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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Cotidiano.

Altura de miras

Se ve el mundo     de otra manera

desde unos zapatos de tacón.

Se camina distinto

Pisas con más fuerza

Hacen más ruido tus pasos

La espalda está más recta

Sitúas más lejos el horizonte

Es otro modo de avanzar.

 

Si ves distinto, actúas distinto

 

Tengo 35 años y mis primeros zapatos de tacón

Ni a las bodas he llevado antes algo tan alto

Pero ahora sí

Ahora por qué no

Ahora y qué que ya mida 1,80 descalza

Ahora miro y veo más allá.

12/12/2016 23:21 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Me falta, no me falta

Estuve meses olvidándome de que se había muerto mi madre. Se me olvidaba de verdad. Volvía a menudo a casa pensando: Ahora llamo a mi madre para contarle esto; y al minuto: Ah, pero si no está.

 

Hoy le llevo flores a un rectángulo de mármol en el cementerio, pero ahí sí que sé que no está. Esa lápida no es mi madre, tampoco es la que dejé en el hospital.

 

Mi madre es la que iba a despertarme susurrando mi nombre cuatro veces seguidas, pero le daba pena arrancarme del sueño y me dejaba dormir siempre un ratito más.

 

Mi madre es la que nos ha dejado la manía de contar todo siempre desde el principio: después de un viaje, quería saber qué había pasado a partir del momento en que cogimos la maleta y salimos del portal. Una agotadora exigencia de detalles que ahora nos pedimos entre risas.

 

Mi madre es la que me dejaba llegar tarde de adolescente a casa siempre que volviera acompañada. La que se fiaba de mi criterio respondiendo sinceramente: “hija, tú verás”. La que nos ha cosido tantos vestidos y disfraces, la que nos engañaba rebozando las sardinas de dos en dos (cómete solo una, que para estudiar te viene bien el fósforo). La que me quitaba los miedos de pequeña diciendo alegremente “¡que no pasa nada!”. La que se asustaba al pie de nuestra cama cuando la fiebre nos hacía delirar. La que nos escondía por la casa huevos de chocolate cada Domingo de Resurrección, y no valía comerte el que no llevaba tu nombre. La que se moría de risa cada 28 de Diciembre preparando inocentadas, ¡y vaya compromisos en los que metíamos a amigos y familiares!

 

Seguimos haciendo todo eso que ella hacía, así que en esa lápida no está.

 

Mi madre está en los visillos de mi casa, que hice yo sola arrepintiéndome en cada puntada por no haberle pedido nunca que me enseñara a coser. Está cuando guardo algo y veo que, como decía ella, bien ordenado todo cabe. Está en mi cocina cuando le echo un vaso de agua a las lentejas mientras se están cociendo porque “a las lentejas hay que asustarlas”. Está en todas las cosas verdes, porque ese era su color favorito; en el Gospel, en los Sudokus y en el programa de la tele “Saber y Ganar”. En el café cuando me echo tres cucharadas de azúcar, como ella, y en los guisos que quedan sosos porque ya somos ella y yo “muy salás”.

 

Mi madre está cada vez que me preocupo por mis hermanos y por mi padre, cada vez que nos reunimos. Es ella la culpable de que la familia esté unida; la tía amenazaba con volver después de muerta si algún día nos peleábamos: ¡mira que vuelvo y me lío a mover lámparas, a descolocar cuadros y a dar portazos, ¿eh? Que vuelvo!, decía.

 

Gracias a ella no va a hacer falta que vuelva, aunque a veces haga tanta falta.

01/11/2015 02:02 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Así es como se conceden los deseos

A veces es cuestión solo de pedir las cosas en voz alta. No siempre vas a ser escuchado, pero la probabilidad es más alta que quedarte esperando a que el otro proponga / intuya / sienta / adivine lo mismo que tú estás pensando.

Así es como se conceden los deseos: primero hay que manifestarlos. Si no te atreves a decir lo que quieres, el Universo (o el otro) no va a estar jugando a las adivinanzas. Pide con todo lujo de detalles. Hay cosas que son imposibles. Pero hay muchas más que no intentamos.

Si quieres un beso, pídelo o dalo. Ponte en marcha si quieres un cambio. Desenreda ese malentendido nombrándolo. Creemos que están fuera los límites que nosotros mismos nos marcamos, que es culpa de la lluvia nuestro estado de ánimo. Pero anda que no hay días tristes soleados y días felices chapoteando.

Así conseguí yo ayer sacudirme ese día raro y haber tenido hoy un día luminoso aunque el cielo estuviera igual de encapotado. Como decía Cortázar en 'Las babas del diablo': Lo mejor es dejarse de pudores y contar, porque al fin y al cabo nadie se avergüenza de respirar o de ponerse los zapatos; son cosas que se hacen, y cuando pasa algo raro, cuando dentro del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio roto, entonces hay que contar lo que pasa... Siempre contarlo, siempre quitarse esa cosquilla molesta del estómago.

 

28/10/2015 03:09 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Tiene que hacerse de noche para ver las estrellas

Hoy no me ha pasado nada catastrófico

es solo que el día ha estado como mi ánimo

turbio gris y encapotado

desde buena mañana amenazando lluvia

pero no he llegado a meter los pies

en ningún charco

 

No es que haya discutido con nadie

No he tenido un mal día en el trabajo

Han tocado a mi puerta recuerdos tristes

pero no han venido montando escándalo

 

Este lunes pasará inadvertido

entre muchos más

negros y blancos

Pero no me ha gustado nada este día,

que me den otro,

quiero quitármelo

aunque tenga que esperar a mañana

para disfrutarlo.

27/10/2015 02:42 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

La vida se ve de otra manera

No es lo mismo que lo leas o que te lo cuenten. Cuando vives a contracorriente, en realidad no te enteras ni de lo que pasa en tu misma ciudad. Pierdes la noción. Cambias la perspectiva del tablero y parece que las fichas se han colocado en otra posición.


He sido muy afortunada al vivir tres años en el otro lado del reloj. Hoy ha sido el primer lunes en tres años en que he madrugado para ir a trabajar. Un turno de fin de semana te sitúa en la perspectiva del salvaje: de lunes a jueves, sin demasiadas obligaciones, he dormido cuando tenía sueño, comido cuando tenía hambre. He ido a destiempo también de la vida social, pero encontrábamos nuestros rincones.


Pero hoy ha sonado a las ocho de la mañana el despertador. Ninguna barbaridad, lo sé, me he levantado muchas veces mucho antes, pero hoy toda la ciudad ha amanecido y atardecido distinta. Con un viento hostil de otoño y prisas. Qué insoportables atascos hay en Madrid. Qué colas en el supermercado a la hora a la que todo el mundo va a la compra. Cuánta gente en el gimnasio y entorpeciendo las calles. Parece que vivo en otro barrio ahora que voy al ritmo normal de la ciudad. Hay mucha más vida, y es un poco más refunfuñona que la que me solía encontrar en mis horarios de salvaje.

 

Por supuesto que yo ya sabía que esto era así. También he sufrido la ciudad en horas peores, tuve una época en la que entraba a las seis y media de la mañana a trabajar, pero se me olvida. Aunque no he dejado en estos tres años de sentirme una privilegiada, cuesta recordar. Es tan fácil acostumbrarse a lo bueno, que no me extraña que los políticos estén como están. En su parra. Y desde ahí no se puede gobernar.

 

Si yo, que no he dejado de ser una curranta, he podido acomodarme a ciertos privilegios como ir a la piscina sin compartir la calle con otros nadadores, ¿qué se puede esperar de alguien que no sabe lo que se tarda en llegar a los sitios en autobús? Los números que apuntan en el programa electoral los asesores no permiten hacerse una idea sensorial.

 

Y eso sin irnos a dramas mayores, al cuantificar la cifra de parados por ejemplo, o al hablar de un porcentaje en el recorte de salarios o servicios sociales se hacen invisibles los rostros que hay detrás. Puedes prometer en tu programa construir infraestructuras, pero nunca sabrás lo realmente necesarias que son si no has pasado nunca una hora en un polideportivo público o toda la tarde en la sala de espera de un hospital. La vida se ve de otra manera desde el coche oficial. 

15/09/2015 01:19 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Una piedra en el camino...

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Llevo años recogiendo piedras allá por donde voy. Por raras, por bonitas, por diferentes, por llevarme en el bolsillo el recuerdo táctil del lugar. A veces solo me gustaron desde arriba, y al agacharme a cogerlas ya no, perdían su esplendor, pero igual las sostenía unos minutos entre las manos, su tacto inmóvil siempre me despierta alguna sensación.


Hay piedras de todas las playas en las que me he bañado, que guardan todo el sol que he tomadoAlgunas son simples ladrillos, otras de algo artificial. Hay una que cogí del baño de una tetería donde alguien me acababa de demostrar su amor. Algunas ni siquiera son piedras: una piña, cáscaras de mejillones, conchas, caracolas, un fruto seco con tacto de cuero que en Argentina llaman “oreja de negro” y tiene una triste leyenda detrás. Me la contó un Negro alegre con los pies de alas que veía sirenas fuera del mar.


Hay piedras volcánicas como si fueran un paisaje lunar... y quizá estuve en la luna mientras las guardaba. Hay unas nacaradas que recogí de una agridulce isla griega que trajo dulces consecuencias. Hay una que parece un caramelo a medio masticar. Hay una de un rosa inverosímil, hay otra redonda como cáscara de nuez.

 

Hay una ligera y hueca como la corteza de un árbol, otra porosa como si tuviera burbujas que acaban de explotar. Una parece marcar un camino a seguir con tiza, una puntiaguda que presume de aristas con actitud hostil, otra está como dando vueltas sobre sí misma, hay una anaranjada y gris como si la acabaran de pintar.

 

Sacadas de contexto no parecen sino una-piedra-más. O una menos en el camino. Tanto tiempo después no soy capaz de recordar el origen de cada una de ellas, pero todas traen aire de salitre, de bosque, de camino, de asfalto de ciudad. Los pies que las pisaron antes de los míos, las manos que las toquetearon un rato para volverlas a tirar. Seguro que alguna ha hecho daño a alguien, queriendo o sin querer.

 

Las rescato ahora de la caja en la que he ido acumulándolas todos estos años para que presidan la mesa de mi salón dentro de una pecera de cristal y me asaltan, confusos, todos los recuerdos a la vez. Estáticos, inmóviles, paralizantes, poderosos y fuertes como solo una piedra podría ser. Las que no transmiten recuerdos inspiran quietud, serenidad, orden, silencio.

30/07/2015 02:59 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Mentía como miente una madre

Parecía una madre normal. Vestida y peinada como cualquiera de las nuestras, con sus 50 años ya bien cumplidos. Tengo que llegar hasta el hospital de La Paz, decía tranquilamente. Begoña se llama la parada, de la línea 10, me han dicho. Yo no quería que me siguiera hablando porque sabía que me estaba mintiendo.

Mentía como miente una madre; sin malicia, por necesidad. Mientras busco una moneda me digo a mí misma: no es como mi madre, mi madre no pediría en el Metro, pero seguro que los hijos de esa señora piensan igual.

16/07/2015 18:10 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Astucia y suerte

Yo le he dado una moneda y él me ha deseado suerte. Tres veces me lo ha dicho; con gravedad, con silencios, asintiendo con la cabeza me ha deseado suerte, cuando era él el que estaba pidiendo en el Metro.

Tenía mejor pinta de lejos. Mocasines y una larga barba blanca. De cerca, sus ojos tenían demasiada agua. Parecía de mentira esa mirada, de un azul inverosímil; azul plastidecor con el que coloreábamos el cielo de pequeños, pero ese azul llevaba además un rumor de agua.

De lejos, un discurso tipo: ha hablado del paro y de desahucios. Nadie en el vagón le miraba. Se ha hecho verosímil de repente: “No llevo el bastón para dar pena”, ha dicho, “sólo es una tendinitis”. Astucia o franqueza. Yo tenía una moneda y él no, qué más da para qué la pidiera.   

31/03/2015 02:43 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

'Just do it' o la suerte del galápago

Lo decían los de Nike, que no en vano es una marca deportiva con nombre de Victoria griega. Just do it. Lo digo yo ahora que me siento una sobreviviente, como lo somos todos. Y es que esto de morirse es para todo el mundo, y más vale que te pille confesado. Con la vida aprovechada.

 

Uno cree que la muerte es para cuando llegues a viejo y tal, algo que irremediablemente nos espera allá a lo lejos, pero puedes por ejemplo salir de puente y quedarte en la carretera. Ir a clases de inglés y que revienten con una piedra la cabeza.

 

Tengo una amiga que estuvo a punto de caer fulminada por un galápago. Aquí en Madrid, una mañana, en la calle Príncipe de Vergara. Está viva porque se detuvo a mirar un escaparate: en ese instante notó un estrépito a sus espaldas. Al girarse vio un galápago espachurrado en el suelo, se habría caído o lo habrían tirado desde un balcón; unos centímetros más allá y ese caparazón enorme la deja tonta o la mata.

 

Como ese hombre que falleció aplastado por la rama de un árbol. Era militar, había estado en Afganistán, pero la muerte fue a encontrarlo en El Retiro, cuando buscaba con sus hijos la sombra. Qué final terrible, qué historia lamentable. Una cree que no es bueno darle todos los caprichos a los niños, pero imaginemos que esos niños le habían pedido a su padre minutos antes un helado. Y sin suponer tanto, si se hubiera parado en cualquier otro lugar del parque, tan solo un metro más allá, podría haber llegado a ser un héroe y lo estaría contando. Increíble, oí un crujido de ramas secas, vi desplomarse ante mis ojos la rama de un árbol enfermo y centenario.

 

Yo es que no creo en la mala suerte; creo que de todo se puede aprender algo. En mi caso, no es que yo me metiera en la boca del lobo, así que del loco que me atacó con una piedra en la cabeza sin venir a cuento no puedo aprender prudencia. Es otro el mensaje que había en mi piedra.

 

Afortunadamente una va por la vida sin pensar en que puede a morir en cualquier momento, y así debe ser. Pero no es cierto. Mejor lucha por cumplir tus sueños ahora, mejor no dejes esa llamada de teléfono para más tarde. Qué típico. Ya, pero más vale que digas lo que sientes ahora que puedes decirlo. No vaya a ser que te trunque el mensaje una rama, una piedra o un galápago. Simplemente hazlo.

13/03/2015 02:25 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Miedo a lo desconocido

Una vez, de pequeña, sentí un dolor tan agudo que pensé que ese iba a ser mi último día sobre la faz de la Tierra. Esto será la muerte, me dije, este dolor insoportable. No me imaginaba a mí misma en otra postura que no fuera retorcida, me recuerdo pensando que nunca más volvería a levantarme de la cama. Yo no entendía bien lo que era morirse, eso me parecía suficiente.

 

El pensamiento duró lo que tardaron los medicamentos en hacer efecto, era un simple cólico. Ya apuntaba yo tendencia al drama. Pero no soy la única. Conocí a un africano que pensó que se iba a morir la primera vez que pisó Europa y sintió el invierno. Esa reacción de su cuerpo al frío, ese temblor que nunca antes había sentido. No sabía que se podía tiritar de esa manera estando vivo.

 

Hay que ver qué miedo nos dan las cosas que desconocemos, cómo muchas veces nos atenaza o nos hace salir corriendo. Las sensaciones nuevas en cualquier ámbito. El africano al frío, el niño a la soledad de su cuarto a oscuras, el adolescente al cambio, el Donjuan al compromiso. Miedo a la muerte, miedo a la vida.

04/03/2015 21:12 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Dejadme en paz con mi miedo

Se dice que el miedo es libre, como si fuera un animal incívico. Y así está: desbocado, correteando por los pasillos de mi cuerpo. Como un oso que asalta mis costillas, una libélula que zumba en mis pulmones, un topo que echa tierra en la mirada, un roedor que husmea en la garganta, un perro que entierra un hueso en el fondo de mi estómago, un pájaro que cierra lentamente sobre mi pecho sus grandes alas.

 

No hay que tener miedo. Te dicen: No tengas miedo. Como si fuera a someterse el animal que recorre mis rincones. Va por libre y no obedece. No atiende a razones. Mi animal no atiende a razones. Como el amor es el miedo.

 

Si se dice que el miedo es libre, ahora lo digo yo para que me dejen tenerlo, para justificar mi derecho a tenerlo. Yo ya pongo de mi parte: yo ya me sujeto el corazón dentro del pecho para que no salga corriendo. Pero estáis todos demasiado cerca; en el metro, por la calle, me miráis al pasar y cualquiera de vosotros podría llevar una piedra.

 

Ahora necesito cuando voy por la calle ocupar más espacio del que ocupo. Mirar a todos los que me cruzo y cerciorarme de que no lleven en las manos piedras.

 

Aun así me echo a las calles como si no existieran en este mundo los locos que cargan una piedra y camino con soltura. Bueno mujer, poco a poco, me dicen. No te va a volver a suceder, me dicen. Si no ha sido nada grave. Pasa cuanto antes por esa calle, me dicen, verás que no tiene nada. Ya lo sé, no he perdido la cordura. Sé que es verdad. Pero no tiene menos razón mi animal, que anda como un estúpido enamorado golpeándose con las señales que él mismo proyecta. Ya le pondrá el tiempo en su sitio. Dejadle ahora con su andar errático.

 

28/02/2015 01:25 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

Gracias a la vida

No puedo dejar de pensarlo. Es que me podría haber muerto ayer en mitad de la calle Embajadores, a las cinco de la tarde, hora torera. Habría venido el Samur, la policía, habría llegado un aviso a la prensa. Mis compañeros de la radio contando en las noticias, como yo he hecho tantas veces: “nueva muerte violenta en la región, se investigan las causas, los testigos dicen que no mediaron palabra, podría haber sido un ajuste de cuentas”.

 

Tengo licencia para decir tonterías. Me han dado una pedrada en la cabeza.

 

¿Y del agresor qué? Iba caminando por la calle con una piedra más grande que su mano. No era un adoquín ni un ladrillo. No hay parques en los alrededores. Venía de lejos cargando su piedra. Igual pensó: se la estampo a la primera persona que me mire a los ojos. A la primera que sea más alta que yo. A la primera que me recuerde a mi exnovia, si es que alguna vez tuvo. Igual iba tarareando una canción y cuando se le acabó la melodía: pumba. A esta, en la cabeza.

 

La cosa es que me golpeó más veces y no sé por qué dejó de hacerlo. Le detuvo la policía 300 metros más abajo. Iba caminando tranquilamente, con la mano manchada de arena y cal pero ya sin su piedra. Como no llegó a abrirme la cabeza no es delito. Como no se llevó el bolso no es robo con violencia.

 

Estaba sentadito en el coche patrulla, en silencio y sereno, cuando los agentes me llevaron a identificarle. No había duda de que era él, pero le recordaba más viejo y más feo. Así con la mirada en calma hacia el infinito y su perilla bien recortada no parecía peligroso. Ya no enseñaba los dientes. Ya no me miraba con odio apretando los dientes.

 

Lo peor que te deja una experiencia como esta es el miedo. Vaya susto. Pero como dice el chiste, podría haber sido muerte. Yo lo peor que tengo es un chichón enorme en la cabeza. Tengo también magulladuras, contusiones, un ángel de la guarda, gracias a la vida y preguntas sin respuesta. 

17/02/2015 22:13 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Podría haberle pasado a cualquiera

Un día vas a clases de inglés y un loco intenta abrirte la cabeza. Vas caminando por la calle en una tarde soleada y el tipo que viene de frente, cuando está a dos metros, levanta el brazo por encima de la cabeza. Lleva en la mano una piedra. Aprieta los dientes. Le ves apretar los dientes y mirar con rabia. Entonces te tira la piedra. A la cabeza.

