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Alguien que anda por aquí

De Príncipes y Princesas

Cómo tratar a las princesas

Tras una tarde de café entre chicas, en nombre de mis amigas quiero mandar un mensaje claro y rotundo a los chicos: Si sois unos capullos, comportaos como tales. No nos tratéis como princesas para luego no volver a llamarnos, porque nos encariñamos y nos hacemos ilusiones, no lo podemos evitar. No nos importa que seáis unos capullos, pero no nos gustan los disfraces, nos gusta saber a qué atenernos.

Claro que entre nosotras también hay muchas lagartas despreciables que encima nos crean fama a las demás, pero el verdadero problema (para nosotras) no es que haya lagartas, sino que las lagartas siempre se quedan con los buenazos. Parece que a los buenazos les gusta que les traten mal, necesitan a una castigadora para tener el aliciente de seguir detrás de ella, lo deben ver como un reto divertido.

Admito que todo esto no son más que reflexiones superfluas y prejuiciosas, pero me quedé de piedra cuando, después de hablar de todo esto entre risas, nos ponemos a ver la película Orgullo y Prejuicio y me doy cuenta de que ya en el siglo XVIII el cortejo funcionaba igual, que el bueno de la película se pasa toda la cinta persiguiendo a una castigadora (aunque tenga buenas razones). Para bien o para mal, en el fondo del asunto, no hemos evolucionado nada.

El amor y la literatura

En algunas estaciones de trenes de cercanías de Madrid hay unas máquinas que venden libros envueltos en papel de plástico, como los sándwiches. Toda idea para acercar la literatura a todos los públicos y fomentar el placer de la lectura me parece loable por principios, pero el material que ofrecen al alcance de todos los públicos deja un poco que desear. Aquí va una muestra de los títulos que he ido apuntando en diferentes viajes:

 

  • Las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes

  • Las 211 cosas que una chica lista debe saber: Consejos para el día a día. Éste debo confesar que lo hojeé días más tarde en una librería, porque me gustaría llegar a ser considerada una “chica lista” y los capítulos del libro no tienen desperdicio:

      • Cómo saber si un hombre te encuentra atractiva

      • Cómo hacer que parezca tuya una comida preparada

      • Cómo bailar con un hombre más bajo que tú

      • Cómo hacer café para un albañil

      • Cómo bajarte de un coche sin enseñar las bragas. (¡Pero el primer consejo que te dan en este capítulo es que deberías llevar ropa interior bonita siempre por si no funciona!)

  • Cupido es un pájaro borracho

  • Amores imperfectos: Cómo querer a los hombres tal y como son (que es como decir... ¡animalitos!)

  • Las cosas absolutamente predecibles que hacen los hombres infieles (¡todo en un libro por 8 euros!)

  • Mi novia: Manual de Instrucciones. Pero este libro ya está condenado al fracaso, porque en el subtítulo añadía: Cómo recuperar a tu ex novia o cómo recuperarte de ella.

  • Sexo para gente con poco tiempo y muchas ganas. Y por si no te has enterado de lo que va el libro, el subtítulo despeja dudas: El aquí te pillo aquí te mato de manera eficaz

  • La perfecta cabrona y los hombres

  • Yo te manipulo ¿y tú qué haces?

  • Cómo follar con todas

 

Lo peor es que la máquina tenía escrito un mensaje junto a la bandeja en la que se recogen los libros: “GRACIAS POR DEJARNOS ALIMENTAR TU MENTE”. Éso explica lo mal que está el mercado. Me espanta que éstas sean las ideas de las que se alimenta la mente de las personas con las que me cruzo por la calle, porque yo no creo en ese tipo de relaciones, yo no creo en ese tipo de amor.

Yo creo más bien en la filosofía que queda manifiesta en la frase que escuché en una película, en la que la protagonista había sufrido un desengaño y su amigo estaba consolándola, diciéndole que no merecía la pena sufrir porque no iba a ser feliz con un hombre que no veía en ella a una persona excepcional: “¿Cómo vas a ser feliz con un hombre que insiste en tratarte como si fueras un ser humano normal?”, de decía el amigo a la chica. Ése es el amor en el que yo creo.

Creo también en el amor que se tienen dos amigos míos, que llevan casados unos años y están esperando su segundo hijo. Creo en su amor sobre todo cuando ella le exige a él que la trate como a una reina, y él lo hace porque sabe que ella le trata a él como si fuera un rey.

