textualmente basada en hechos reales)

Él y ella viven un fugaz pero apasionado romance y mantienen viva la llama a pesar de la distancia durante semanas con largas llamadas telefónicas y correos electrónicos a diario. Él le dice que la quiere. Ella también lo quiere a él. Planean con ilusión un segundo encuentro. A punto de comprar los billetes de avión, él considera que es el momento oportuno para informarle de que tiene novia.

Ante la evidente sorpresa-estupor-indignación-enfado monumental de ella, la respuesta de él es simplemente demoledora:

- ¡Es que no me preguntaste si tenía novia!

Menos vueltas, Caperucita

Hoy estoy muy contenta porque he comprobado que el teléfono no da calambre, a pesar de que a veces pienso que emito unas radiaciones extrañas porque en ocasiones lo miro y se queda instantáneamente la pantalla en blanco... pero eso creo que no es más que un guiño de ojos de mi novio Orange.

Llevo, sin exagerar, más de un año queriendo llamar a una persona, sin encontrar nunca el momento adecuado para marcar su número de teléfono. Todo este tiempo con estúpidos e inútiles remordimientos: en cuanto llegue a casa le llamo, mejor después de comer, de mañana no pasa, a ver si con más calma este fin de semana, etcétera.

Hoy me he dicho “basta” y he pensado una frase ingeniosa para disculpar mi prolongada ausencia, pero no ha hecho falta; al otro lado del teléfono estaba la misma persona que hace años veía a diario, del mismo humor, hablando con los mismos chascarrillos, como si el tiempo no hubiera pasado.

De hecho, todo lo que ha pasado en este tiempo (cómo te ganas la vida, por dónde andas, con quién y cómo) nos lo hemos resumido en cuatro frases formato pregunta-respuesta “¡anda, no me digas!”, pregunta-respuesta “¡pues sí, tienes toda la razón!”, pregunta-respuesta “ya te lo decía yo”, pregunta-respuesta “en lo mismo ando yo” y mira qué bien.

Menos pensar y más actuar, es la moraleja que debo extraer de esta historia. Yo siempre estaré con  Serrat:

Prefiero querer a poder, palpar a pisar, ganar a perder, besar a reñir, bailar a desfilar y disfrutar a medir. Prefiero volar a correr, hacer a pensar, amar a querer, tomar a pedir.

Antes que nada soy partidario de vivir.



Me voy con mi unicornio azul

Escribir a diario en este blog era mi propósito para este 2010 que ya se acaba sin ser redondo, pero sí ha sido un año de sumas y de descubrimientos. Ahora que he conseguido estar tres días totalmente desconectada del ordenador y sin echarlo de menos, embargada por el espíritu navideño, regreso para anunciar que me voy con mi unicornio azul a otra parte, que tengo otros proyectos para 2011 que requieren que mi unicornio azul explore otros territorios. Le habéis alimentado muy bien en todo ese año, y como está agradecido, dejará, eso sí, un rastro de flores de vez en cuando por aquí, por este lugar en el que ha nacido y que le ha dado tanto.