 

Te agachas. Por instinto de protección te agachas. Cuerpo a tierra. Y gritas. Como una histérica. Hay mucha gente a las cinco de la tarde en la calle Embajadores. Te golpea otra vez con la misma piedra, pero encima del dolor no duele. Solo chillas. Solo te ocupas de chillar como una histérica. No solo para pedir que te lancen un salvavidas, también para comprobar que estás viva. Estás chillando. Puedes chillar, tienes aliento para chillar. Tienes que chillar. Mientras chilles no te habrá matado. Sigues gritando cuando todo parece en calma. No apartas las manos de la cabeza hasta que un hombre amable se acerca.

 

Se hace cargo de la situación entre la nube de curiosos. Te toca en el hombro. Te pregunta si estábais peleando, si era tu novio, como si fuera una disculpa. Qué va, no le conoces de nada, no ha cruzado una palabra. Qué barbaridad. Y no te ha robado el bolso.

 

Sangras. Poco pero estás sangrando. El hombre quiere llevarte al centro de salud. El hombre quiere que te levantes. Quiere que camines a su lado. Quiere cogerte del brazo. Tú solo quieres calmarte un poco, que te dejen respirar a solas, tragar aire para ahogar el dolor, los gritos, el susto de muerte. Tiemblas. Te incorporas. No has perdido el conocimiento. No te ha abierto la cabeza. No te ha desfigurado la cara. Podría haberte pasado. Hoy no era mi día. Estoy bien. Solo tengo contusiones. No estaba en mi destino que muriera por una piedra.

17/02/2015 03:22 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Así somos los optimistas

Es lo que tenemos los optimistas, que nos creemos capaces de atravesar la ciudad en quince minutos. Como si pensar bien fuera un superpoder que hiciera todo confabulara a nuestro favor. No se nos ocurre tener en cuenta los atascos, las prisas de los otros, los imprevistos, la vecina que te retiene, los semáforos en rojo. De verdad que odio llegar tarde, sé que es una falta de respeto al que espera, pero es que siempre pienso que voy a ser capaz de llegar a tiempo.

 

Me pasa lo mismo en otros aspectos de la vida, y no aprendo. Pienso bien incluso de esa llamada molesta al telefonillo por las mañanas que siempre es para meter propaganda. Sé que como mucho será el revisor del gas o un despistado, pero yo siempre pienso que puede ser un cartero de verdad o un repartidor de flores. Siempre. Me levanto siempre esperando flores. No confío en las estadísticas; me da igual que eso me haya pasado solo un par de veces cuando prácticamente llaman a mi timbre todas las mañanas.

 

Lo digo porque hace unos días tenía a un amigo en casa que no recogió un certificado para mí porque pensaba que podía ser una multa. También podría ser cualquier documento oficial o una notificación de los juzgados. “Lo siento, yo es que siempre pienso en multas”, me dijo. Y yo siempre pienso en regalos. Me muero de la intriga. Como una niña que no se duerme esperando a los Reyes Magos. Hasta el lunes seguiré pensando que tengo esperándome en las aburridas oficinas de Correos un regalo.

27/12/2014 03:14 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

No es suficiente con saberlo

Tú y yo sabemos que vivimos muchísimo mejor que muchísimas otras personas, en el mundo y en el edificio de al lado. Peor que bastantes otras también, pero habrá que poner el ojo donde está la mayoría. Y sin tener que irnos lejos, podemos compararnos con nosotros mismos.

 

En mi caso, con el tiempo, he ido ganando, y no digo de la adolescencia a la madurez, del terribe año pasado a este luminoso, sino de ayer mismo a hoy, cuando me siento tan feliz por poder beberme un vaso de agua sin dolor. Qué placer. Porque me he podido sentar a comer (despacio, cosas blanditas y frías) después de cuatro días arrastrada por una amigdalitis tremenda, qué felicidad más tonta y más importante.

 

No le damos importancia al cuerpo, no valoramos la salud hasta que nos falta, no nos damos cuenta de lo inútil que es la mano izquierda hasta que nos lesionamos la derecha, no nos fijamos en los bordillos hasta que son un obstáculo.

 

No valoramos ni agradecemos al cuerpo que todo esté ahí dentro en orden. Que todo esté perfectamente coordinado hasta cuando estás enfermo, como cuando se me saltaban las lágrimas al tragar. Por eso hoy quiero agradecer que las amígdalas estén en su sitio, que caminemos sobre nuestros dos pies, que los pulmones se llenen de aire cuando respiramos, que el oxígeno llegue a todas las células a hacer su trabajo, que esos mensajeros diminutos de “La vida es así” que salían corriendo del cerebro con información lleguen a dar la orden correspondiente a tiempo.

 

Sé que este mensaje se me olvidará en unos días, por eso hoy tengo que valorarlo. Dar las gracias, sentirse agradecido, es un buen ejercicio para limpiar cada día el alma. Cuántas veces nos quejamos de que la vida es una mierda y cuántas dejamos pasar que es también maravillosa.

18/11/2014 11:52 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Estoy o soy feliz

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Qué importa que acaben de llegar unos estúpidos quinceañeros ruidosos y que esto esté lleno de moscas: estoy feliz, así que fijo mi atención en el ruido del agua y en las ramas que serpentean hasta casi tocarla queriendo bañarse y en eso que parecen unas lechugas gigantes y esas flores que no se han enterado de que no estamos en primavera y en ese árbol que se pinta de otoño él solito entre sus compañeros verdes y en las rocas en torno al lago que han permanecido impasibles durante años y en estos tréboles que no son de cuatro hojas pero como si lo fueran y en esos troncos altísimos llenos de nidos y en las nubes que caminan lentas y caprichosas por el cielo y en ese pájaro que acaba de surcarlo y en el helado que me estoy tomando y en el sol que acaba de aparecer dorándolo todo.

 

Allá, a lo lejos, está la autopista con su furioso tráfico, desbordada de gente peleando por llegar antes a su destino, pero quizá entre esos coches haya alguien que no esté impaciente, que suba el volumen de la radio para cantar a gritos una canción.

 

Me los imagino a todos ahí dentro de sus coches cantando felices, porque eso es lo mejor de la felicidad, que de alguna manera egoísta deseas compartirla. Y le restas importancia a todos los problemas, que sabes que existen pero no te tocan. No ahora, en este momento solo quieres que todo se ilumine a tu alrededor. Feliz viernes.

19/09/2014 15:52 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Dame veneno

Me lo advirtió un profesor muy querido cuando me vine a estudiar: que tuviera cuidado porque Madrid tiene veneno, y te engancha o lo detestas.

 

Yo era una chica de provincias que se escandalizaba por que la gente corriera para coger el Metro, que venía cada ¡tres minutos!. En mi ciudad tardaba quince el autobús y lo dejábamos pasar. Es otra manera de vivir la vida, pero tardé poco en engancharme: bajo las escaleras mecánicas con prisa aunque no la tenga, me pongo nerviosa cuando el semáforo se pone verde si tardan los demás coches en arrancar.

 

Es verdad que Madrid a menudo resulta insoportable, y tengo que darle la razón a una amiga mía que cada cierto tiempo proclama que no se puede vivir en esta ciudad. Encuentra de vez en cuando pruebas irrefutables de su teoría: hace un par de días tuvo una estrepitosa caída en el Metro y nadie se paró a ayudarla.

 

Pero en Madrid conviven muchas ciudades al mismo tiempo, también una en la que no existe ese egoísmo ni esa hostilidad. Acabo de encontrarme a un hombre tendido boca abajo en mitad de la calle, sobre la acera. No sé cuánto tiempo llevaría así, pero hemos sido tres los que nos hemos detenido a ayudar. Un día de diario, de madrugada. Sólo era una borrachera de espanto. Nos hemos ido cuando ha conseguido entrar en su portal.


18/03/2014 03:05 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Para eso (también) sirve un beso

Es difícil, pero tenemos que intentar que el clima de hostilidad y malas noticias no nos contagie. Por nuestro bien, por el de todos. Porque es posible construir una sociedad mejor a base de pequeños gestos. No dejarnos llevar por la corriente hacia el fondo.

 

El otro día estaba yo saliendo del aparcamiento de un centro comercial y me paré en un ceda el paso. No me di cuenta de que tenía prioridad y pensé que era un stop. Oh gran falta. Había un coche ocupado por una parejita joven esperándome, y al ver que yo no arrancaba empezaron a gritar desaforados. Tenían las ventanillas subidas y no podía oirles, pero vi sus caras desencajadas por el enfado. Auténtica furia.

 

Traté de ignorarles, arranqué, salí del parking y me los volví a encontrar en un semáforo. Seguían mirándome y gritando como si hubiera hecho algo abominable, gesticulando de una manera exagerada. Había un odio en sus caras inaudito, yo no daba crédito. ¡No era para tanto!

 

Lo normal habría sido cabrearme yo más, responder con aspavientos que se fueran al carajo, que ocuparan sus fuerzas en algo más importante y me dejaran tranquila, pero lo que me salió fue enviarles un beso. Aferrando con fuerza el volante, les lancé un beso y se quedaron petrificados. Ahora eran ellos los que no daban crédito.

 

Seguramente, pasado el estupor inicial, siguieron con su enfado, pero a mí me dio igual. Neutralicé siquiera por unos segundos su rabia y salí antes que ellos del semáforo, sintiéndome invencible, poderosa. Acababa de descubrir el poder de un simple beso tirado al aire.

 

 

14/01/2014 23:57 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Aparta, MacGuyver

Tengo una amiga que con todo el amor, cada vez que me ve hacer manualidades, me pregunta cómo fue posible que yo aprobara preescolar. Es verdad que se me dan fatal, que no sé recortar, que no tengo visión espacial.

 

Nunca me ha preocupado porque no se puede ser perfecta, cada uno tiene que ser consciente de sus limitaciones, y esta de las manualidades la he ido arrastrando toda mi vida ¡hasta hoy!

 

Resulta que anoche tenía una vela encendida al lado del portátil y de repente empezó a oler a plástico quemado. El ambiente romántico chamuscó el cable del cargador. Lo aparté a tiempo de evitar una desgracia mayor, pero ya estaba lamentándome por tener que comprar un cargador nuevo cuando apareció mi hermano, que es un hacha con las tecnologías y todas las cosas prácticas que a mí se me dan mal, y me dijo que cortara la parte quemada y empalmara los cables, así tal cual.

 

Me explicó cómo hacerlo a través de mensajes de wassap con tanto lujo de detalles -él conoce mi torpeza- que me parecía una tarea titánica (dijo algo de trenzas en forma de uve, o de T y no sé qué cosas con la cinta aislante en paralelo), pero se esforzó tanto en dar las instrucciones que cómo no iba al menos a intentarlo.

 

Y aquí estoy, escribiendo en mi portátil enganchado a la corriente con un cable negro que tiene un trozo azul. Sólo he perdido una hora de mi vida en conseguirlo. No hay nada como creer que eres capaz para poder. Ésa es la fórmula mágica para que nada se te resista.

09/01/2014 13:39 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Esa gente que te hace la vida más agradable

Él nunca lo sabrá, pero lo que más he lamentado al cambiar de barrio es dejar de ver a Katzi todos los días. Katzi es un chico de Bangladesh que tiene una frutería en la esquina de mi antigua calle y un sol en la cara. Salió de su país con la idea de comerse el mundo: su frutería se llama “Katzi Business Group”, y así persigue su sueño: Trabaja diariamente hasta la medianoche y saluda absolutamente a todo el mundo desde su caja registradora con la sonrisa más amplia que nunca he visto y un “buenos días, qué tal, cómo estás, ¿todo bien? Me alegro”, aunque estés cruzando sin pararte desde la acera de enfrente.

 

Es increíble que pueda estar cobrando a alguien, pesando la fruta a otro y dándose cuenta de que ha pasado un vecino a la vez. Sabe muy poco español, pero lo intenta. Escoge siempre las mejores frutas para ti, y redondea el precio a la baja para no llenarte de calderilla. Es incómoda y de aspecto sucio su frutería, pero no hay una tienda mejor en todo Madrid, sólo porque la regenta un tipo que tiene esa luz en la cara, que sonríe tanto con los ojos y con la boca y con todos los músculos de su rostro.

 

Pero en mi nuevo barrio también he encontrado a alguien así. Es chino, se hace llamar Santi, tiene una tienda de las de todo a cien y una broma para cada uno de sus clientes. No he conocido en mi vida a un chino más sociable que Santi. Hasta límites insospechados, se entretiene en hablar con todo el mundo y todo el mundo le quiere, incluso cuando les toma el pelo. El otro día por ejemplo un señor se estaba haciendo un lío con unas herramientas que quería comprar y Santi le dijo: “Ay Manolete, si no sabes torear pa qué te metes”, con acento chino, claro.

 

A las madres que compran material escolar para sus hijos, Santi les dice que les puede hacer un descuento si le devuelven los cuadernos gastados. Si vas a comprar aguja e hilo para coser, Santi te dice que las cosas hoy en día no se zurcen, se tiran y se compran otras nuevas, o que mejor que comprar abono para las plantas es que suba él a tu casa a cantarles una canción china que se sabe él para que florezcan rápido. Cómo no salir de estas dos tiendas con una sonrisa en la cara.

 

 

13/11/2013 00:01 Elena #. Cotidiano Hay 7 comentarios.

He visto una estrella fugaz

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Desde mi nueva casa, apenas un destello de luz oblicuo que surcaba el cielo nocturno entre los tejados. Siempre me paraliza la visión de una estrella fugaz. Me deslumbra esa magia efímera que atraviesa el aire, cambiándolo todo sin mover nada. Contengo la respiración y parpadeo, abro bien los ojos a todo alrededor, y no hay nada. Siguen esas dos estrellas titilando allí, el planeta ese que nunca me acuerdo de cómo se llama iluminando allá, un toldo que se deja llevar por el viento, las mismas antenas erguidas al fondo. Nada nuevo, pero todo parece diferente. Tocado por la magia de una estrella fugaz que ha surcado el cielo que se ve desde mi cuarto.


Me brota entonces la necesidad urgente de pedir un deseo. Alguien me lo dijo de pequeña una vez: “¡mira una estrella fugaz, pide un deseo!” y me pongo a buscarlo, rápidamente. Tengo derecho a un deseo porque he visto una estrella fugaz, pero es un doble regalo. Ya estoy donde quiero estar. En una casa desde la que puedo ver las estrellas fugaces, con vecinos que me recogen la ropa tendida cuando llueve y me acercan en mitad de la noche las cajas abiertas de la mudanza que dejé olvidadas en el ascensor. Anónimamente además, he llegado a pensar que son duendes, de tan acostumbrados como estamos en Madrid a que mucha gente no sea amable con el de al lado. Podían haberse llevado las cajas tranquilamente, por una de ellas asomaba un radiocasete. Pero se ve que a estos duendes no les hace falta la música. A mí, después de todos los problemas de los últimos meses, este tipo de bienvenida era precisamente lo que me hacía falta.

25/09/2013 18:33 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Qué prisa por crecer

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Mi sobrina de cuatro años se tira en la alfombra todo lo larga que es, coge un lápiz y un cuaderno. Juega a que está haciendo los deberes y sus hermanas pequeñas -las muñecas- no le dejan concentrarse. Están armando mucho barullo y yo tengo que reñir a las muñecas para que dejen a la hermana mayor hacer sus cosas importantes. Se parte de risa mi sobrina con este juego, y cuando acabo de mandar callar a las muñecas, invariablemente me dice: “¡otra vez!”.

Le parece divertidísimo, no sé si tendrá que ver con que haya por fin alguien más pequeño que ella que reciba órdenes, porque el hecho de quedarse concentrada frente a unos papeles significa que ya eres mayor o por verme a mí tan grandota hablando con unas muñecas de plástico y algunos peluches, que dan guerra también.

Todos los niños juegan a ser mayores, a mí de pequeña me encantaba fregar los cacharros. Mi madre me dejaba solo las cosas fáciles y que no podían romperse, yo me recuerdo esperando con ganas a que ella terminara para que me dejara a mí frente a la pila. Me decía que ya vería cómo se me pasaban pronto las ganas, que de mayor no me iba a gustar nada fregar los platos y yo pensaba: “qué tontería, cómo me va a dejar de gustar”.

Me recuerdo tan convencida de que sería imposible... Mejor no extrapolo y empiezo a pensar en las cosas que han dejado de gustarme con paso del tiempo, lo que he perdido al hacerme mayor, todas las veces que tengo aún que darle a mi madre toda la razón.

04/07/2013 19:12 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Cómo seguir creyendo en la Humanidad

La niña ve que su padre está triste e intenta animarlo. Canturrea, juega, baila para él. Como ve que eso no funciona, le da un globo atado a una cuerda y le dice: toma, átatelo a la mano. Y sonríe, triunfal, creyendo que ha encontrado la fórmula.

La niña tiene tres años y lo que le han dicho es que a su padre le duele la tripa. Ése es un dolor imaginable para ella, que no sabe de guerras, de bombas, de dictaduras, de represión, de venganzas, de las penurias que están sufriendo sus familiares de allá.

Ella no sabe de rabia y de injusticias pero cree firmemente en que lo que más puede ayudar a su padre a estar contento es llevar un globo blanco de propaganda atado a la muñeca. Y tiene razón. Ese gesto de amor y ternura es lo único que nos puede salvar de la barbarie de este mundo, un empuje a la sonrisa y a la lucha, a seguir creyendo en la Humanidad.

16/08/2012 03:22 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Aullando a la luna

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A menudo me quedo mirando al cielo e invariablemente, una vez al mes, me parece que la luna está casi llena. Siempre creo que le falta un poco. Me lo reprochó una amiga ayer paseando bajo la luna por Madrid: qué pesimista, siempre buscas la perfección, ves el vaso medio vacío, me dijo. Pero no: es que siempre pienso que mañana será mejor.

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04/07/2012 00:42 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Qué lugares tan románticos

Esa guiri que tiene una pinta de guiri que no puede con ella, el que espera con un ramo de rosas que no sabe cómo sostener entre las manos, la que se impacienta sujetando un cartel con un nombre impronunciable, el que se apoya en una columna y mira cada poco el reloj, la que no hace más que comprobar que ha aterrizado el vuelo que sí, que lleva landed 35 minutos, la que pregunta a todos los que salen si vienen de Palma aunque no se por qué si todos los que llegan de Mallorca vienen con ensaimadas (pero todos, ¿eh?), esa que cree haber visto salir a Ana Obregón y se emociona, el que hace como que no le interesa lo que salga por la puerta, el que informa a gritos que acaban de sacar las maletas...

Pero sobre todo, esa gente ansiosa que se devora con la mirada desde que atraviesan la puerta, que se toca que se besa que se abraza y le estorba la valla, el que sale buscando a alguien con la mirada aunque sabe que nadie vendrá a recogerle y pasa rápido y disimula, el que sobrelleva la rutina de un nuevo aterrizaje sujetando el móvil en la oreja y especialmente esa gente que grita al reencontrarse...

Me encantan los aeropuertos. Me gusta sobre todo hacer el paseíllo en horizontal, tropezando mi alegría de bienvenida con el ansia de la espera de los otros, ese caminar en paralelo hasta que la valla nos deja palpar nuestro reencuentro... ¿Por qué no habrá sillas para ir a echar la tarde aunque no vaya a recoger a nadie? 

12/04/2012 22:47 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Cubiertos de olvido

Yo, a priori, me creo casi todo lo que me dicen. Seré una ingenua, pero no me va mal. Por eso, cuando he leído esta mañana que limpiar “es una actividad del cerebro creativo” me he puesto manos a la obra. Y mis compañeras de piso, encantadas. También es cierto que todos nos creemos lo que nos interesa, y resulta que ésta es mi semana de limpieza, vamos, que me tocaba limpiar la casa de todos modos, pero ahora lo he hecho con ánimos renovados. Por el bien de la literatura, digo. Por echarle algo de comer al blog.

Yo generalmente me pongo música para entretenerme y alegrar la tarea, así que dejar correr libremente a mi cerebro en silencio mientras limpiaba ha sido una catástrofe. Una catarata de recuerdos, una avalancha de nostalgia.