“Mientras busco a mi media naranja voy comiendo mandarinas”

“Mientras busco a mi media naranja voy comiendo mandarinas”

Juro que no me pagan comisión, ha sido una casualidad que hoy me haya enterado de que se ha creado un grupo en Facebook de los que van comiendo mandarinas mientras buscan a su media naranja. El grupo no es nada desdeñable: hay más de 200.000 personas que se reconocen mandarinas a lo largo y ancho del mundo. Y me ha hecho gracia, quién no ha sido mandarina alguna vez, y no sólo para entretener la búsqueda de la media naranja, sino porque a veces es una sola mandarina lo que quieres.

Yo creo en los efectos beneficiosos que tienen las mandarinas, del mismo modo que creo en los efectos nocivos que puede provocar la búsqueda de la media naranja. Porque yo no creo en las medias naranjas y mucho menos en la existencia de una única media naranja que nos completa. Yo creo en las naranjas enteras, creo que todos somos (deberíamos ser) naranjas completas.

Si no estoy de acuerdo con la búsqueda de una media naranja es porque me parece que eso implicaría renunciar a la mitad de mí misma, no percibirme como una persona completa si no es en compañía de la otra persona. No quiero decir que nunca lo haya pensado, ni que nunca haya creído que la he encontrado, por supuesto que sí. Pero estoy racionalmente en contra de las medias naranjas, porque me parece que es lo mismo que darles la razón a todos los que, si dices que no tienes pareja:

a) te miran con pena

b) creen que eres homosexual y no te atreves a reconocerlo

c) piensan que has fracasado en la vida

Por eso me parece dañino creer que sólo estaremos completos, que sólo seremos felices, con esa otra media naranja, porque cuando confiamos en su aparición de entre la multitud, estamos depositando nuestra felicidad en esa otra mitad que está fuera de nosotros.

Yo creo en el amor que ilumina, que todo lo inunda, en el amor que te desborda, en un amor que añade para sumar, no en un amor que sirva para rellenar huecos. No creo que tenga que venir nadie de fuera a darte las cosas que te faltan, es un error buscar la felicidad en los otros, hacer que nuestra felicidad dependa de otros, porque además si no estás feliz contigo misma probablemente tampoco eres capaz de la entrega y la generosidad que precisa el amor.

 

En lo que yo creo es en las naranjas completas que ruedan a la par. En la pareja de naranjas distintas que en medio del camino, afortunadamente, se buscan, se encuentran y deciden avanzar juntas acompasando su paso, porque siempre es mejor la vida compartida.

 

Confidencias de tocador

Voy a dejarlo escrito de una vez por todas para que los chicos del mundo dejen de bromear y fantasear con un asunto tan serio: Es rotundamente cierto que las chicas no somos capaces de ir al baño de una discoteca si no es al menos de dos en dos. Tenemos múltiples motivos para ello que paso a detallar a continuación:

Primero (la razón que nos atrevemos a confesaros cada vez que nos preguntáis) porque siempre hay una cola espantosa de chicas esperando para entrar en el baño y necesitamos entretenimiento.

Segundo (también os daremos esta razón si no os convence la anterior respuesta) por motivos puramente prácticos: a priori, necesitamos a alguien de confianza al lado para que nos sujete el bolso y la copa, para que nos preste kleenex o para que haga guardia en la puerta si no cierra, y a posteriori, para que nos diga qué tal nos queda el vestido, nos arregle el maquillaje, nos preste el pintalabios, etcétera.

Tercero (lo que nunca nos atreveremos a confesar en voz alta) porque de camino al baño aprovechamos para observar cómo está el mercado para hacer fichajes y es conveniente a altas horas de la noche tener una segunda e incluso tercera opinión.

Ahora viene la razón más importante, que voy a soltar a bocajarro aún a riesgo de ganarme enemigas: la mayoría de las veces es mentira que nos entren ganas de ir al baño a la vez. Es sólo una excusa para cotillear sin tanto ruido y sin chicos cerca. O una huida para dar esquinazo al ligón de turno. O un complot de todas las que se han ido al baño para dejar a solas a la amiga con el chico que le gusta, al que lleva un rato (o meses) rondando esperando a que se tercie la Ocasión, con mayúsculas. Claro que si finalmente se conjugan favorablemente los astros y la Ocasión se tercia, será necesaria una segunda expedición al baño con la susodicha para que se desahogue ella y nuestra curiosidad, que un sábado por la noche no tiene límites.