Porque ahí estaban, cubiertos de polvo, cubiertos de olvido aunque los tenga delante, la radio antigua con la que mis abuelos escuchaban “el parte”, el Espinete de plástico que me regalaron para que me diera suerte cuando me vine a vivir a Madrid, el vaso lleno de tapones de refresco que en realidad es la casa de los sueños que no nos molestamos en tener (nuestra aportación al arte contemporáneo, ver post http://entretanto.blogia.com/2010/070201-si-lo-sabes-mirar-es-arte.php), el periódico de hace dos siglos que rescaté del “mercado de las pulgas” de París...

Hasta quitarle el polvo al mueble bar me ha dado tristeza, aunque traiga promesas de fiestas futuras... porque desde luego no se puede vivir con tanta botella a medias, habrá que inventarse una excusa para celebrar otra fiesta del “ponch”...

22/03/2012 18:01 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Huérfana de lo cotidiano

Algunos no se lo creerán, pero hubo un tiempo en que la gente se echaba a las calles sin un teléfono móvil en el bolsillo. En aquella época yo tenía tanta o más vida social que ahora, y de alguna manera misteriosa conseguía mantener el contacto físico con las personas de mi entorno y llegar a tiempo a las citas sin necesidad de darles un toque ni avisarles por mensajitos de que llegaba para variar tarde.

 

Sin embargo, esta noche se me ha cortado la respiración unos instantes cuando me he dado cuenta de que me había dejado el móvil cargando en casa, y ya estaba metida en el metro.

 

Hace años que superé mi dependencia del reloj, me lo propuse como terapia para disfrutar más del tiempo sin estar tan pendiente de la hora. Ya no llevo reloj de pulsera ni lo echo de menos, pero hoy me he dado cuenta de que me he convertido en una yonki del móvil.

 

Supongo que alguna vez habréis sentido esa sensación de orfandad: si no llevo el móvil encima, parece que se entrecorta mi vida social. No me entero de lo que pasa, quizá me haya llamado para avisarme de que llega tarde, de que cambia el lugar de encuentro, de que una avalancha de nieve le impide salir de su casa... o de que me ha dado plantón.

 

Porque en ese momento en el que te ves sola en mitad de la calle en medio de tanta gente que se da dos besos, abrazos y arrancan a caminar juntos, empiezas a replanteártelo todo. A dudar de dónde, cuándo, cómo hemos quedado... y si me apuras incluso por qué: ¿de verdad teníamos ganas de vernos... no nos hemos dado largas y ha quedado todo en un “ya nos veremos”?

 

Déjate de tonterías y piensa en soluciones. No las hay. No queda otra que esperar. Hay cabinas telefónicas, claro, pero acabo de caer en la cuenta, aterrada, de que únicos números de teléfono que me sé de memoria no me sirven para nada: el de la casa de mis padres y el de un amigo que ahora mismo estará en Munich.

 

Son los únicos que he tenido que marcar, uno a uno, con los deditos. Y el de mi amigo porque hubo un tiempo en que tuve que recurrir a él de madrugada cuando yo aún no tenía teléfono móvil y él sí. En situaciones desesperadas se agudiza el ingenio y fui capaz de recurrir a la memoria, ahora atrofiada porque todo me lo recuerda la agenda del móvil. Otro día si queréis os cuento esa historia, ahora la moraleja queda clara.

 

Ha sido tal mi desasosiego que he estado a punto de preguntarle la hora a la gente para ver si mi cita no aparecía porque aún era pronto o si ya era demasiado tarde... hasta que me he dado cuenta de que estaba justo debajo del reloj de la Puerta del Sol.... a veces, para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada, que decía el poeta.

10/02/2012 02:00 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

Mejor ser vividor

Critica José Luis Sampedro que a la palabra “vividor” se le haya cargado con connotaciones peyorativas, “cuando vivir plenamente debería ser la meta”, y me asusto dándole la razón.

Si me presentaran a alguien diciendo “Fulanito es un vividor” le miraría fatal. Peor que si me dijeran “Fulanito es un consumista”, y mira que también me dan alergia los adictos a las compras y los centros comerciales. Lo que son los prejuicios.

Lo digo también porque yo estoy hecha una vividora últimamente, y prueba de ello es esta prolongada ausencia. Una vergüenza todo el tiempo que he estado sin aparecer por aquí, lo sé, aunque ya advirtiera de que mi unicornio azul se iba a ir con su cuerno de añil a escarbar palabras en otros lugares...

Una vergüenza porque ahora no es que tenga un unicornio azul, sino que tengo dos: Acabo de encontrar un nuevo trabajo y, como dice un amigo mío, con los tiempos que corren, firmar un contrato es como cazar un unicornio... ¡y así ha sido! Increíble... Así que ahora tengo al unicornio que me ayuda a escribir y al que cabalgo para llegar a final de mes.

Tremendamente afortunada, lo sé. Pero voy a aprovecharlos para escarbar más hondo y para explorar nuevos territorios.... resulta que el animalito es caprichoso y se ha ido precisamente a pastar a otro blog... pero no me hace competencia, son todo ramificaciones del mismo árbol que un día de estos verá sus frutos.

01/02/2012 18:09 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

La fórmula que todo lo cura

Hay una edad a la que crees que los besos curan de verdad. Te hacen daño o sufres una caída, te coges un berrinche y entonces llega tu madre, cura sana cura sana, te da un beso y ya está.

Te calmas, dejas de llorar, porque tienes una fe ciega en el amor de tu madre y porque en realidad lo único que necesitas, en el fondo, es ese cariño que te hace sentirte a salvo: los besos protegen de verdad.

24/10/2011 22:54 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

En el mejor de los mundos posibles

En el mejor de los mundos posibles, todas las personas sonríen amablemente por las calles, todo funciona siempre a las mil maravillas y el coche nunca te deja tirada.

En este mundo no, claro, no es perfecto, pero a veces juega a ser el reflejo de ese mundo ideal. Es entonces cuando el coche te deja tirada en el mejor de los escenarios posibles: no en un descampado rodeada de ovejas a punto de ser esquiladas sino al lado de una estación de metro donde se está celebrando un recital poético musical, rodeada de buena gente con ánimo de fiesta y ganas de ayudar al prójimo, o sea yo, tan perdida que no sabía ni siquiera si mi coche tenía pinzas ni qué aspecto tienen para ponerme a buscarlas en el maletero lleno de trastos.

Pero ahí había uno, dos, tres gentiles caballeros dispuestos a echar una mano (al capó del coche para empujarlo), todo el que pasaba me preguntaba qué tal iba la cosa, había música y baile y poesías y cerveza para todos, así que no era posible estar de mal humor, nerviosa o impaciente mientras esperaba al mecánico y luego a la grúa a pesar de que me he quedado sin coche justo en un día de fiesta, vete a saber cuándo me lo devuelven y cuánto me costará la avería, porque en este Día de la Hispanidad he vivido mi propio desfile de música y palabras, desfile de personas amables que han logrado que hoy al menos este mundo se parezca al mejor de los mundos posibles.



12/10/2011 18:51 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Permiso para chillar

¿Y por qué os montáis si os da miedo?

Dice una niña en la entrada del Abismo, la atracción más salvaje del parque de atracciones. Cómo explicarle que los mayores disfrutamos y a veces necesitamos sentir incluso miedo, esas emociones que son cada vez más fuertes porque cada vez son menos las tenemos a nuestro alcance.

Cuando eres pequeño todo es una aventura, y no te paras a pensar en nada, así que sufres mucho menos. A todo mi grupo nos pasaba lo mismo: habíamos montado en esa misma atracción hace años y no nos dio tanto miedo como ayer, quizás ahora lo necesitamos más. Montarte en una de esas atracciones te da permiso para chillar.

28/08/2011 14:12 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Hay que pensar en positivo

Tengo un CD que está ralladísimo y siempre lo meto en el reproductor con miedo, suplicándole a las ondas que esta vez me deje escuchar aunque sólo sea una vez esa canción, y siempre me decepciono. Tengo un ritual de pequeños trucos para que la música comience a sonar, y la triquiñuela funciona durante unos segundos, pero al final siempre me quedo con las ganas de disfrutarla al completo.


Pero ayer encontré el CD buscando otra cosa, lo metí en el reproductor pensando que estaría bien acompañar ese instante con esa banda sonora, le di al play inconscientemente y la música empezó a sonar, justo en el preciso instante en que me acordaba, absurdamente, de que el CD estaba rallado.

 

La cosa es confiar, no tener miedo; solo así las cosas pueden salir bien, y esta regla sirve para todo. También sucede en las relaciones. No es una fórmula mágica, claro, pero si empiezas algo pensando que puede salir mal, se acabarán cumpliendo tus peores presagios, porque los has convocado.

 

Lo positivo llama a lo positivo, el universo se rige por las leyes de la atracción. Los pensamientos negativos atraen inevitablemente hacia ti las calamidades que más temes, del mismo modo que los perros van a las personas que les tienen miedo, porque lo huelen.

 

Hoy he sacado turno para comprar un billete de tren y había 51 personas delante de mí, lo decía el papelito que sacas, como el de las carnicerías. La sala estaba llena de personas angustiadas, enfadadas o aburridas, así que me he ido a dar una vuelta por la estación para no soportar ese ambiente.

 

Pero me he entretenido más de la cuenta y cuando he querido regresar, por un instante he pensado que ya se me habría pasado el turno, que vaya torpeza perder toda la tarde en Atocha con la de cosas que tenía que hacer, pero no me he querido enredar en esos pensamientos mientras me dirigía hacia el punto de venta. He querido pensar que también existía la posibilidad de que aún llegara a tiempo, y de hecho así ha sido: en cuanto he entrado en la sala, en la pantalla saltaba mi turno. No he podido disimular la sonrisa sintiendo cómo se clavaban en mi espalda las miradas furibundas de todos los que se hacinaban en la sala.

 

01/06/2011 01:08 Elena #. Cotidiano Hay 9 comentarios.

La fórmula mágica

Me dijo que era el mejor y yo pensé bah, no será para tanto. Me dijo ¡ah! pero es que éste no es como los demás, no, es que no sabes de lo que estás hablando, esto es un mundo aparte y yo dudé, no me lo creí, supuse que era una exagerada.

Pero tenía razón caramba, se huele a leguas la diferencia y eso que yo no soy una exquisita. No hay color, sin discusiones. El problema es que desde que sé de su existencia no alcanzo a comprender cómo me pudieron gustar otros, cuando pruebo otros echo de menos a éste y sobre todo me torturo preguntándome: ya que se ha demostrado que la perfección existe, que alguien tiene la fórmula mágica, ¿por qué no son todos así?

11/02/2011 02:20 Elena #. Cotidiano Hay 6 comentarios.

Amarrado a la pata de la mesa

Llego tarde, muy tarde, quizá demasiado tarde; desoigo las advertencias antes de entrar; subo de dos en dos las escaleras y al llegar me encuentro con un vestido de flores tirado en el suelo, unos cuantos vasos de plástico sucios apilados en un rincón, una pelota dentro de una caja de cartón entreabierta, un cinturón bien apretado, una cuerda gruesa, una cerilla apagada y dos charcos enormes en el suelo.


Podría ser la escena de un misterio por resolver, pero era la segunda planta del Centro de Arte contemporáneo Dos de Mayo de Móstoles, la exposición del artista cubano Wilfredo Prieto “Amarrado a la pata de la mesa”. Los charcos eran de ron y Coca-Cola: la obra se llama “Cuba libre”. El vestido de flores es la pieza titulada “Jardín”.

Los vasos de plástico como residuos de una fiesta son la “Escala de Valores”, la cuerda amarra la pata de una mesa que minutos después sobrevolaría el cielo de Móstoles prendida de un helicóptero en vuelo estático, “La pelota redonda viene en una caja cuadrada” y la cerilla apagada en realidad es una “Estrella muerta”.


Encontrarse con una piedra, un excremento o un charco cuando vas caminando por la calle es una molestia. Pero, ¡ah! encontrarse con esos mismos objetos, en ese orden dispuestos, en el suelo de un museo, es contemplar una obra de arte, en este caso titulada “Obstáculo”.


“Hemos talado todo un bosque para construir una cerilla”, me dice el artista resumiendo su vocación conceptual. Su vocación de que el arte reflexione sobre la realidad cotidiana, con el "mínimo esfuerzo" por su parte, con las mínimas interferencias, la mínima manipulación, con la vocación de rescatar del entorno objetos cotidianos y sacarlos de contexto para que así, al exponernos en un museo, adquieran otro significado, otra lectura, dotarlos de valor artístico.

 

Me convence su argumento, me seduce la invitación a ir por la vida con los ojos más abiertos, pero quién decide en este mundo qué es arte. Y también, de quién es el mérito: ¿del que se arriesga a tirar en el suelo de un museo un vestido floreado o de quien ve un jardín con flores en él?





02/02/2011 00:24 Elena #. Cotidiano Hay 5 comentarios.

Es lo que tiene Vallecas

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Ayer un huevo frito se dio la vuelta solo dentro de la sartén y hoy me despierta un pasodoble. A veces te rodean las cosas extraordinarias y sólo hay que tener ojos para ver.

22/01/2011 13:07 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

Menos vueltas, Caperucita

Hoy estoy muy contenta porque he comprobado que el teléfono no da calambre, a pesar de que a veces pienso que emito unas radiaciones extrañas porque en ocasiones lo miro y se queda instantáneamente la pantalla en blanco... pero eso creo que no es más que un guiño de ojos de mi novio Orange.

Llevo, sin exagerar, más de un año queriendo llamar a una persona, sin encontrar nunca el momento adecuado para marcar su número de teléfono. Todo este tiempo con estúpidos e inútiles remordimientos: en cuanto llegue a casa le llamo, mejor después de comer, de mañana no pasa, a ver si con más calma este fin de semana, etcétera.

Hoy me he dicho “basta” y he pensado una frase ingeniosa para disculpar mi prolongada ausencia, pero no ha hecho falta; al otro lado del teléfono estaba la misma persona que hace años veía a diario, del mismo humor, hablando con los mismos chascarrillos, como si el tiempo no hubiera pasado.

De hecho, todo lo que ha pasado en este tiempo (cómo te ganas la vida, por dónde andas, con quién y cómo) nos lo hemos resumido en cuatro frases formato pregunta-respuesta “¡anda, no me digas!”, pregunta-respuesta “¡pues sí, tienes toda la razón!”, pregunta-respuesta “ya te lo decía yo”, pregunta-respuesta “en lo mismo ando yo” y mira qué bien.

Menos pensar y más actuar, es la moraleja que debo extraer de esta historia. Yo siempre estaré con  Serrat:

Prefiero querer a poder, palpar a pisar, ganar a perder, besar a reñir, bailar a desfilar y disfrutar a medir. Prefiero volar a correr, hacer a pensar, amar a querer, tomar a pedir.

Antes que nada soy partidario de vivir.



29/12/2010 23:26 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Me voy con mi unicornio azul

Escribir a diario en este blog era mi propósito para este 2010 que ya se acaba sin ser redondo, pero sí ha sido un año de sumas y de descubrimientos. Ahora que he conseguido estar tres días totalmente desconectada del ordenador y sin echarlo de menos, embargada por el espíritu navideño, regreso para anunciar que me voy con mi unicornio azul a otra parte, que tengo otros proyectos para 2011 que requieren que mi unicornio azul explore otros territorios. Le habéis alimentado muy bien en todo ese año, y como está agradecido, dejará, eso sí, un rastro de flores de vez en cuando por aquí, por este lugar en el que ha nacido y que le ha dado tanto.

28/12/2010 21:09 Elena #. Cotidiano Hay 6 comentarios.

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Dice Galeano que, vistos desde el cielo, somos un mar de fueguitos porque cada persona brilla con luz propia sobre todas las demás.

Que cada día de este 2011 tu luz resplandezca y deslumbre a todos los que están a tu alrededor.

Feliz Navidad

24/12/2010 20:50 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Te lo pongo en un tupper

Hoy todo un senador me ha llamado a las barricadas, un socialista me ha dicho sin venir a cuento y guiñándome un ojo: “seguro que tú no estás abandonada”, un hombre me ha prometido que me va a poner un piso por responderle a una pregunta sencillísima y una del Partido Popular me ha dado un tupper de arroz con bogavante para que me lo coma mañana, que será un día tan intenso como el de hoy pero seguro que no comienza, como este miércoles, con una médium diciéndome que para buena energía la que yo tengo.

Así da gusto llegar a casa después de un día tan intenso, agotada pero contenta, o como diría Benedetti, “estoy jodido y radiante, quizá más lo primero que lo segundo y también viceversa”.



23/12/2010 02:33 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Quien roba a un ladrón...

Seré una descarada, pero la verdad es que nunca me he sentido mal por apropiarme de historias ajenas para contar lo que yo quiero decir en este blog, ni por robarle la lucidez a mis compañeras de piso, que dejan caer ideas brillantes por la cocina y por los pasillos como si les sobraran (y les sobran), ni por secuestrar frases que andan huérfanas por las calles que transito (culpa suya por dejarse oír), y ahora todavía menos.

La mismísima Catherine Zeta-Jones me (quiero decir nos, chicas) ha robado una idea. Sin ningún pudor, en la película Sin reservas, ha dicho: "ojalá hubiera un libro de recetas para la vida", y se ha quedado tan ancha.

22/12/2010 02:18 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Lección de optimismo

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Habrá que aprender de las plantas, que siempre buscan la luz.

Me gusta sobre todo el obstinado optimismo del ciclamen. A pesar de sus tallos cabizbajos, que se vencen apesadumbrados, los pétalos siempre salen al sol, emergen de entre la derrota, alborotados pero llenos de vida.

20/12/2010 01:08 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Rabitos de pasas

Trato de ver si Google se acuerda por mí de un poema del que sólo recuerdo cómo sonaba el último verso, que era algo así como: “y hay tantas cosas buenas por hacer...” o “y hay tantas cosas bellas que aprender...”, pero ¡halehop! Google me sugiere que pinche en los siguientes enlaces:


y hay tanta gente por la calle disimulando la amargura
y hay tanta adolescencia apresurada y tanta soledad arrepentida
hay tantas cosas que quiero hacer que antes me daban miedo

Rabitos de pasas voy a empezar a tomar, que dicen que son buenos para la memoria. Así no tendré que volver a asomarme a este pozo sin fondo que es internet, a veces tétrico, a veces maravilloso, pero tan inagotable que da vértigo.

17/12/2010 22:27 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Ya los tengo todos

Cuando una persona me dice que tiene 19 años, no me parece ni bien ni mal, como es lógico. Sin embargo, me saltan todas las alarmas si escucho que ha nacido en los 90, porque eso claramente quiere decir que esa persona que está frente a mí era un bebé despreocupado mientras a mí me atormentaba la adolescencia.

Inevitablemente entonces empiezan a correr por mi cabeza multitud de sensaciones y recuerdos de todo lo que yo ya había vivido en esa época, y me escandalizo de que haya llovido tanto desde entonces.

En realidad, me dan más vértigo esos veinte años que me separan a mí de la Elena que yo era en los 90 que los diez años que me distancian de esa persona que tengo delante, pero lo focalizo en ella.

Claro que no volvería ahora por nada del mundo a aquella época, no me cambiaría por esa chica de 19, no retrocedería en el tiempo ni un ápice ahora que tengo veintitodos.

Desde que empecé a hacer balances, afortundamente siento que cada año es un poco mejor que el anterior. Si no más feliz, siquiera más positivo en aprendizajes y experiencias. Cada año siento que he crecido un poco, o al menos que estoy mejor asentada en mi metro ochenta.

Y es que con 29 años tengo en mi haber toda la experiencia de los felices 20 sin sentir todavía que acechen los (temibles, dicen) 30.

12/12/2010 11:52 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

La vida en el aire

Hoy que estoy en actitud contemplativa, recuerdo el eslogan del documental Carl Gustav Jung, una película "psicoanalítica" de Salomon Shang:

 

Dentro de un rayo de sol que entra por la ventana

a veces vemos la vida en el aire

y lo llamamos polvo.

09/12/2010 19:56 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Sonreír o no sonreír, he ahí la cuestión

El que es capaz de dominarse hasta sonreír en la mayor de sus dificultades, es que ha llegado a poseer la sabiduría de la vida”, dice un proverbio oriental. Yo admiro a las personas que se muestran siempre optimistas y sonrientes, pero no siempre me parece saludable. A veces esa actitud es enfermiza, de negación de la realidad. Y para poder trabajar en cambiar la realidad (con ese optimismo tan admirable y recomendable) primero hay que aceptarla, asumirla, reconocerla.

No hay que ser tan exigente con uno mismo como para esforzarse tanto en esconder los propios sentimientos. Es más sano concederse el lujo de reconocer que estás mal y que no te importe aparentarlo, saber aceptar las circunstancias adversas, en lugar de negar el inminente derrumbe pintando una sonrisa en la fachada.

03/12/2010 01:16 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Continúan los misterios

Ven, siéntate, tengo que contarte una cosa, me dice el desconocido 
en tono grave. Yo no me puedo creer que un hombre
como él me vaya
a hacer una confidencia, y más sabiendo que soy periodista, pero
precisamente por eso, me dice.


Quiero que entiendas que todo lo que te voy a contar es estrictamente
confidencial, que no puede salir
de aquí, yo nunca te he comentado
nada y menos aquí dentro. Intrigada, le sigo el juego y estoy a
punto
de cerrar la puerta, o de proponerle que nos veamos en un lugar más
discreto, pero él continúa
hablando en voz baja, sentado cerca de mí
y mirando al suelo.


Es una situación un poco embarazosa -reconoce-, me da mucha
vergüenza pero tengo que decírtelo,
no puedo dejarlo más tiempo,
esperaba que vinieras antes. Yo intento esconder una sonrisa nerviosa
porque me parece desmesurado su tono y trato de transmitirle confianza
con la mirada, le digo
“adelante” sin palabras.

Pero él continúa dando rodeos alarmantes, me pregunta quién, cómo,
cuándo,
dónde como un novio celoso y eso me desconcierta.
En cuanto empiezo a hablar, me arrepiento, pero a él no sé contestarle
con evasivas.

Pero él hace como si no tomara nota de mis comentarios, como si
sólo preguntara para ganar tiempo,
y de hecho lo gana: diez minutos
después se levanta de su sillón aliviado y aparece en la estancia
el
otro tipo, el que me da más confianza, que entra con las manos frías
y el abrigo puesto. Del bolsillo
saca un regalo. De joyería, envuelto
en rojo. Es para ti, es el primero, ábrelo, espero que te guste, creo
que es de tu estilo,
si no te lo cambio.
Sonríe. Sonrío.
01/12/2010 21:02 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Si es que todo hay que decirlo

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Me parecía una perogrullada, pero una que trabajó en un Dunkin’ Donuts me apunta que no me hago una idea de la cantidad de escobillas de wáter que robaban. De todos modos no sé de qué le puede servir a una persona dispuesta a robar papel higiénico o escobillas de wáter de bar que le recuerden amablemente desde un folio que no debe hacerlo, es más, que está prohibido. Será para limpiar la conciencia del propietario, por su parte que no quede.

También me asegura que hoy ha visto una furgoneta con un cartel que pedía que se pusiera en contacto con un número de teléfono móvil el que le había robado la radio CD del coche, pero para darle la carcasa. Ni tú ni yo hacemos nada con estos restos, debía pensar el conductor.

30/11/2010 23:16 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Homenaje a los Fraggel

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Ésta es la imagen que me sorprendió tanto hace unos días en medio de un atasco, de un día de lluvia, viento, frío y agobios. Me hizo sonreir de puro surrealista, si hay alguien vigilando algo se supone que es valioso, que pidan respetar la "propiedad", y que esa propiedad sea una montaña de escombros. Pero quizá no lo había entendido bien.

Quizá infravaloro el poder de los escombros, el valor de las cosas que sobreviven después de la catástrofe, el valor de los restos, de las huellas, de las cosas que permanecen impertérritas y son difíciles de eliminar. Al fin y al cabo, hay gente que lee el destino en los posos del café o en las migajas de las hojas que quedan en la taza después de hacerse un té. Y sobre todo, ¿no iban los Fraggel Rock a consultar dudas existenciales con la Montaña de Basura?

30/11/2010 23:06 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Cuando se cierra una puerta...

...habrá que abrir una ventana.

"Todo final encierra un nuevo comienzo", dice el I Ching.

28/11/2010 21:20 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

“Sólo lo imposible dura siempre”

Me gustó este aforismo la primera vez que lo leí porque me parece una invitación al Carpe Diem, a relativizar los golpes de la vida, a aprender a aprovechar el presente, pero pensándolo bien, es mentira: cuántas cosas se creían imposibles en el pasado y resultaron ciertas.

Encima hace un momento se me ocurre hablar de esta frase con un amigo que está sufriendo mal de amores y me dice que la estoy interpretando mal, que lo que quiere decir la frase es que es imposible encontrar a tu pareja ideal y que te dure siempre, y no se me ocurre qué contestar.

26/11/2010 22:03 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Pastillas contra el dolor ajeno

Es una idea brillante de Médicos Sin Fronteras. Se venden en farmacias por un euro y son seis pastillas de menta que te alivian el picor de garganta a ti, fortalecen tu espíritu solidario o limpian tu mala conciencia y a la vez sirven para subvencionar tratamientos a los enfermos olvidados.

http://www.msf.es/pastillascontraeldolorajeno/

En esta web puedes recetarlas o diagnosticarte tú mismo para comprobar cuánto dolor ajeno sufres. Si sufres un caso agudo, significa que las injusticias y el sufrimiento de los demás te afectan profundamente. MSF lamenta informarte entonces de que esta dolencia no tiene cura, pero sí puede mitigarse, porque las pastillas contra el dolor ajeno suavizarán los síntomas gracias a su acción activa sobre los enfermos olvidados de los países en desarrollo y tú sentirás que tu aportación tiene un efecto real sobre los demás.

Claro que también puedes resultar libre de padecer dolor ajeno tras el diagnóstico, tal vez por la distancia que te separa de estos problemas o por desconocimiento. Pero si has llegado a leer esto ya lo conoces, no está tan lejos.

26/11/2010 01:19 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

El poder del "pero"

El “pero” es una palabra muy poderosa, capaz de borrar toda una frase anterior. La infravaloramos porque es una simple conjunción de cuatro letras, pero tiene un terrible poder aniquilador.

Siempre pesa más lo último que escuchamos: Es muy bonito el vestido, pero me hace gorda. La cena estuvo bien, pero me moría de sueño. Es un chico increíble, pero no me gusta.

El lenguaje sirve para pensar, hablamos como pensamos, y aquí no funcionan las leyes matemáticas. El orden de los factores sí altera el producto. No es lo mismo escuchar "te quiero mucho, pero eres insoportable" que "eres insoportable, pero te quiero mucho". Al escuchar la primera se nos quedará cara de circunstancias y la segunda dibujará inevitablemente -y como poco- una sonrisa en la cara.

25/11/2010 02:03 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Érase una vez la vida

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Cuando sea mayor, me gustaría reunir a todos los médicos del mundo y poder darles un curso de comunicación empática con el común de los mortales. No es que yo sea una experta en comunicación, pero sí puedo afirmar sin temor a equivocarme que soy mortal. Por eso me gustaría poder entenderles cuando me hablen de las cosas que me puedan acelerar la mortandad, esto es: las enfermedades, porque lo cierto es que todos nos estamos muriendo, pero a diferentes velocidades, que escuché una vez decir a un médico.

Creo que sería una buena acción por el progreso y el bienestar de la humanidad enseñarles a hablar con personas como yo, es decir: con todos los que no somos médicos, que acudimos a ellos preocupados por eso que ellos ven tan sencillo pero que nosotros no alcanzamos siquiera a imaginar qué diablos son las adenopatías, la leucoplasia, la ascitis o siquiera las “células guía” (así, entrecomillado venía en el informe), por citar algunos términos de los que he oído hablar esta tarde.

Lo que más me fastidia es eso, no poder imaginármelo, ni siquiera recurriendo a mis máximos conocimientos en el área médica, los cuales reconozco que están fundamentados en los dibujos Érase una vez la vida. Qué gran serie, esa sí que hizo un favor a la humanidad, eso sí que era televisión educativa de servicio público, ¡y entretenida!

Ahora que lo pienso, empezaría por ahí mi reunión con los médicos del mundo: les sentaría a ver los dibujos, para después decirles: “Eso es lo que sabemos la mayoría de la gente sobre cómo funciona nuestro cuerpo, así que haced el favor de explicar vuestros diagnósticos a los pacientes de la manera más parecida a lo que acabáis de ver”. Y mirándolos a los ojos, a ser posible, tratándolos como seres humanos, como personas que están preocupadas, además. Porque, como dijo Ramón Gómez de la Serna, “lo peor de los médicos es que le miran a uno como si no fuera uno mismo”.

24/11/2010 02:18 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Desde mi castillo

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“La curiosidad es un impulso humano que oscila entre lo grosero y lo sublime: a escuchar detrás de la puertas o a descubrir América”. Lo dijo el poeta portugués Queirós, quien supongo que pensaría que soy una grosera con mis prismáticos nuevos. Pero ah, qué vistas.

22/11/2010 01:22 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Contra los desmaravilladores

"En la vida hay una sola grieta

definitivamente profunda:

es la que media entre la maravilla del hombre

y los desmaravilladores".

Afortunadamente está Benedetti (y estáis tantos otros más próximos, más cotidianos) para ayudarme a permanecer en el lado correcto de la grieta, para iluminar diariamente mi mundo, para devolverme la fe en la maravilla del hombre y enseñarme a luchar contra los desmaravilladores.

Afortunadamente, este lado es mucho más amplio, más duradero, más extenso, más verdadero.

21/11/2010 02:17 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

No me explico

Ya lo decía Hemingway: “No te expliques”. Porque "tus amigos no las necesitan y tus enemigos no van a creerte de todos modos", si es que tiene más razón que un santo. Debería seguir su ejemplo siquiera en eso, porque hoy he comprobado que por lo visto, no se me da bien dar explicaciones. Lo que pasa es que a mí me gusta que me den explicaciones, cuantas más mejor, por eso intento hacer lo mismo.

Como no me gusta no contestar las llamadas, debería simplemente coger el teléfono y decir aunque solo sea “no puedo atenderte en este momento”, y no enredarse, como ha sido mi caso, en justificar por qué no puedo detenerme a hablar en ese momento en que efectivamente estoy hablando con la persona que me llama.

Parece un contrasentido, pero los ejemplos han sido claros: qué tal Elena. Pues mira, me pillas conduciendo. Ah, es que te quería contar que... Ya, pero no puedo tomar nota porque estoy en el coche. Ya, sólo era para que supieras que... Sí, pero mira es que voy a llegar tarde. No, si sólo era para que si te viene bien pues... Sí, pero es que de verdad es que ahora tengo prisa. No, pues no te entretengo, pero yo quería que si tú podías a lo mejor pues...

Total, que con la tontería no me he enterado bien y encima me he perdido dando vueltas por Móstoles. Y un rato después, lo mismo. Otro tipo que me llama cuando a él le viene bien, le pido que me llame a las cinco y media de la tarde, cuando tenga tiempo para atenderle bien, y me llama a las cinco menos cuarto. Le explico que aún no he comido, que llevo un día de locos y que por favor me llame más tarde como habíamos acordado y me responde: “ah, ¿no has comido? ¡vaya! Bueno, te puedo llamar más tarde, pero son sólo cinco minutos, mejor nos lo quitamos de encima ahora”. ¿Hola? ¿Qué parte de “son las cinco de la tarde y aún no he comido” no has entendido?

La gente va a lo suyo, así que yo voy a intentar seguir el consejo de Hemingway. Me sabe mal dejarles con la intriga, pero es más frustrante ver que ni siquiera intentas ser entendida.

18/11/2010 23:59 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

Todo pasa y todo queda

La primera vez que Karim sintió frío, pensó que se iba a morir. Karim es burkinabe y en su país nunca ha tenido menos de 20 grados de temperatura. Así que para él pasar un invierno en París fue lo más cercano a estar en la antesala de la muerte.


Yo también pensé una vez que me iba a morir. Era pequeña y sufrí un cólico de madrugada, nunca antes había sentido tanto dolor. Siempre que te sucede algo terrible piensas que no puedes estar peor, que ésa es la definitiva. Pero todo se pasa, y lo que no te mata, te fortalece, que diría Nietzsche.


En esos dolores del pasado estoy pensando en este día grisáceo en que he sido atacada de repente por la fiebre. Confío en expulsar pronto a este virus de mi cuerpo y que me baje pronto la temperatura, aunque quizá no sea tan sencillo: puede que para purificarme, sea necesario que me queme en mi propia hoguera.

16/11/2010 23:29 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

El día que acepté que..

Ya he aceptado aquella propuesta que me hicieron de forma tan misteriosa la semana pasada. He llegado al lugar indicado sólo cinco minutos tarde porque sabía que no tenía nada que perder, he pasado hasta el fondo de la sala, le he dado la mano a todos menos al que ya conocía, al que he saludado levantando la cabeza, me he sentado en una silla y los cuatro hombres repeinados con traje y corbata se han quedado de pie a mi alrededor, mirándome.

Nadie decía nada. “Vaya, me siento observada”, he acertado a decir para romper el hielo. “Es que queremos estar todos, también es nuevo para nosotros. Él te dice lo que tienes que hacer”, me ha respondido el de mayor edad señalando al más joven. Entonces él ha seleccionado una bolsa y la ha dejado encima de la mesa. “Para ti”. Yo no sabía si tenía que abrirla delante de todos o seguir escuchando instrucciones, pero como se me quedaron en silencio mirando me he hecho la simpática y he abierto la bolsa haciendo bromitas y he sacado los documentos y me he puesto encima de las rodillas el paquete y me ha sorprendido que tuviera un lazo.

Seguían mirando en silencio así que me he lanzado a deshacer el lazo y he roto el papel de regalo y he sacado lo que todos estaban esperando, que no era para tanto: un móvil supersónico de última generación que va a seguir mis pasos durante la próxima semana, porque soy la conejillo de indias de un proyecto piloto del departamento de innovación de Caja Madrid.



12/11/2010 00:55 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Todo está relacionado

Una minúscula gota de aceite hirviendo sobre el pulgar de mi mano derecha provoca que se me erice hasta la piel de la rodilla, o lo que es lo mismo, “una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande”. El concepto del famoso “efecto mariposa” se puede llegar a entender con ejemplos domésticos, al alcance de cualquier mente de bolsillo.

11/11/2010 01:04 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

Necesitamos creer

En un día asqueroso como hoy, con viento frío lluvia personas irascibles estúpidas burocracias poco tiempo mucha prisa demasiado teléfono malas noticias por correo electrónico, en medio del atasco me sobresalta una canción de Bon Jovi: “en un mundo que no te da nada, necesitamos algo en lo que creer”.

Necesitamos tener esperanza, necesitamos creer. Que llegará el fin de semana, el ingreso en la cuenta, el tiempo libre, el amor, los días de invierno soleados, el semáforo en verde, un coche que te deja pasar.

Y llega, todo eso va llegando, además con algo que te hace sonreír de puro surrealismo que te regala a veces la vida: un cartel que dice “Respeten la propiedad privada. Gitano de guardia” sobre una valla que protege una verdadera montaña de escombros. Lo he visto aquí mismo, al lado de mi casa, lo que pasa es que no puedo enseñároslo porque no me ha dado tiempo a sacar una foto: inmediatamente se han puesto todos los coches en marcha, desde que me han arrancado esa sonrisa ya todo ha empezado a fluir.

09/11/2010 01:32 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Más alta y más rara

No hablo de mí, sino de ella: más alta y más rara la música que me pide el cuerpo ahora escuchar, al compás de mis pensamientos.

Más alta para que no se escuche otra cosa, más rara para que no tenga ni tentaciones de cantarla mientras voy a 120 por la carretera, porque llega un momento en el que a una le parece que hasta las canciones de Alaska hablan de mí.

08/11/2010 01:00 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

El día que me propusieron que...

Me llama por teléfono a las seis de la tarde un hombre -Miguel me dice que se llama-, me dice que me ha visto y que me quiere hacer una propuesta. Lo dice riéndose por lo bajo. Un poco rara, me dice que es la propuesta, que él tampoco sabe muy bien de qué va, pero que si estoy dispuesta. Y yo sí, bueno, adelante, me pica la curiosidad.

Me dice que me ha llamado porque cumplo los requisitos, que doy el perfil, y noto que se sonríe al otro lado de la línea. Empieza con las preguntas personales: ¿estás disponible? ¿tú te mueves mucho? ¿qué día te puedes pasar por aquí?

Es algo que no he hecho nunca pero me lanzo porque le conozco, le he visto sólo en un par de ocasiones pero siempre me ha tratado bien. Es eficaz. Siempre responde como yo espero. Hasta ahora nunca me ha decepcionado, me fío de él. Además es agradable y siempre se ríe conmigo. Aunque yo vaya a resolverlo todo lo más rápido posible, él se toma su tiempo, lo hace bien.

Me promete algo y sé que lo cumplirá, aunque estoy dispuesta a aceptar de todos modos. Lo que me promete es una recompensa, dice. No sé cuál, no puede explicármelo, yo sólo tengo que seguir unas simples indicaciones. Parece fácil, a ver si lo es.

Es algo innovador, como ir con un duende por la calle y que todo el mundo se te quede mirando, como entrar con un duende en los bares y ver que todos quieren hablar con él, algo que también he hecho por primera vez hoy.

05/11/2010 01:40 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

Remedio para melancólicos

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Cada vez que se sentía triste, el Principito movía su silla hacia el lado de su pequeño planeta desde el que se veía la puesta de sol. El remedio para melancólicos que aconseja Ray Bradbury es tumbarse "como una maceta de lirios" a la luz de la luna, porque el plenilunio es "un color sereno, una caricia reposada que modela delicadamente el espíritu, y también el cuerpo".

02/11/2010 18:33 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Por culpa del teléfono estropeado

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Con estas pintas que llevaba el sábado en la fiesta de Halloween tenía que haberme presentado esta mañana en la comisaría de la Policía Nacional de Alcorcón, para que no me pasara lo que me ha pasado. Que me han hecho estar sentada en una silla incomodísima esperando, esperando, esperando, esperando mirando al suelo para volverme a ir una hora después igual que como había entrado.

A veces es verdad que se gana más por las malas que por las buenas, pero si tienes escrúpulos no te quedas igual de conforme, así que esta mañana no he protestado, no he sacado a la niña satánica de la que me disfracé el sábado.

Será que afortunadamente me estoy haciendo mayor, ya intento no sacar la katana por causas perdidas. Cultivar el arte de la paciencia, dejarlo correr. Hablando se entiende la gente, que dicen, pero precisamente eso es lo que no ha pasado hoy, que sí he estado hablando pero no ha habido ningún entendimiento. He estado jugando al teléfono estropeado sin saberlo, y malditas las ganas que tenía de ponerme a jugar, madrugar y llegar hasta Alcorcón para hacer mi reportaje, en un día de fiesta en el que todos con los que tenía que trabajar no estaban trabajando.

Lo bueno de todo esto es que me he dado cuenta, volviendo en el coche, de que no estaba enfadada. No merecía la pena estarlo; no he perdido fuerzas en protestar. Ya estaba perdida la mañana, ya no podía hacer nada para remediarlo, no valía la pena estropear además mi estado de ánimo.



02/11/2010 01:10 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Cuestión de matices

A mí me encanta hablar, pero no me gusta nada tener que hablar.

31/10/2010 14:35 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Ser bueno está infravalorado

“Ser bueno está muy sobrevalorado”, dice el lema de la película infantil Gru, mi villano favorito, pero yo creo que no, que ni siquiera está suficientemente valorado ser buena persona en esta sociedad que premia a los excesivamente competitivos, a los listillos, a los pelotas, a los que no tienen escrúpulos y las cosas les salen bien.