Dichas todas estas verdades, ha llegado el momento de reconocer también públicamente que se han dado casos de especímenes del universo femenino que han sido capaces de ir solas al baño de una discoteca, pero en la mayoría de los casos de estudio se ha observado una tendencia a entablar relaciones interpersonales en el propio baño, fuera del ámbito de amistades con el que comenzó la noche. Está demostrada la capacidad de las féminas para entablar relaciones de amistad lejos de la manada. Prueba de ello son las miradas y sonrisas cómplices de las que esperan, las conversaciones banales que se mantienen en los instantes previos a alcanzar la puerta de nuestros deseos y la generosidad con la que responden a las que se atreven a pedir a una desconocida un pañuelo de papel, entre otros gestos observados destacables.

Pero siempre hay mujeres que se salen de la norma, seres excepcionales que han sido capaces de llegar más allá. Ayer sábado, sin ir más lejos, fui testigo presencial de un prodigioso enaltecimiento de la amistad. Desde sus orígenes hasta sus más altas cumbres, observé que es posible pasar de 0 a 100 en el tiempo que tardan tres chicas en entrar en el baño.

El surgimiento y desarrollo de una amistad a veces experimenta procesos insospechados. Comprobé que mi objeto de estudio fue capaz realizar una transición de pensamiento a una velocidad inaudita, pasando de pensar “esa chica que está detrás de la puerta es una completa desconocida, su cara no me suena absolutamente de nada y creo que ni siquiera mañana seré capaz de recordarla” hasta llegar a decir “tía, pero qué maja eres, te quiero un montón, me has salvado la vida, ven que te doy un abrazo”.

La abrazada en cuestión era una chica que mientras estaba detrás de la puerta del baño porque ya le había llegado su turno, escuchó los lamentos de la que posteriormente sería su abrazadora y, en un arranque de solidaridad femenina con pocos precedentes, se dispuso a obligarla a dejar de llorar, ofreciéndose a presentarle a siete chicos que estaban pululando junto a su grupo de amigas, porque seguro que alguno de los siete conseguía que ella se olvidara del que le provocó las lágrimas. La efectividad de la vieja técnica del clavo que quita a otro clavo quedó fuera del objeto de este estudio.

De qué estará hecho el amor

En el cuento infantil Enamorados, de Rebeca Dautremer, la protagonista intenta averiguar qué es estar enamorada, pero sus amigos tampoco saben “qué es esa cosa morada”. Sé reconocer el amor y diferenciarlo de otros sentimientos, pero no alcanzo a entender por qué no sientes esa cosa morada por alguien a quien te unen muchas afinidades y en cambio no puedes evitar sentirlo por quien tienes mil motivos para alejarte. El corazón tiene razones que la razón no entiende, que dicen. Razones de las que no se pueden negociar.

 

Yo lo reconozco, me enamoro de todas las personas a las que admiro. No puedo evitarlo, dure la admiración cuatro meses o el tiempo que tarda en acabarse una canción. La cosa es cómo conseguir que se prorrogue en el tiempo y que se mantenga intacto tras el choque con la cotidianeidad, pero ahí volvemos a lo mismo, a las razones que no entiende la cabeza, ésas que hacen posible que un mal gesto fortalezca el sentimiento y te reafirme en el amor en lugar de comenzar a desmoronarlo. Pero estoy con Sabina, cometemos un error si aspiramos a encontrar la relación perfecta: “que no te vendan amor sin espinas”.

El camino más corto entre dos puntos es la línea recta

Me cuentan que en una discoteca, un grupo de chicos se acercó a uno de chicas para preguntar: "¿alguna de vosotras quiere rollo con alguno de nosotros?". Me siento muy poco joven escribiendo esto, pero de verdad me he quedado impactada, por lo visto es algo habitual. Yo me quedé en cuando un chico se te acercaba sin mediar palabra para preguntarte "¿quieres rollo?". Ya me parecía una vulgaridad, pero al menos ese "interés" era personalizado. Y no es que esté en contra de los líos de una noche, qué va, es sólo que creo que se puede hacer con un poco más de... elegancia quizá.

Pero tampoco me gustan los que marean la perdiz, los que van de intensos y se creen que tienen más probabilidades de éxito disfrazándolo de lo que no es, ésos que se te acercan diciendo que se han enamorado al verte pasar, ¿por quién te toman? y ¿qué se creen que es el amor? o ¿por qué necesitan invocar al amor para decirte sencillamente lo que pasa: que te ha visto y le has gustado? A cada cosa por su nombre, sin perder de vista que lo que tienes delante es una persona, con la que te apetece pasar un rato, sin más.