Tanto, que nos sorprende encontrarnos en nuestro camino con gente que haga las cosas bien porque sí, por bondad intrínseca, sin darse siquiera cuenta de ello, sin presumirlo, sin esperar nada a cambio, como debe de ser.

Tanto, que a menudo se asocia ser bueno con ser tonto, que a veces incluso tenemos miedo a definir a alguien como “buena persona” por miedo a que se malinterprete y lo suavizamos con un “es buena gente”, que eso sí lo entiende todo el mundo como una virtud.

“Tened en cuenta que el trabajo y las buenas personas, como siempre, serán premiados”, escribe quien fue mi jefa en un correo electrónico. Lo leo y me alegro de que haber trabajado para alguien que tiene esos valores, me alegro sobre todo de que siga pensando así a pesar la injusticia por la que acaban de echarla: era su mail de despedida.

30/10/2010 15:15 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

No es oro todo lo que reluce

Qué mundo este, no te puedes fiar ni de los cereales. Me lleno un bol pensando que voy a tomar una cena sana y descubro que tienen casi las mismas grasas y azúcares que un donut chocolate fondant, y están menos ricos. Eso sí que son falsas apariencias. Esto me pasa por no seguir mis instintos.

29/10/2010 01:55 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Cosas que he hecho hoy

Ver amanecer sobre Madrid sin su nube de contaminación, enterarme de que Móstoles tiene un edificio "que se comporta como un organismo vivo", poner a bailar a un león y una jirafa, rescatar a un hombre del frío y el olvido, rascar una estrella azul con olor a fresa ácida, meter una y otra vez a un zorro en su madriguera, escuchar emocionada la primera palabra de tres sílabas que pronuncia mi sobrina.

Después de haber estado jugando las dos con una marioneta, me ha seguido por toda la casa, se ha plantado en el medio del pasillo, se ha quitado el chupete, ha gritado: "¡¡E-LE-NA!!" y con una sonrisa, achicando los ojos, se lo ha vuelto a poner.

28/10/2010 00:26 Elena #. Cotidiano Hay 5 comentarios.

Siempre que lluevas sobre mí

La verdad es que no tengo muy buena memoria para las fechas, los nombres ni los datos útiles, pero los versos se me quedan con mucha facilidad. Hay palabras que escucho una sola vez y se me quedan latiendo siempre dentro, permanecen en algún rincón oculto flotando aletargadas y salen a relucir una noche como ésta para definir en una sola frase -que escuché hace años a un contador de historias- lo que hoy estoy sintiendo:

"Cada vez que lluevas sobre mí, los paraguas de mi corazón permanecerán cerrados".

26/10/2010 02:12 Elena #. Cotidiano Hay 5 comentarios.

Si sol adentro, sol afuera

Lo primero que veo al entrar en casa es a Espinete saludándome desde el recibidor, como quien tiene un perrito que se sube a sus rodillas. Cómo no entrar con una sonrisa. Es uno de los encantos que, para mí, aparte de las vistas, tiene nuestro piso ya por fin definitivamente sin cajas: que todo guarda un cierto desorden estudiado, orden de objetos deliberadamente fuera de contexto, de época y lugar.

Muñequitos de Playmobil encima de la tele, Pin&Pon en el baño, un huevo encima de la TDT, sillas de terraza en el cuarto de estar, un despacho inservible en la mesa de comedor, árboles, flores y plantas dentro de la casa y ninguna fuera en terraza, tantos cojines en el sofá que parece un dormitorio. Nos gusta así.

Todo esto viene a que mis compañeras quieren poner pimientos en el salón, para seguir con nuestro improvisado fluir de desorden, y aunque no me gustan demasiado los pimientos ni sus expresiones asociadas, con esa excusa ya me parece bien.

Al fin y al cabo, hay que guardar la coherencia de las cosas, hoy justamente una amiga terapeuta acaba de decirme que es sumamente importante que nuestra alma tenga una buena ubicación exterior. Que eso de cambiarme tres veces de piso en un año me debería dejar tocada. Que influye mucho más el contexto externo en nuestra estabilidad de lo que nos creemos.

Es cierto que yo, en determinados momentos del pasado, cuando no podía ordenar mi vida, ordenaba cosas. Pero ahora, aunque me importa y me influye el contexto externo, prefiero trabajar en el interior, porque creo que es mucho más certero el dicho de que si sol adentro, sol afuera.

22/10/2010 02:23 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Una rata me enseñó a patinar

Cuánto miedo nos dan las cosas que luego se quedan en nada. Lo hablaba hoy con una amiga recordando el miedo que me daban las rotondas y el tráfico feroz de Madrid cuando empecé a conducir, aquella vez que me cerraron la M 40 de madrugada después de una jornada laboral agotadora y no supe qué hacer para volver a casa, porque era el único camino que conocía y no había nadie a quien llorar al teléfono para que me diera indicaciones.

A punto estuve de dejar el coche en cualquier lado y coger un taxi, pero me dio miedo esperar a que pasara uno sola en medio de un páramo asfaltado. Me sentía más segura perdida dentro de mi coche, tenía gasolina de sobra para dar vueltas por Madrid indefinidamente, y al final llegué, una hora más tarde, cuando conseguí apagar mi histeria preguntando a los transeúntes que había en la calle a esas horas: basureros, dependientes de gasolineras, obreros nocturnos, insomnes paseantes de perros.

Ahora soy una macarra al volante más, ya no queda prácticamente nada de aquel miedo, aunque tengo otros, los miedos siempre son renovados. A menudo de mayores nos dan miedo por ejemplo las polillas, olvidando que de pequeños cogíamos bichos con las manos, los guardábamos en cajas de cartón agujereadas o en frascos y nos pasábamos las horas muertas observándolos. Se suele decir que los miedos son irracionales, que no atienden a razones lógicas, pero no hay nadie más irracional en sus pensamientos que los niños, por estar más apegados aún a sus instintos, tener menos reflejos aprendidos y menos normas de urbanidad impustas, y ellos no tienen miedo. Son inconscientes, solemos decir.

Yo era de las que cogía grillos de pequeña, y no me daban el asco que me dan ahora. En lo que no he cambiado es en la repulsión a las ratas, a pesar de que a mí una rata me enseñó a patinar. Literalmente, en serio. Teníamos una casa con huerto por aquel entonces, y yo estaba aquella tarde en los alrededores con mis patines nuevos, pegada a la pared, moviéndome a la velocidad de un caracol lento. Debía de tener unos siete años y un miedo feroz a caerme y hacerme daño. Pero me daban más miedo las ratas, por eso, en cuanto me pareció ver un rabo largo y grisáceo que se movía entre las lechugas, me eché a correr despavorida. Fue en el momento de llegar sana y salva a casa y contarle a mi madre que había visto una rata en el huerto, cuando me di cuenta de que estaba contándoselo de pie, tranquila y triunfalmente apoyada sobre ocho ruedas.

21/10/2010 01:32 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Nos vemos en los bares

Porque en los bares nos podemos encontrar nueces que piensan, mueslis que no, besos de ardilla, pinochos, peterpanes, tristes de la vida, demasiados aspavientos al otro lado de la barra y a este lado extraterrestres que quieren llamar a casa (nach hause telefonieren). Como dice Ismael Serrano, "en los peores bares, a las peores horas, te encuentras a la mejor gente". De eso sí estoy segura, de que estaba con la mejor gente, formales o aún no.

 

20/10/2010 02:00 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

No hay tiempo que perder

A veces me consuelo con aquella frase de Horacio que decía que hay que perder la mitad del tiempo para poder aprovechar la otra mitad, pero generalmente no, generalmente me da mucha rabia perder el tiempo. Por eso me maquillo en el ascensor, aprovecho los trayectos para hacer llamadas o hablo por teléfono mientras cocino o tiendo la ropa. También por eso odio los atascos, e intento aprovecharlos para pensar y escribir líneas para este blog.

 

Pero las palabras que hoy he escrito me han salido torcidas, ruidosas, violentas, rezuman mala leche por los cuatro costados. Miro la hoja garabateada en un semáforo en rojo y me doy cuenta de que no quiero publicar eso, que no puedo dejarme contagiar así por la violencia del tráfico de Madrid.

 

Ya que he conseguido no pitar a ese imbécil que está parado en doble fila mirando la vida pasar desde la ventanilla con cara de nada, tampoco voy a vociferar aquí. Los pitidos son contagiosos, pero no sirven de nada, ni siquiera de desahogo. Ya lo decían los chinos: si tiene solución, por qué te preocupas, y si no tiene solución, por qué te preocupas. Así que decido no preocuparme aunque no me guste llegar tarde a los sitios porque voy a llegar tarde de todos modos, y mejor no llegar agobiada y de mal humor. Ya van a tener que soportar mi retraso como para encima aguantar malas caras.

 

Es lo mismo que pretendo conseguir por las mañanas; soy dormilona pero me he dado cuenta de que no merece la pena quedarse remoloneando en la cama. Conseguir diez minutitos más de sueño no sirve para tener menos sueño, es mejor emplear ese tiempo en vestirme con calma, desayunar tranquilamente o no tener prisa en salir de la ducha. Así se puede empezar bien el día, sin agobios, ganando calidad de vida en esta ciudad frenética que le da la razón al filósofo estadounidense Will Durant, cuando decía: "ningún hombre con prisa puede considerarse civilizado".

14/10/2010 01:58 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

El misterio del olor que viene y va

“Hueles a colonia de maromo”, me dice mi compañera de piso desde la puerta de la cocina. Yo estoy sentada a la mesa tomándome tranquilamente un café y la frase me sobresalta. Me río primero, porque me hace gracia, y luego me pongo a pensar. No he tenido a ningún maromo hoy a menos de un metro de distancia. Mi ropa no se la ha puesto ningún chico. Por supuesto, me he duchado esta mañana, pero ni siquiera me he echado colonia o crema corporal (que en cualquier caso sería femenina, de eso estoy segura).

 

“Me ha venido una ráfaga”, insiste ella todavía desde la puerta, “¿no lo hueles tú?”. Sugestionada, me quito la chaqueta que llevo puesta y al olerla de cerca no, pero al volver a ponérmela me viene, efectivamente, una ráfaga a colonia de hombre. Me la vuelvo a quitar y ya no, no huele ni siquiera a suavizante, sólo huele a chaqueta de punto azul, o sea, que no tiene olor: la colonia de maromo sólo está en nuestra cabeza.

 

Qué cosas. Será el poder de la mente, el mismo que origina el efecto placebo, el mismo que hace que veamos platillos volantes donde sólo hay luces, el mismo que vende esa filosofía de las cosas son de quien las desea con fuerza y que hay que proyectar lo que quieres que te pase, o será que yo tengo habitualmente la mente en blanco y soy transparente, porque anoche mismo un mago adivinó el animal que precisamente yo estaba pensando.

 

13/10/2010 17:46 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

El que avisa no es traidor

Así que no quiero reproches. No es la crisis del escritor con pánico a la hoja en blanco. Ya dije que estaba de mudanza y que entre cajas es difícil encontrar la calma que necesito para escribir. He tenido un comienzo de otoño bastante complicado, aún tengo no sé cuántas cajas sin abrir y he perdido muchas tardes de tiendas, con lo que yo odio ir a comprar; tanto que en una de ésas, encerrada en la ratonera que es el Ikea, estuvimos a punto de comprar un escritorio como mesa de cocina, hartas ya de tanto mirar.

Los refranes siempre dicen la verdad, así que no soy una traidora. Pero sí una vaga, claro que es una vergüenza que estemos a día 12 y tenga cuatro tristes entradas, cuando mi propósito de año nuevo era escribir siquiera una línea cada día, que todos los días de este 2010 tuvieran algo que contar. Ah, pero eso sí lo he cumplido; todos los días he tenido historias que contar. Lo saben los que han estado cerca, los que quieran saber, que esperen, que en algún momento se abrirá esa puerta.

12/10/2010 15:21 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Ordeno y mando

Detesto ordenar, pero hay que ver qué gusto da ordenar. Me quita hasta el sueño. Cuando me entra la furia ordenadora, descubro feliz un lugar perfecto para cada cosa y encuentro cosas que no sabía que tenía y me doy cuenta de que hasta me sobra espacio y le doy la razón a mi madre, que siempre dice: “¿cómo no va a caber?, bien ordenado, todo cabe”.

Así voy poco a poco deshaciendo el desbarajuste de la mudanza, cogiéndole gusto al orden, retomando el mando de mi vida, quién sabe si esta es la misma base de los que le cogen el gusto al poder y la escalada de orden ya es imparable.

07/10/2010 01:02 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

Cómo no levantarse de buen humor

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Cómo no levantarse de buen humor si esto es lo primero que veo cuando abro los ojos, porque yo nunca bajo las persianas. Mi principal requisito cuando nos pusimos a buscar piso era que la casa tuviera luz porque yo la necesito para vivir, como las plantas para hacer la fotosíntesis. A veces la realidad supera nuestros deseos. La primera vez que volví a casa después del trabajo, pensé que me había dejado la luz encendida porque no era normal la claridad que había dentro del piso, pero ¡ah, no! era el sol.

"Algo nos está pasando

desde que la gente está empeñada

en quererse amar y en poder vivir.

Algo nos está pasando

ayer apreté el interruptor de encender la luz

y encendí el sol", que cantaba Silvio.

 

02/10/2010 15:05 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Hoy es un día de esos

Hoy es uno de esos días en los que ya no tengo fuerzas ni para teclear. Me he pasado toda la tarde peleándome con la vida que había debajo del sofá, peleándome con mi ordenador que ha decidido hoy morirse, peleándome en silencio con los que se quedan mirando a las musarañas en doble fila.

He perdido la tarde también haciendo viajes con cartones para el contenedor, bolsas para la basura, cajas para la nueva casa (¿de dónde salen tantas cosas? ¿acaso se están reproduciendo de tanto esperarme en el pasillo?), preguntándome de dónde salen tantas pelusas, cómo se originan, por qué deciden reunirse todas en los rincones, de qué hablan en esas reuniones, etcétera.

He estado, como podéis suponer, muy dispersa, quizá por eso he tardado tanto en acabar de irme de la casa verde. Tanto que ni siquiera me he despedido, ya ni me da pena, soy una convencida infiel con la casa blanca. 

Así que no me quedan ya fuerzas. Tengo, eso sí, ideas de sobra dándome vueltas por la cabeza. Podría quedarme aquí un rato compartiéndolas, pero tengo a un ser humano respirando aquí a mi lado, deseando que apague la luz y que me duerma.

 

01/10/2010 01:12 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

En ocasiones veo cajas

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Concretamente 30 cajas rodeándome ahora mismo, 27 cerradas, cuatro maletas, siete bolsas y no sé cuántos bultos más.

Ni siquiera aún está todo dentro de la nueva casa, y aún quedan los trámites más engorrosos que conlleva todo cambio de domicilio. Y no me refiero sólo los engorros burocráticos (que ya sabéis que detesto porque yo he nacido para ser marquesa) sino a lo que para mí es más difícil de las mudanzas: encontrar un nuevo sitio para cada cosa, aprender a llegar rápidamente a la nueva casa, acostumbrarse a los nuevos vecinos (ya he conocido a dos hoy, un matrimonio muy simpático ("del 7ºA, tanto gusto") que están "para lo que se ofrezca" y un niño estúpido que me ha llamado "abuela", aunque rápidamente ha logrado evitar que comenzara a cavar su tumba, porque cuando le he preguntado me ha echado 26 años).

Pero sobre todo, lo que más me cuesta de las mudanzas, lo que me da más tristeza, es abrir un cajón y que aparezcan servilletas en lugar de cubiertos, ir a coger el azúcar y encontrarme el orégano, no saber dónde están los vasos, las medicinas, los cuadernos.

Pero a quién le importa todo esto cuando levanto la vista y veo todo Madrid a mis pies, este mar de fueguitos en misterioso silencio.

30/09/2010 02:36 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

Se busca mansión

Ya está decidido. No voy a hacer lo más sensato, lo que me recomienda todo el mundo, esa tontería de aprovechar la mudanza para tirar cosas. La gente me lo dice como si fuera nueva en esto, cuando he vivido en 17 casas distintas a lo largo de mi vida. Ya perdí bastante en el camino.

 

Sé que no sirve de nada acumular recuerdos del pasado, sé que además a menudo estorban, sé que sólo serán útiles cuando tenga 70 años, cuando me servirán para traer al presente instantes de felicidad desde el pasado a través de los recuerdos, pero quizá por eso.

Los objetos a mí me sirven para viajar en el tiempo, me cuentan historias, me hacen revivir sensaciones que son sumamente reales y nítidas con el objeto delante, tienen mucho más poder que cuando las traigo al presente sólo a través de la memoria.

Hoy por ejemplo he encontrado mis primeras gafas. Las que me tuve que poner con rabia cuando me cansé de achicar los ojos para ver la pizarra en octavo de EGB. Son, por supuesto, espantosas, redondas y grandísimas. No tienen ya cristales, pero me las he puesto y juro que me he mareado, veía borroso, como cuando te pones las gafas de otra persona, con distinta graduación. Ha sido exactamente la misma sensación de cuando me las puse por primera vez y veía el mundo de otra manera, más brillante, más nítido, pero también extraño.

¿Os dais cuenta de cómo no me puedo deshacer de este tipo de cosas? Si no puedes con el enemigo, únete a él. Me resigno a convivir el resto de mi vida con mi síndrome de diógenes, pero tengo que actuar para que nos llevemos bien, hacer algo.

Por eso digo que está ya decidido: ya que no me puedo deshacer de todas mis cosas, lo que tengo que hacer es empezar a trabajar desde ya para poder vivir en una mansión en la que quepan todas mis cosas. Viendo cómo está el periodismo, creo que lo más sensato será centrar mis esfuerzos en intentar casarme con un millonario que me permita destinar todo un ala de nuestro palacio a mi museo de nostalgias.

25/09/2010 20:25 Elena #. Cotidiano Hay 5 comentarios.

El primer paso es reconocerlo

Y digo yo: Si puedo vivir -como estoy viviendo actualmente sin ningún apuro- con la mitad de mis cosas encerradas en cajas, ¿no será que me sobran exactamente la mitad de las cosas que tengo?

Ya sé, ya sé que la respuesta es fácil, pero a ver quién es el guapo que le da la noticia a este síndrome de diógenes que tengo (romanticismo nostálgico lo llamo yo), con el que me voy a mudar también al nuevo piso...

25/09/2010 19:21 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Cómo ganarse una propina

Ya íbamos a dejarle cinco euros de propina y el tío se ha quedado con uno más, por todo el morro. “Este eurito me lo quedo yo para tomarme una birra”, nos dice. Vale que se ha pegado una paliza tremenda haciéndonos la mudanza, pero es su trabajo, le hemos contratado para eso, él fijó el precio y encima le hemos ayudado.

Por definición, las propinas hay que ganárselas, no quedárselas ni pedirlas, y desde luego él ni siquiera se la había ganado, que han tardado casi una sospechosa hora entera en descargar el camión (sospechosa sobre todo por cómo olían a cerveza) y nos han ensuciado el sofá.

Pero qué hacer, no hemos sabido reaccionar. Lo peor es que te quedas con cara de tonta cuando te encuentras en una situación así, y de eso se aprovechan los aprovechados, dan por supuesto que nadie tendrá tanto morro como ellos.

A mí me gusta dar valor a las palabras que digo y a las cosas que hago, por eso generalmente no dejo propinas por costumbre sino cuando lo merecen.

Una amiga mía nunca deja propinas en los bares ni restaurantes porque dice que ella también es mileurista y no por eso le dan propinas, que esa es una costumbre de señoritos que agradecen con condescendencia que les están haciendo un favor por servirles el café, cuando es su trabajo, y creo que en parte tiene razón. Pero a mí sí me gusta dejar propinas cuando ha sido un encanto el camarero, que me traten bien sobre todo cuando voy a un bar sola me suele alegrar el día.

Por ejemplo a mi frutera, que es una choni de barrio, le dejaría propinas siempre, pero no hay costumbre y ni siquiera cobra ella. Le dejaría propina porque es buena gente, se le ve, hace con cariño su trabajo y trabaja muy bien, es amable sin ser empalagosa ni pesada, le sale con naturalidad. Te recomienda frutas u ofertas, y escoge las mejores piezas cada vez.

Me gusta ese tipo de personas, y el camarero de un pub que hay debajo de mi casa, que nos recibe siempre como si fuéramos sus amigas de toda la vida, se alegra de vernos y nos invita a una ronda cuando considera que nos hemos quedado poco tiempo en su bar.

También me gusta el camarero de una terraza en la que me senté el otro día, que al limpiarnos la mesa con una bayeta dijo: “A ver, un poquito de Feng-shui por aquí para que fluya la conversación”.

23/09/2010 01:09 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Ya tenemos perrito que nos ladre

Vale que mi compañera de piso y yo somos unas cotillas, pero esta vez la culpa es de los tabiques de estos edificios nuevos que ya no son como los de antes, no dejan lugar a la intimidad del hogar.

Por culpa a ellos nos enteramos de la tremenda bronca que organizaron de madrugada nuestros vecinos de rellano, una pareja joven de modernitos que nunca nos habla pero a los que solemos oír desafinar, porque les gusta cantar pasada la medianoche.

Desde cualquier lugar de nuestra casa se oyeron esa noche unos golpes terribles y después, nada. Al día siguiente ni siquiera escuchamos a su perro ladrar. Horacio se llama el pobre perro, es tan feo que parece un jabalí y ladra todo el tiempo, es pesadísimo, debe de estar amargado encerrado en esa casa.

Fue un alivio dejar de oír ladrar al pobre perro, pero también sospechoso. Quizá su desaparición estaba relacionada con los golpes de aquella noche, porque creemos que el perro era de ella y a él no le gustaba un pelo tener a ese bicho todo el día ladrando.

El caso es que nosotras estuvimos meses agradeciendo poder echar de menos sus ladridos y hoy de repente han vuelto, los llevamos oyendo todo el día y ahora acabamos de ver a la pareja paseándolo por la calle, muy acaramelados, como nunca antes los habíamos visto. De hecho, antes nunca sacaban al perro juntos, es más, ni siquiera salían a la calle juntos, y creo que por lo nervioso que estaba el perro siempre detrás de su puerta, ni lo sacaban.

Pero hoy sí que lo han sacado, lo hemos visto con nuestros ojitos, eso ya no son intuiciones de vecinas cotillas detrás de la puerta. Así que hemos concluido que no vivimos puerta con puerta con unos criminales – asesinos de perros pesadísimos, sólo con una pareja que se acaba de reconciliar. Qué bonitas las segundas oportunidades, aunque de fondo no suene música de violines sino ladridos de perro-jabalí.

20/09/2010 23:52 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Desde las alturas, una explicación

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Por culpa de esta foto he escrito tan poco estos días en el blog. Reconozco que he perdido la buena costumbre y lo lamento, pero tengo una buena excusa: he estado liada buscando el piso perfecto y ha resultado que existe, o al menos me importan poco sus defectos teniendo estas vistas desde la que será en unos días mi habitación...

Intuyo que seguiré escaqueándome de mi escritura diaria mientras dure la agónica mudanza, es difícil encontrar la paz que necesito para escribir rodeada de cajas, pero espero que dentro de poco las alturas me inspiren... al menos estaré más cerca de las musas desde mi nuevo octavo piso, claro que quizá tan cerca de ellas que será demasiado fácil desviar la vista del ordenador...

19/09/2010 22:19 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Perder las buenas costumbres

Me echa en cara una amiga que ya no le doy dos besos cuando nos encontramos. La confianza da asco, me reprocha medio en broma. Tiene razón, últimamente nos vemos mucho y he olvidado ese gesto de cariño.

Me he acostumbrado a su presencia, a que verla no sea una novedad y por eso he perdido la buena costumbre de saludarla con dos besos, que con toda la razón me reclama y echa de menos.

Pero no quiero dejar de demostrarle mi cariño, no quiero dejarme arrastrar por las prisas, el agobio del trabajo ni la rutina cuando estamos juntas. Hay que cuidar a las personas que queremos, no hay que perder las buenas costumbres.

Es como ese novio que iba a buscarla todos los días a la salida del trabajo, hasta que un día dejó de hacerlo. Se encontraban un rato después en cualquier otro sitio, no es que dejaran de verse, pero aún así es lógico que ella echara ese gesto de menos y tenía derecho a reclamarlo, era él quien la había acostumbrado.


14/09/2010 01:24 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

De señales y deseos

Dice una amiga mía que hay que desear las cosas que queremos que nos pasen con fuerza, con convencimiento y con todo lujo de detalles, porque la vida no va a andar jugando a las adivinanzas. En esas estoy, aspirando a encontrar el piso de mis sueños convencida de que existe y de que está disponible, no hay por qué conformarse con menos.

Lo cierto es que encontramos ese piso que cumplía todos los requisitos (incluso los prescindibles), ese piso en el que ya nos veíamos viviendo, ese piso hacia el que apuntaban todas las señales, y lo dejamos escapar, porque tampoco creemos tan a ciegas en el destino.

Bueno, en realidad lo dejamos escapar porque los caseros iban a ser la panda de friquis de la que escribí hace unos días y pretendían jugar sucio con nosotras, pero igual fue una decisión nuestra no dejarnos llevar por lo emocional, lo que es todo un logro teniendo en cuenta lo poco racionales que somos en nuestra vida diaria. Al fin y al cabo, yo al menos creo que las señales sólo existen si crees en ellas y quieres verlas como tales. Si no les otorgas tú conscientemente un significado, son simples coincidencias, hechos accidentales que suceden a tu alrededor, cosas que pasan y no se quedan.

12/09/2010 23:34 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Pobre Alberto Pérez

    Pobre Alberto Pérez, que llamó a su puerta un día de diario a la hora de la siesta haciéndose el simpático y preguntándole qué tal. Ella dijo “bien” y él “pero no me mires con esa cara de susto”, y ella “perdona, pero es que no te conozco de nada”, y era verdad.

    No era verdad que tenía sólo 23 años y por eso no podía apuntarse a la campaña que vendía puerta a puerta el pobre Alberto Pérez sin perder la sonrisa ni el ánimo.

    Es que ya no saben ni qué inventarse los comerciales para que no les cierres la puerta en las narices, y supongo que lo tienen estudiado como una buena fórmula para enganchar clientes, porque hay mucha gente sola en esta ciudad que agradecen incluso que un desconocido comience a darles conversación preguntándoles qué tal están.



11/09/2010 13:11 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Un muerto es un escándalo

Es terrible estar de acuerdo con un monstruo como Goebbels, pero hay que reconocer que tenía razón cuando afirmaba: “un muerto es un escándalo, mil muertos una estadística”.

Leo en un reportaje que en 2009 murieron más soldados estadounidenses por suicidio que en el campo de batalla y se me ponen los pelos de punta, pero ya casi ni me escandalizo cuando a diario salen imágenes de los atentados en los que mueren decenas de civiles en Irak, lo oigo como se oye llover.

20 millones de afectados por las inundaciones en Pakistán duelen menos que un solo fallecido por la ola de calor en España, importa menos, ocupa menos en el telediario, no llegamos a imaginarnos que lo de Pakistán es como si quedara arrasada la mitad de nuestro país.

Tengo una amiga que vive en el Norte de México y entonces me interesan las terribles noticias que llegan del Norte de México. Si no la tuviera a ella, si no recordara su testimonio entre lágrimas, pasarían a mi lado sin tocarme el corazón, sin preocuparme, las noticias que salen en los medios. Qué egoístas somos los humanos, eso sí que es un escándalo.

11/09/2010 12:56 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Los friquis se crían y luego no se juntan

Lo digo porque en las últimas 24 horas se han cruzado en mi vida cuatro personas que más bien son personajes. Uno de 83 años con pintas de rockero trasnochado, pelo largo blanco con coleta deshecha y tres camisas una encima de la otra que se nos quedó mirando con la cabeza ladeada, pidió tabaco y se marchó, diciendo que volvería a lo mejor, o no.

Otro acodado eternamente en una barra con pose de galán de cine, con un traje de ejecutivo ajustado que igual podría venir de una reunión de trabajo o de hacer un striptease y mirando el panorama sin hacer absolutamente nada que no fuera beber poco a poco un mini de cerveza.

Una poetisa con camisa de seda, brillantes en el pelo, tirabuzones en las puntas y zapatos de andar por casa que juega a ser despistada, escondiendo a la arpía que lleva dentro y en un momento nos llena la mesa de papeles, carpetas, refrescos y patatas fritas.

Un señor fanático del judaísmo, descamisado de pelo en pecho que se mueve frenéticamente mientras nos cuenta que tiene la manía de plantar árboles y de no tirar muebles destartalados y que nos explica las excelentes calidades de un edificio y que nos ofrece los 38.000 libros de su biblioteca, dice.

Se me han cruzado en la vida estos cuatro personajes como digo en las últimas 24 horas y he comprobado que les gusta la gente normal. Los friquis no quieren tener competencia, quieren destacar. Podríais pensar que yo tampoco soy una muy persona normal que digamos, que si se juntan conmigo algo en común verán, pero no. A uno de ellos precisamente le gustamos mis amigas y yo por normales, por ser naturales dijo. Viva la naturalidad, la de ellos y la nuestra.

10/09/2010 02:36 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

¡Existen los ángeles!

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Existen los ángeles, los duendes y las hadas, claro, si ya sabéis que yo siempre he creído en eso, incluso aún me parece ver a los Diminutos (pequeños seres bondadosos que están viviendo con nosotros) asomándose por las rendijas del respiradero del baño. Pero yo, que me he acostumbrado a convivir con estas imaginaciones mías sin darles demasiada publicidad, ¡ahora tengo pruebas!

Lo digo porque hay un ángel en la Comisaría de la Policía Nacional de Coslada que me ha hecho un gran favor sonriéndome y todo, como los ángeles de verdad. El mismo favor que me han negado unos minutos antes cinco agentes fornidos y ociosos, que no se han apiadado de la mejor carita de niña buena que he conseguido poner.

Yo solo necesitaba urgentemente renovar mi DNI, y mi ángel lo ha hecho posible sin que yo tuviera que mentir (apenas) ni utilizar mis armas de mujer. Lo mejor de todo es que ahora mi DNI, un triste y gris documento oficial, tiene una historia bonita que contar, aunque para mí haya sido una odisea.

Y aunque en él yo salga ahora con una cara espantosa de fotomatón, eso es más importante que haber perdido para siempre mi anterior documento en el que (arriba tenéis la prueba), salía fenomenal. Modestia aparte, todos me lo dicen; eso sí, añadiendo que no parezco yo ni de lejos, pero juro que la foto me la hizo un chino en Aluche hace un par de años.

Bromas aparte, lo importante es que me creáis, los ángeles existen, pero van disfrazados de personas normales que se cruzan a veces en tu vida para quitarte las piedritas del camino, para ayudarte a sortear los días terribles con pequeños gestos generosos, con las palabras adecuadas que llegan a tiempo, con unas risas después de cenar.

03/09/2010 01:27 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Ay, Manolete

Lo escribo ahora, en esta madrugada insomne, para conjurar el peligro, para ahuyentar fantasmas, para romper el hechizo. Confío en no tener que volver aquí dentro de poco con el rabo entre las piernas para completar el título de este post. Soy consciente de mis limitaciones, pero no son infinitas ni perpetuas. Por qué no voy a poder. Siempre he crecido ante la adversidad. Ya lo decía Haruki Murakami, hasta que las cosas no te pasan por primera vez, no han sucedido nunca.

02/09/2010 01:31 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Adónde irán las preguntas que no hacemos

Un día, mientras estaba yo esperando al autobús en la calle, se me acercó una chica y me preguntó con acento argentino si tenía la cara sucia. Yo me quedé mirándola extrañada, porque la verdad es que la chica era guapísima e iba impecablemente maquillada, así que le dije que no se preocupara, que estaba bien, y entonces ella, con una media sonrisa, me confesó que me hacía la pregunta porque había estado llorando.

En ese momento llegó el autobús, en silencio las dos nos subimos, cada una tomó asiento en un lugar y llegamos a nuestro destino, no pasó nada más. Han pasado muchos años desde aquéllo y aún me pregunto por qué no fui capaz de decirle nada. Claro que era una desconocida, pero era una desconocida que me acababa de confesar que había estado llorando y yo no supe qué contestar.

Podría haberle ofrecido un pañuelo, preguntarle si ya se encontraba bien, si podía ayudarla en algo, si quería tomar un café... puede que entonces ella me hubiera contestado que me metiera en mis asuntos, pero quizá un gesto amable por mi parte le habría sentado bien.

Tiene que pesar más esa segunda posibilidad, la de hacer algo bueno por alguien aunque ni siquiera sea un ser querido. Está en nuestra mano, con gestos muy sencillos, hacer que se sientan bien las personas que nos rodean. Yo creo que todo en esta vida está entrelazado, que cualquier gesto tiene consecuencias.

Si yo le cedo el paso a una persona en el autobús con una sonrisa, esa persona irá dentro de lo que cabe de buen humor a trabajar y atenderá mejor sus gestiones y llegará más relajada a casa y tendrá ánimo para jugar un rato con sus hijos, por ejemplo.

Si esa persona empieza el día con una chica que de malos modos le entorpece el paso porque está pagando el mal humor que le produce madrugar, por ejemplo, empezará la jornada refunfuñando y será más fácil que a partir de ahí todo se vaya retorciendo.

Por eso tenía que haberle dicho algo amable a aquella chica argentina que me encontré en la parada del autobús. Demasiadas veces no hacemos gestos amables hacia otras personas que pueden contribuir a crear un mundo mejor. Siempre me ha gustado la canción de Víctor Manuel que se pregunta adónde irán los besos que guardamos, dónde se irá ese abrazo si no llegas nunca a darlo.

También hay que atreverse a preguntar más, perder los miedos y la vergüenza, explicarnos, abandonar misterios y absurdos pudores. A veces ni siquiera nos atrevemos a preguntar por miedo a la respuesta, por temor a incomodar, pero creo que siempre es positivo intentarlo, porque si fracasamos, lo peor que nos puede pasar es que nos quedemos igual.

30/08/2010 13:08 Elena #. Cotidiano Hay 5 comentarios.

Un hombre con bigote aporrea mi puerta

Hoy a las ocho y media de la mañana he entrado en un local cochambroso de tipos rudos y calendarios de tías en bolas. Estaba desesperada, parecía el único lugar donde me podían echar una mano a esas horas para cubrir mi necesidad. Y efectivamente me han echado una mano de buena gana, si es que para nada sirven los prejuicios. Era un taller de puertas, verjas y persianas, algo de cerraduras también ponía en el cartel.

 

Un hombre sucio, calvo y con bigote me ha acompañado hasta mi casa y ha estado más de media hora aporreando la puerta, haciendo temblar toda la pared del rellano, hasta que he conseguido entrar. Como un caballero me ha cedido el paso, me ha hecho un apaño en la puerta para que no volviera a encajarse la cerradura y con una sonrisa de macho satisfecho se ha marchado, después de susurrar algo sobre cómo somos las tías, que no tenemos en casa ni un destornillador.

 

A mí la verdad es que no me molesta encajar en el estereotipo de hembra débil, ni que hagan comentarios machistas cuando realmente tienen razón. Como aquél día que conseguí con cara de niña desamparada y torpe que dos policías se agacharan junto a mi coche para cambiarme una rueda. Refunfuñaban y seguro que pensaron “mujer tenías que ser”, pero me dio igual, que pensaran lo que quisieran de mí, llegaba tarde a una entrevista de trabajo y estaba formando un monumental atasco con mi coche atravesado en mitad de una calle.

 

Lo positivo de todo esto es que hay gente dispuesta a ayudar sin esperar nada a cambio en esta inhóspita ciudad. A veces a regañadientes, pero hoy de buena gana. Antes del señor con bigote, en una gasolinera, un grupo de desconocidos con prisa se ha detenido a darme consejos, uno incluso se ha ido a buscar en su coche algo que me pudiera ayudar a abrir la puerta, empeñado en que no llamara a un cerrajero porque me iba a costar muy caro, y después la camarera de un bar que nunca había pisado me ha dado un bote de 3 en 1 con una sonrisa y un “ya me lo devolverás”.


Estas cosas pasan en Madrid. Claro que también hay gente que va a lo suyo, que no se paran a echar una mano ni al que vive puerta con puerta. Lo digo porque hoy también me he dado cuenta de que vivo en un edificio rodeada de cadáveres. Porque si no están todos muertos, cómo se explica que nadie se escandalizara anoche ni esta mañana con el ruido y los golpes que hemos dado intentando abrir la puerta, cómo es posible que un señor aporree mi puerta durante más de media hora a las ocho y media de la mañana y nadie haya asomado el hocico ¡ni para cotillear! Desde luego, ahora sé que nadie va a dar la voz de alarma si algún día entran a robarme, ¡y yo preocupándome por no molestar a los vecinos cuando hemos organizado alguna fiesta!





25/08/2010 20:18 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Magia, chasco y giraluna

Hoy me encontré en la playa una piedrita blanca en medio de la arena negra. Me gusta caminar por la orilla del mar mirando al suelo y no al horizonte, sintiendo el océano a mi lado, infinito y rugiendo.

Tengo la manía de recoger piedras allá por donde voy, las colecciono a pesar de que no tengo ni idea de geología y mi amiga geóloga después siempre me dice que escojo las más feas, las que no tienen ningún valor más allá del recuerdo emotivo del momento y lugar en que las recogí.

Yo las voy guardando en una cajita de madera, donde las atesoro todas juntas aunque pasado el tiempo no soy capaz apenas de distinguirlas ni de recordar su procedencia. Pero igual me gusta vivir ese descubrimiento, encontrarme con una piedrita especial en medio del entorno y guardármela en el bolsillo como una prueba de ese instante feliz, aunque la emoción me dure lo que tardo en deshacer la maleta al volver a casa y guardarla en mi cajita.

Así que hoy recogí con ilusión mi piedrita blanca, brillante y con forma de oreja. Estaba sola en medio de la arena negra en la orilla del océano, rodeada de rocas volcánicas, de antiguos restos de lava, y pensé que era una suerte haber encontrado una piedra tan especial en la que nadie (cientos de bañistas, Tenerife hoy parecía Benidorm) había reparado. Tan rara mi piedra blanca en una playa de arena volcánica como encontrar un giraluna en un mar de girasoles. Magia, cómo no, en la tierra de los magos.

Pero cuando presento mi hallazgo a mis amigos de la zona me dicen que seguro que es un trozo de ladrillo, sin más. Que es muy habitual en Tenerife tirar escombros al mar, que en no sé qué pueblo hasta pusieron cámaras en los barrancos para que la gente se cortara de tirar incluso electrodomésticos al océano, que no hay chatarreros y que funcionan tan mal los puntos limpios y los servicios de recogida que cuando haces obras en tu casa es preferible coger un saco y deshacerte tú mismo de todo lo que te sobra.

Así que mi piedra mágica es un escombro erosionado y traído hasta mi playa por el mar, que antes fue probablemente la pared de un chalet de lujo, porque brilla mucho y tiene incrustaciones de trocitos de piedra transparentes. Pero no me importa, igual la atesoro y recordaré esta historia; pasada la desilusión inicial, yo sigo confiando y queriendo creer en mi suerte, en la de poder ver el lado mágico de las cosas, en la de encontrar un giraluna en un mar de girasoles.

09/08/2010 03:27 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Entre un mar de nubes y de pinos

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06/08/2010 02:05 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

A este lado del océano

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En estos días vivo entre un mar de nubes, un mar de lava, un mar de pinos, un mar de luces, un mar de rocas y un espacio inmenso de peces y de agua salada que es el mar... Qué distinto es vivir por unos días en una isla, aunque esta isla parezca todo un continente.

Qué felicidad poder olvidarse de los relojes y las preocupaciones y los jefes y la burocracia y los atascos y de todo lo malo que tiene el Madrid que tanto quiero, del que tengo que alejarme un poco para oxigenarme y seguir queriéndolo. Aquí encuentro la razón para estar trabajando durante todo el año, para vivir estos momentos de felicidad, a este lado del océano.

Aún así, hay cosas que echo de menos. Incluso cuando me despierto en un acantilado junto al mar, cuando ceno sobre unas rocas a la luz de las estrellas, cuando disfruto de una conversación sobre la arena negra y brillante, cuando alguien de repente trae vasos y vino blanco e improvisamos un picnic a los pies de un volcán rodeados de lagartos, y les tiramos a los lagartos un trozo de tomate, que rodean impacientes y lo empujan entre todos, alejándose, felices del festín que se han encontrado

06/08/2010 02:03 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Cuánto hemos cambiado...

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Quién nos lo iba a decir hace once años, cuando nos conocimos de aquella manera tan confusa, tan atropellada, que después de tantos dimes y diretes, de tantas risas, confesiones, complicidades, enfados y silencios compartidos, que volveríamos todos a reunirnos, a estrechar los cientos de kilómetros que en ocasiones nos separan, para brindar por que sean felices no hasta que la muerte los separe, sino para que sepan hacerse felices todos los días de su vida.

02/08/2010 11:33 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

A menudo la vida no es para tanto

Hay una Elena que va por mis sueños y que es mucho más valiente y más decidida que yo. A veces logro sacar a esa Elena a la superficie, pero no siempre. Suele quedarse remoloneando por mis imaginaciones, dibujando un mundo de color de rosa, deshaciendo problemas y ajusticiando a los malos. Pero cuando se asoma hasta a mí me sorprende, porque lo resuelve todo de una manera sencillísima, demostrando que mi imaginación es un espejo que todo lo agranda, para bien y para mal.

 

La vida real no se parece al dibujo que hay dentro de mi cabeza. A menudo la vida no es para tanto. Ni cuando te imaginas que va a suceder una catástrofe, te pones en lo peor y tienes miedo hasta de llamar por teléfono no sea que se confirmen tus sospechas, ni cuando pintas en tu imaginación una realidad fabulosa y luego te encuentras con que no hay música de violines sonando ni estrellitas de colores pululando a tu alrededor.

 

A menudo el problema son las expectativas; ponemos demasiado empeño en ellas y se convierten en frustraciones planeadas de antemano, que decían en no sé cuál novela. Sí hay que tener esperanzas pero no tanto expectativas. Siempre esperanzas, siempre ilusiones, siempre hacia delante, siempre merece la pena al menos intentarlo.


La Elena de mis imaginaciones y yo sabemos que merece la pena no aferrarse a las ensoñaciones y centrarse en vivir dentro del mundo real, con sus choques y sus contradicciones, porque a pesar de lo dicho creemos que al doblar cualquier esquina puede empezar a sonar música de violines, porque creemos que la realidad siempre supera la ficción, incluso en lo maravilloso, en lo mágico.

30/07/2010 23:52 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Que lo peor que te pueda pasar sea vergüenza

Hay mucha gente que se muere frecuentemente de vergüenza. Yo también me he muerto muchas veces de la vergüenza, incluso de vergüenza ajena.

Pocas veces he sido capaz de poner en práctica el dicho aquél de "mejor ponerse una vez colorado que ciento amarillo" o algo así, que ni me lo sé de no ponerlo en práctica. Pero ya estoy cambiando; la pasada semana estuve a puntito de caer fulminada en dos ocasiones por culpa de la vergüenza, pero bastó con aguantar un momento quieta y calladita para que pasara todo y no pasara nada. La vergüenza siempre se pasa, y aquí estoy. Sobreviví. Y tengo incluso fuerzas para compartir mi revelación: Merece la pena arriesgarse porque de las muertes de vergüenza siempre siempre se resucita, y a veces incluso fortalecida.

20/07/2010 01:09 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

"Adonde mires claro, allá podrás volar"

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Hay días que una sólo tiene ganas de soñar despierta

15/07/2010 01:07 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Para los que hoy no estaban alegres

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Hoy que todo son vítores y caras sonrientes, no me queda ya ninguna alabanza por decir a nuestros campeones, sólo que da gusto vivir en un país hoy tan feliz, más feliz que ayer, más orgulloso que ayer, más ilusionado que ayer. Fuimos a por ellos y hoy vivimos un país más optimista que por unos instantes cree que es capaz de ir a por todo. Ojalá dure el sentimiento porque ésa es la fuerza que ayuda a hacer realidad los sueños.

Cómo no contagiarse de la euforia colectiva, les digo a las dos personas que conozco que ayer no quisieron ver el partido de España. Una se fue al gimnasio y otra al cine, dicen. No importa que no te guste el fútbol, es la representación de un país y lo quieras o no, un momento histórico. Claro que sigue habiendo problemas en el mundo, claro que éste no es el fin de los males, pero no se puede ser indiferente a un triunfo así, tan sufrido y merecido. Una victoria que, aunque a ti no te afecte, hace tan feliz a tanta gente. Ni siquiera se pudieron alejar de la euforia estos dos policías nacionales que ayer estaban patrullando por la Albufera ondeando la bandera de España.


13/07/2010 01:58 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Dónde pongo lo hallado

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Hay un baile de luces blancas puestas en fila allá, a lo lejos, brillando desordenadas en lo alto de alguna parte, como estrellas irregulares. Hay aire fresco entrando por la ventana, risas y sonrisas y palabras y miradas sonoras en torno a una mesa, hay un desconocido que ya me conoce, hay un paseo que me lleva hasta Palacio, un hombre que me llama princesa, unos jardines que no marcan las horas, hay una pregunta bien hecha, un solo de saxofón ascendiendo por los frescos de una capilla, hay una alegre coincidencia, una ilusión compartida, un feliz descubrimiento, un encuentro de almas parecidas...

09/07/2010 01:49 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Lo que nos une

¿En qué se parecen un político del PP, una choni cazamaridos, un estudiante de INEF y el director de una fundación? Todos tenían esta mañana cuando los entrevisté los mismos números en la cabeza: 2-1 a favor de España. Al final ha sido 1-0 pero el sentimiento sigue siendo el mismo, ahora al menos en este país a menudo resquebrajado hay un color, un ánimo, una esperanza y un espíritu que nos une.

 

 

08/07/2010 00:26 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Mujer de poca fe

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Dejadme que presuma por esta vez. La ocasión lo merece. Se ve que vivir en Vallecas ha dado buenos resultados en lo que a mi capacidad para maniobrar se refiere. Yo que siempre he tenido un nulo sentido de la orientación y una mala percepción del espacio, yo que siempre sido bastante torpe en general, yo que siempre me tropiezo porque no sé calcular las distancias que hay entre mi cuerpo y los objetos que me rodean, hoy he conseguido una hazaña. No me digáis que no es una proeza aparcar en una plaza sólo seis centímetros (a la vista está) más ancha que mi coche. Y lo he metido bien a la primera, y sin calcular siquiera, porque estaba convencida de que no me iba a caber.

La hazaña es mayor porque además he conseguido sitio a la primera, prácticamente en la misma puerta de la casa en la que iba a cenar, un viernes a las once de la noche y en todo el centro de Madrid en plenas fiestas del Orgullo. Otros viernes cualesquiera he llegado a estar casi una hora buscando aparcamiento por ese mismo barrio. Pero los milagros sólo existen si crees firmemente en ellos. Ésta va a ser mi nueva táctica para convocar a la buena suerte; hay que dirigirse directamente al lugar en el que hemos quedado con la confianza plena de que vamos a encontrar aparcamiento, porque desde luego, no es posible encontrar sitio en la puerta si no pasas por delante de ella.



03/07/2010 04:15 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

Magia en la vida cotidiana

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Luego dirán que soy yo la que tiene pájaros en la cabeza, la que sueña más despierta que dormida, la que encuentra fantasmas donde no los hay, la que ve figuras que cobran vida en las nubes o en las manchas de la pared... pero es que realmente a veces la vida te juega esas buenas pasadas.

No es que yo me lo invente, es que la fantasía surge, brota a mi alrededor. Hasta en los lugares aparentemente más serios, rodeada de personas mayores y respetables. Y si no mirad otra vez la foto y creedme que la he tomado a escondidas dentro del edificio de la embajada de México en Madrid.



25/06/2010 01:28 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

"No hay armonía si todos tocan la misma nota"

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La foto la tomé en una calle comercial de Lisboa, pero podría haber sido en Cuenca, Copenhague, Bogotá, Nueva York o Madrid. Será la globalización de la que tanto se habla. Casi tan escandalosa como la botella de Coca Cola que aparecía en la imagen que vi en una exposición de un ritual que hacían los indígenas de Brasil. Contra ella, un proverbio chino (aunque los chinos también estén llenando el mundo de fotocopias): "No hay armonía si todos tocan la misma nota".

18/06/2010 02:15 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

No, antes no éramos más felices

Aunque hoy Madrid se presente hecho un asco por la lluvia y me haya tenido que echar a las calles toda la tarde para huir de la melancolía de este lunes gris, sigo pensando que soy más feliz ahora, aunque antes me lo pasara tan bien.

 

La época de la Universidad por ejemplo fue feliz, claro, y provechosa, pero siempre quedaba ese asomo de angustia por la incertidumbre del futuro y el agobio de pensar que debería estar estudiando cada vez que salía por ahí.

 

Antes tenía más tiempo de ocio, pero ahora lo disfruto y lo aprovecho más. Aunque ahora a veces tenga sueño a las dos de la mañana de un sábado, algo impensable en aquella época. Aunque ahora tenga ’problemas de mayores’, de algún modo he aprendido a relativizar y a ocuparme de ellos más que a preocuparme por ellos. Afortunadamente los años no han pasado por mi cabeza sólo para poner canas (y mira que de eso se han ocupado a conciencia, tengo tantas canas que parezco cinco años mayor). Los problemas siempre nos parecen inmensos e imbatibles en el momento, pero llega un momento en que te das cuenta de que todo pasa y empiezas a hacerle caso a los refranes.

 

 

Miro el camino recorrido hasta ahora y lo veo torcido pero me gusta, no volvería sobre mis pasos. Sobre todo no volvería a la adolescencia, esa época en la que te ahogas porque tu hermana mayor no te presta la camisa negra de cuadritos para ir a una fiesta, esa época en la que te sientes incomprendida y extraña hasta dentro de tu propio cuerpo y tampoco haces las cosas bien del cuerpo hacia afuera, esa época que, como dice una amiga, todos deberíamos hibernar por el bien de la humanidad.

 

15/06/2010 01:34 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Colocar en su sitio los recuerdos, acotar las sensaciones

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Voy a ver si puedo salir un rato de mi vida para volver a entrar pausadamente. A estas horas ya no hay nada prioritario que obstaculice el paso. Llevo todo el día pisando charcos reales y metafóricos, todo el día arrastrando sueño y torpezas, pantalones mojados y zapatos como barcos naufragando. El agua estancada no me deja avanzar sino a trompicones. Echo a un lado los recuerdos para seguir avanzando, pero pesan incluso arrinconados.

10/06/2010 01:54 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Yo tenía que haber sido Teresa

 

Como iba a nacer en Ávila, durante los nueve meses de embarazo todos me estuvieron llamando Teresita, algunos Maritere. Dicen que los principios marcan, así que imaginaos el trauma de estar nueve meses creyéndome Teresita y luego ver que en mi partida de nacimiento pone Elena. Eso puede ser el germen de un trastorno de personalidad por lo menos. Fue un repente de mi padre, a quien nunca le gustaron los nombres compuestos y no quiso discutir con el resto de mi familia durante todo el embarazo. Cuando fue a inscribirme en el registro civil, directamente le preguntó a mi madre: “¿cómo le pongo, Elena o Cristina?” “¡Maritere!”, tenía que haber contestado mi madre, pero con la sorpresa sólo acertó a decir “Elena”, y así me quedé. Y yo contenta, no creáis, un alivio no haber tenido unos padres hippies que me pusieran de nombre por ejemplo Nube o Río, eso crea demasiadas expectativas. Es fenomenal si sales artista y ya tienes un nombre que vuela o que fluye como el agua, un nombre que viene del verbo reír, pero resulta contraproducente si a la larga llevas una vida de funcionario.

Luego todo depende de las personas concretas que conozcas, a mí por ejemplo me gusta la palabra Rocío y me parece un bonito nombre pero una Rocío no me trae buenos recuerdos. Aunque al final todo es acostumbrar al oído, aún nos suenan exóticos y musicales nombres como Lluvia pero nadie piensa en el océano cuando conoce a una chica que se llama Mar. El nombre Sol para mí todavía mantiene su brillo, pero me sigue sonando cursi que alguien se llame Celeste, me parecen rotundas e intransigentes las que se llaman Montaña, enigmáticas las que responden al nombre de Camino.....

02/06/2010 19:09 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

El desorden de los trasteros

Dice mi compañera de piso que es síndrome de diógenes, pero yo más bien diría que soy una romántica. Claro que seguramente todos los locos tengan una excusa. No necesito demasiado para vivir, pero paradójicamente lo guardo todo, soy incapaz de tirar nada.

Cómo no voy a guardar las dos cajas llenas de postales de los lugares que he visitado y de los lugares en los que nunca he estado. Gracias a ellas tengo el recuerdo de los paisajes que no he visto aún pero espero ver.

Cómo voy a tirar la colección de sellos que heredé de mi madre y que hice con tanta ilusión en algún momento de mi vida, no recuerdo ahora cuál (de hecho, ni siquiera me acordaba de que coleccionara sellos).

Qué clase de desalmada sería si me desprendiera de las montañas de cartas manuscritas que guardo, de amores infantiles y de amigos de cada pueblo en el que viví, las amistades esporádicas de cada lugar donde veraneé, aunque ahora lea algún remite y no sea capaz de ponerle fecha ni cara.

Cómo no atesorar ese pendiente desparejado que te regaló alguien que fue tu pareja, esa pulsera idéntica a la que tenía tu mejor amiga del pasado, esa corteza del árbol centenario bajo el que perdiste tantas tardes a su sombra, esa foto de carné muy seria de una persona que siempre se estaba riendo, ese diario insulso con espantosas faltas de ortografía, esos pétalos secos de mi primer ramo de flores, el llavero hortera que me trajeron de Nueva York y que parecía en su momento el colmo de la modernidad, ese pisapapeles de escayola que me regalaron cuando participé en un certamen de cuentos en Argentina, ese dibujo de una sirena con la caricatura de mi cara, esa corona de princesa con luces de neón de una noche en un karaoke decadente, mi primer carné de una biblioteca, ese cuaderno de notas de mi profesor favorito, esos apuntes tan interesantes que me hicieron sufrir tanto durante la carrera, esas horribles fotos de la adolescencia, esas margaritas de plástico de una fiesta hawaiana, el trozo de pancarta que una vez llevé al aeropuerto...

Nadie dijo que fuera necesario mantener el orden en los trasteros... Eso sí, a este ritmo de acumulación, soy consciente de que no conseguiré ayuda de amigos para mi siguiente mudanza...

02/06/2010 02:24 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

El que se aburre es porque quiere

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Hace tiempo conocí a una persona que me dijo que se aburría si no estaba en compañía, y me pareció triste que no supiera siquiera entretenerse en soledad, que no le gustara estar consigo mismo y encontrar aficiones sin necesidad de alguien más, porque por mucho que sea mejor la vida compartida (que lo es, yo tampoco soy una solitaria) es con nosotros mismos con quien seguro vamos a pasar el resto de la vida.

Me acuerdo de esto viendo las fotos del primer cumpleaños de mi sobrina ayer, porque desde luego los niños sí que saben divertirse con cualquier cosa, mirad qué feliz es ella simplemente sacando los libros de una estantería, tirándolos al suelo, subiéndose encima. Se divierte tanto que ni siquiera es consciente de que está manteniéndose en pie sola, sin miedo, ella que sólo sabe gatear.

Qué pena que lo olvidemos de mayores, que nos hagan falta tantas cosas para ser felices, que estemos siempre a la búsqueda de tantos entretenimientos. Y que nos empeñemos en desbordar sus habitaciones de juguetes cada vez más sofisticados, si muchas veces cuando les hacemos un regalo se quedan jugando con el cartón, o con el papel. Tengo unos primos trillizos a quienes les regalamos un futbolín y antes de ponerse a montar el futbolín, que era lo que habían pedido, se quedaron jugando más de media hora con la caja, que era muy grande y ofrecía muchas posibilidades, así nos desborda de pequeños la imaginación.

23/05/2010 22:45 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Es mejor hacer bien las cosas

Me gusta la gente apasionada hasta por su trabajo, la gente empeñada en hacer las cosas bien. Me gusta la frutera del supermercado más cercano a mi casa, que escoge con delicadeza cada pieza de fruta y te hace sugerencias sin conocerte de nada; me gusta el pinchadiscos de una discoteca de música ochentera que baila y canta entregado cada canción contagiando su entusiasmo; me gusta el chico que se saca un pañuelo del bolsillo para limpiar una minúscula mancha después de haber terminado de abrillantar un gran escaparate.

 

Así dan ganas de comerse las hortalizas, dan ganas de bailar, dan ganas de asomarse a ver qué venden en esa tienda.Tal vez no nos hayamos elegido pero aquí estamos juntos, así que intentemos sacar lo mejor de cada uno”, que decían en la película Sol de Otoño.

 

Sacar lo mejor de uno mismo, esforzarse siempre por hacer las cosas bien, aunque sean a priori malas. Como robar,por ejemplo. Si vas a robar al menos roba bien, con cuidado de hacer el menor daño posible. Eso debió pensar el chico que estuvo el otro día hurgando en el bolso que había dejado una amiga mía apoyado en la barra de un bar, al que pilló in fraganti seleccionando tranquilamente el botín, escogiendo cuidadosamente qué quería llevarse y qué no, qué le hacía falta y qué iba a ser inútil. Así, abrió el monedero y sacó sólo los billetes y monedas grandes, miró el móvil y lo dejó a un lado, encontró la PDA y se la quedó en la mano, justo cuando mi amiga le gritó “¡¿PERO QUÉ HACES?!”

 

Habría sido mucho más rápido llevárselo todo y tirarlo si acaso luego a una papelera, habría pasado seguramente inadvertido, pero también el daño habría sido mayor, las molestias de cancelar tarjetas y renovar carnés, la pérdida de esos objetos sentimentales que siempre tienen cabida en un bolso... Es lo malo de ser un ladrón honrado.

20/05/2010 01:29 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Vemos lo que queremos ver

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La ventana o su reflejo, la madera vieja o los colores, el histórico pasado de este edificio de Alcalá o el árbol que cada año crece.

El eterno dilema del color del cristal con que se mira. La moneda siempre tendrá dos caras. La realidad siempre nos devolverá lo que proyecte nuestra mirada.

18/05/2010 01:29 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

El indeciso decide no decidir

Y es que también tomas una decisión cuando no te decides, cuando no te decantas, cuando no te implicas, cuando te quedas parado al borde del camino, que diría Benedetti. Lo ha dejado escrito con otras palabras un tal Neorrabioso en la fachada de la parroquia de mi barrio:

"El punto medio es el punto miedo"

14/05/2010 20:46 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

El pensamiento circular

Yo no soy de las que se arrepienten después de haber hecho algo. A veces sí, claro, pero por inconsciencia o ignorancia, no porque no lo haya pensado lo suficiente, con eso soy bastante pesada. Suelo pensar antes de hablar y de actuar, aunque eso tampoco garantiza que no me equivoque, es muy fácil tomar decisiones a toro pasado. Y aunque dé más rabia equivocarse habiendo reflexionado previamente sobre un tema, al menos tienes la certeza de que no has podido hacerlo mejor en ese momento y con esas circunstancias, sencillamente porque no se te ha ocurrido. Hay que conocer las propias limitaciones.

 

Tengo la manía por ejemplo de mantener interminables conversaciones imaginarias. Seguramente le doy demasiadas vueltas, pero eso me prepara psicológicamente para el enfrentamiento verbal. Después la vida siempre te sorprende y las personas más, de modo que suele suceder que en la conversación real nunca aparezca la frase que da pie al argumento que yo había preparado, pero no importa, de eso sirve el ensayo imaginario: le has dado tantas vueltas al tema que las frases contundentes revolotean a tu alrededor y acaban encontrando la forma de salir por tu boca, aunque sea revoloteando torpemente y no a la manera de la flecha directa e incisiva que tú habías imaginado.

 

Yo sé que no es sano darle tantas vueltas a las cosas, a menudo ni siquiera útil, pero no puedo evitarlo, soy una persona de pensamiento circular tendente a concéntrico. Y cómo me voy a quitar el vicio si la experiencia me dice que a veces se obtienen resultados positivos: el otro día estuvimos tres cabezas pensando durante una hora para escribir las dos líneas de un sms, ¡y con el mensaje obtuvimos el resultado esperado! Claro que la frase brillante vino sola, lo mejor fue lo más directo y sincero que se nos ocurrió, lo que demuestra la veracidad de una metáfora que he escuchado en la sesión de cuentos de hoy:

No sirve de nada dar tantas vueltas. Si no le echas azúcar, por muchas vueltas que le des al café, va a seguir estando amargo”.

14/05/2010 01:47 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Rodeada de personas felices

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Está visto que a este país sólo lo levanta el fútbol. Era un día repleto de malas noticias y jamás me he encontrado con tantas personas felices. A mí no es que no me guste, es que siempre me ha sido indiferente el fútbol, y nunca me ha entrado en la cabeza que una persona diga seriamente que el día que peor lo ha pasado en su vida es el que casi vio perder a su equipo. Pero hoy me ha poseído una atlética, me he bajado a un bar a ver el partido y he gritado los goles y me ha dado rabia el empate y me han dolido las faltas y me he puesto nerviosa cuando nos íbamos a la prórroga y al final Neptuno ponte guapo, que vamos para allá.

 

Yo que nunca había visto un partido de fútbol entero (excepto alguno de la Selección), me he ido a la plaza de Neptuno a cruzarme con personas felices, a contagiarme de alegría y a corear el trocito que me sabía de las canciones. Todo el mundo estaba contento por el centro de Madrid y no era para menos, fue un triunfo merecido e histórico, sufrido como sólo saben sufrir los del Atleti. Daba gusto volver caminando a casa sonriéndole a tantos desconocidos con camisa rojiblanca, recibiendo tanta alegría porque sí. "Hijo: por esto somos del Atleti", decía una pancarta. Me alegro por ellos pero comparto desde lejos la alegría, incapaz de sentir esa pasión pero sabiendo, como decía Rousseau, que “todas las pasiones son buenas mientras uno es dueño de ellas, y todas malas cuando nos esclavizan”.

13/05/2010 02:08 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Licencia para soñar

Sobre todo despierta y sobre todo ahora que he perdido mis poderes. No voy a parar de soñar al menos hasta que me detengan los agentes de la autoridad porque, como decía George Lucas, "los sueños son sumamente importantes. Nada se hace sin que antes se imagine".

 

12/05/2010 01:05 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Sorpresas te da la vida

Esta obsesión mía por guardarlo todo da al cabo de los años sus frutos. Tengo la manía de no tirar nada, de darle quizá demasiado valor simbólico a los objetos. La preocupación por no desprenderme de los recuerdos físicos y de guardar todo lo que en el momento tiene significado a veces me juega malas pasadas, cuando me encuentro al cabo del tiempo con objetos que ya son sólo cosas, a las que no consigo asociarles el recuerdo de una persona o de un momento especial.

 

Ahora entiendo a quien una vez me dijo que no quería convertirse en un recuerdo guardado en una de mis cajitas y no me dio su teléfono ni su dirección. Claro que en este mundo nadie es invisible si te empeñas en buscarlo; al cabo del tiempo me encontró y nos reconocimos y volvimos a barajar las cartas hasta que volvió a convertirse de nuevo en un recuerdo encerrado en una de mis cajitas, una de las que hoy abro con asombro mientras busco complementos para un disfraz.

No queda ni rastro del sentimiento pero está su huella, distante y fría. Tan lejana y remota que no consigue ni calentarme en la cara una sonrisa que sea el eco de aquella felicidad.

08/05/2010 15:06 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Mi Lucho ya es mayor

Parece que fue ayer. Fue un parto con ayuda, porque hacía años que no tocaba un coche y me dio miedo sacarlo sola del concesionario, con ese suelo tan brillante y esa cuesta tan empinada que daba a una calle con tanto tráfico. En sus papeles ponía que era un coche de color 'azul lucía', así que decidí llamarle Lucho como femenino de Lucía, porque obviamente era un macho (el coche, el vehículo, el automóvil), y acerté, resultó ser además todo un Luchador, que no se amedrentaba ante los camiones de la Carretera de Andalucía que cogía todos los días por aquel entonces para ir a trabajar.

Echo ahora la vista atrás y me siento vieja de repente, como si mi bebé tuviera que hacer ya la primera comunión. Tengo que llevarle esta semana a pasar la ITV, que a mí siempre me ha sonado a algo que tienen que revisarle a los viejos, ¡si el mío está hecho un chaval! Sé que es ley de vida, que es inevitable que pase el tiempo y deje su huella... sólo espero que no llegue pronto el momento de que abandone el nido.

03/05/2010 23:56 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Elegir el silencio

 

No sé quién dijo: “si lo que tienes que decir no es más bello que el silencio, no digas nada”. Quizá por eso a veces rompo mi propósito de año nuevo no escribiendo en este blog. Reconozco que hay veces que me dejo llevar por la pereza, que llego al final del día atropellada por la vorágine de la jornada y no encuentro el silencio para escuchar las palabras que lo describan y al final no tengo nada que (quiera) contar.

Otros días el silencio es fruto de una decisión consciente: esquivo encender el ordenador en mi día libre porque sé que inevitablemente leeré el correo del trabajo. También hay días en que elijo el silencio porque prefiero morderme la lengua, y días en que no escribo porque simplemente estoy ocupando mi tiempo en vivir.

02/05/2010 23:23 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Sonata de una noche de verano

Hace una noche de verano en pleno mes de abril. En mi casa ha estado todo el día circulando el aire por las ventanas abiertas y ahora se respira silencio, la calma feliz tras un día excesivamente ajetreado. Es el mejor momento de una jornada que no ha sido mala, aunque no pase nada más.

Ahora no suenan los teléfonos, no llegan correos electrónicos, no hay atascos, no hay visitas, y en mitad de la noche disfruto parándome a pensar, aunque mi cabeza lleve todo el día funcionando sin tregua. Tenía para esta noche dos planes estupendos que se han caído por el propio peso del ajetreo diario, pero no importa porque la calle huele a noche de verano, alguien ha encendido una luz en la azotea de enfrente y me siento acompañada por ese trasnochador anónimo que intuyo leyendo desde mi balcón. No pasa nada más.

Me siento en un estado parecido al del día que me reconcilié con Madrid después de regresar del paraíso de unas vacaciones en la playa. Llevaba dos días lejos del mar y seguía detestando esta ciudad febril y ruidosa, pero se me pasaron todos los males mientras me tomaba un tazón de frostis en la terraza: Me reconcilié con Madrid en el mismo instante en que vi atravesando el cielo en mitad de la noche una estrella fugaz.

Desde mi casa nueva no alcanzo a ver las estrellas pero me llega el brillo. Hay una novela que habla de amor esperándome en la cama y no quiero que pase (ahora por mi cabeza) nada más.

 

28/04/2010 02:06 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Quizá sea éste el secreto

Hasta en los lugares más insospechados puede encenderse de repente una lucecita. La frase me sobresaltó ayer viendo una serie española (Los Protegidos, que de todos modos me entusiasma su argumento) y eso que no soy yo de series, ni siquiera suelo ver la televisión más allá de las noticias y alguna película (sobre todo las malas, dónde si no voy yo a encontrar un lugar mejor para dejar la mente en blanco en las sobremesas de los domingos).

La frase en cuestión se la dice el personaje de Mario (el padre de uno de los niños con poderes) al Culebra (el adolescente problemático que se hace invisible y siempre se ha ganado la vida como delincuente). Hablando de líos de faldas, le suelta una frase que despeja todas sus preocupaciones: "A las mujeres no hay que entenderlas, hay que quererlas".

27/04/2010 01:16 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Mensaje en una botella

¿Ése era yo? Dices en voz alta y yo me pregunto cómo es posible que te hayas olvidado.

22/04/2010 23:58 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Estados febriles

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De pequeña, cuando tenía fiebre, siempre soñaba que me caía por un precipicio y en la caída iba saludando a los personajes de los dibujos animados, que se quedaban mirándome sonrientes y flotando en el aire. Me gustaba ese sueño a pesar de la sensación de vértigo de la caída y he intentado recuperarlo, pero se ve que ya estoy mayor, aunque cosas más raras he soñado sin estar griposa.

Hoy tengo fiebre y no sueño nada. He intentado convocar, para que me entretuviera, al espíritu del Correcaminos, que es el primero al que me encontraba en mis estados febriles de pequeña, pero nada. No ha aparecido ni el Correcaminos persiguiendo al Coyote ni Heidi con su Niebla ni los cursis de los Looney Tunes ni nadie, y hay que ver qué aburrido es pasarse la noche dando vueltas en la cama sólo con dolor de cabeza y anginas.

21/04/2010 21:58 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Los ritmos de la Naturaleza

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Y que esta imagen, en apariencia tan pacífica, tan bonita, esté causando tantos disturbios.... ¿quiénes somos los humanos para interponernos en los designios de la Naturaleza?

21/04/2010 21:12 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Día bipolar

En un mitin CONTRA la subida del IVA por la mañana, liada CON la declaración del IVA por la noche...

18/04/2010 23:15 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Este tiempo de locos

 

No puede una estar feliz con esta asquerosa lluvia, y menos cuando hoy me han hecho llegar tarde a todas partes. Reconozco que no soy puntual y lo lamento, pero me enfada más cuando no es por mi culpa, cuando me hacen llegar tarde y encima hay atasco y muchos locos sueltos por las carreteras que conducen de cualquier modo y el móvil no deja de sonar y me pierdo por calles que no conozco y están solitarias e irreconocibles bajo la cortina densa de lluvia en medio de la noche.

¿Cómo es posible que hoy haya tenido encender la calefacción y salir con el abrigo de plumas a la calle si antes de ayer estaba en tirantes tomando café en una terraza y todavía tengo la cara quemada por el sol?

14/04/2010 01:59 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Jugar a adivinar

Hoy casi no he tenido tiempo para jugar nada dentro del supermercado, porque me he quedado mirando a la chica nueva que atiende la frutería y que ha escogido para mí las mejores fresas, pero en general, me gusta adivinar la vida de las personas que hacen la compra conmigo, sobre todo la de las personas que coinciden en mi misma cola y que esperan con más o menos paciencia para pagar.

Suelo entretener con este juego el tiempo inútil de espera a pie quieto y tengo mis preferencias: me gustan más las cestas que los carritos, porque da más tiempo a verlo todo mejor y por tanto a recrear con más detalles la posterior escena.

Depende de lo que lleven en la cesta, imagino si están preparando la celebración de un cumpleaños (y calculo la edad del homenajeado, si le pesarán los años o no), una cena romántica (y apuesto por si es una cena para impresionar a la conquista o de aniversario), una noche de chicas con helado, pizza y palomitas (y mentalmente le sugiero una película para que se vaya a alquilarla al videoclub), una comida para impresionar a los suegros (y creo notar en el comprador el miedo y las pocas ganas que tiene de hacerlo) o si lo que llevan son sólo las cuatro cosas que faltaban en casa (que lleva apuntadas en una hojita con una letra que creo que no es la suya).

Todo eso imagino sólo mirando lo que llevan en la cesta y la actitud con la que van a la compra, claro, que todos los detalles cuentan, y siempre estoy convencidísima de haber dado en el clavo. Y a ver quién me lleva la contraria si a mi imaginación la mando yo y sólo yo tengo toda la razón dentro de mi cabeza.

 

 

 

13/04/2010 01:29 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Domingos en Madrid al sol

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11/04/2010 22:21 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Profesores que marcaron nuestras vidas

Yo tenía una profesora en preescolar que estaba encantada conmigo, tanto que le pidió a mi madre una foto para recordarme cuando terminaron las clases. Mi madre siempre lo recuerda emocionada, y yo siempre escucho la anécdota sorprendida, sobre todo porque en 'parvulitos', que yo recuerde, sólo se hacen dibujos y manualidades, que siempre se me han dado fatal. Será que yo era una niña graciosa, aunque no guardo apenas recuerdos de aquella época. Sólo que una vez se me ocurrió llamarla “pequeñaja”, que era lo que me llamaban a mí en aquella época (quién lo diría ahora con mi metro ochenta). Se lo repetí porque me debía hacer gracia la palabra, y no entendí nada cuando ella me dio un abrazo de oso, soltando grandes risotadas.

También recuerdo otra vez que me hice la dormida después de la siesta que nos echábamos sobre unos cojines y la alfombra de la clase, para ver si se repetía lo que había pasado el día anterior, cuando una niña se quedó dormida “como un angelito” y la profesora le dejó junto al cojín una bolsa de chucherías para sorprenderla al despertarse. Al día siguiente ya no había golosinas, y me tuve que levantar de mala gana al ver que no había movimientos cariñosos a mi alrededor.

A quien sí recuerdo perfectamente es a mi profesor de 5º de EGB, el único hombre en aquel colegio de monjas. Éramos la envidia de todas las clases con nuestro profesor joven, amable, cariñoso y guapo, que montó un escándalo en Carnavales al ir corriendo por los pasillos del colegio disfrazado de monstruo, pegando sustos.

Evidentemente, todas estábamos enamoradas de él, pero también los chicos de la clase le adoraban, porque tenía un modo cercano y divertido de enseñar no sólo las materias sino sobre todo, al hablarnos de las cosas importantes de la vida. Se inventó incluso una hora de “prensa” a la semana, en la que nos explicaba las noticias que recortábamos de los periódicos y no entendíamos.

De él me he acordado especialmente esta mañana cuando he leído una cartulina colgada en un colegio de Móstoles:

"Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía".


09/04/2010 20:46 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Un asteroide rozará la Tierra

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Publica hoy la prensa que esta madrugada un asteroide de 22 metros pasará “muy cerca de la Tierra”, llegan a decir que “va a rozar la Tierra” y no me gustan esos titulares que pretenden meternos miedo: que si el anterior asteroide que pasaba por aquí era de sólo 7 metros y éste es “una roca de un tamaño de 22 metros”, que si sus dimensiones “son más que suficientes para arrasar una ciudad entera en caso de impacto”...

 

Pero a mí nada de eso me preocupa, y no sólo porque me parece inimaginable el peligro cuando pasará a una distancia de 350.000 kilómetros de nuestro planeta, sino sobre todo, porque cada vez que oigo la palabra “asteroide” pienso en el planeta del Principito, el asteroide B 612 en el que había tres volcanes, semillas de baobab y una rosa enamorada.

 

Oigo la palabra “asteroide” y pienso: “ojalá que sea el de él”, ojalá viniera a quedarse con nosotros; muchos días nos hace falta un Principito que nos recuerde la importancia de la risa y de los atardeceres, de las cosas que son únicas en el mundo, la necesidad de mirar con el corazón, de domesticar y de dejarnos domesticar por las personas a las que queremos para tener a nuestro nombre estrellas en el cielo de las que saben reír.

09/04/2010 01:07 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

¿Tanto hemos cambiado?

Cómo se puede perder el contacto con alguien con quien te escribías cartas de 18 páginas...

07/04/2010 00:47 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Tiempo para no hacer nada

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Hoy por fin el día ha amanecido soleado y me he despertado con ganas de comerme el mundo, algo que no sé si tiene más o menos mérito teniendo en cuenta que esta noche he dormido 10 horas y que me he pasado todas las vacaciones de Semana Santa sin salir a la calle, con gripe.

Hoy por fin me he levantado con fuerzas y el tiempo estaba de mi parte porque es uno de estos días fríos pero luminosos que tanto me gustan, así que he salido a la calle a dar un paseo pequeñito entre los almendros en flor, deteniéndome a fotografiar nubes y a mirar al horizonte, sin pensar absolutamente en nada, aún sintiéndome en ese estado de ingravidez que da la fiebre.

 

Por mucho que haya estado todo el día durmiendo, leyendo y viendo películas, no siento que estos tres días me hayan servido para descansar, sino para aburrirme de estar en casa y desear estar haciendo cualquier otra cosa de las que tu cuerpo no te deja. Siempre queremos lo que no tenemos, y es raro, porque siempre que ando con una temporada de agobio y estrés estoy deseando poder quedarme tirada en casa leyendo, durmiendo, viendo películas y mirando al techo. Es mi descanso favorito, pero mucho me temo que no es acumulable y que no podré echar mano de estas reservas de descanso y horas vacías para descongestionar los días en los que no paro.

04/04/2010 14:20 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Consejos inútiles

Tan inútil como decirle a alguien que no se preocupe o que se tranquilice cuando está de los nervios. Cada operación salida, lo mismo: la DGT recomienda a los conductores salir de forma escalonada. Y yo, que estoy preparando un viaje, siempre me pregunto lo mismo: ¿cómo cree la DGT que voy a enterarme yo de la hora a la que los madrileños piensan echarse a las carreteras? De todos modos sé que mañana me volveré a sorprender de que en Madrid quepan tantísimos madrileños: los que colapsaron las carreteras el pasado viernes y el sábado, los que las han colapsado hoy y las colapsarán mañana, que se suman a todos los que no han huido de la capital en estos días y llenarán los bares, cines, teatros, calles, aparcamientos y terrazas.

 

01/04/2010 00:44 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Despedida de un amigo

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Me gusta la gente que, como dice la canción de Pedro Guerra, canta las canciones que se sabe. Y si no las sabe, tararea.

31/03/2010 02:47 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Queremos que nos den la razón

 

Necesitamos que nos den la razón, incluso a veces creemos que para eso están los amigos, para que nos den la razón aunque sea como a los tontos. Pero yo tengo una amiga que casi siempre me lleva la contraria y es la mejor. Me revienta que me señale sin ningún pudor los defectos y las equivocaciones, por eso yo le grito mucho y ella también me grita, pero porque a las dos nos gusta mucho discutir y ser siempre la última en decir la última palabra, que suele acabar en risotadas. Por eso nos conocen en los bares a los que vamos a cenar y somos bienvenidas, porque siempre hay más carcajadas que regaños, y que no cambie, aunque una sea por esa noche asquerosamente feliz y la otra no.

 

Eso también lo aprendí en la película Qué les pasa a los hombres, que me pareció un bodrio en general pero con una idea brillante en particular: basta ya de mentirnos entre nosotras y buscar excusas para consolarnos cuando el chico en cuestión no te llama: no es que haya ingresado en el hospital ni que un perro se haya comido el papel donde apuntó tu número de teléfono, simplemente es que no le interesas, y cuanto antes te enteres mejor.

 

Me gustó que difundieran esa idea en la película aunque ya digo que me pareció espantosa, ñoña y predecible, pero también de ahí pude sacar algo, siempre se puede aprender algo si consigues sacarte de encima los prejuicios. Y el ejemplo de las llamadas masculinas se puede extrapolar a todo en esta vida en cuanto a la actitud que tenemos a veces con los amigos: ya lo dejé escrito hace unos días con la frase de ese filósofo griego que decía que no necesitaba amigos que cambien cuando yo cambie y asientan cuando yo asiento porque mi sombra lo hace mucho mejor.

30/03/2010 02:01 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Mi primera despedida de soltera

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Yo siempre había pensado que no tiene mucho sentido hoy en día celebrar una despedida de soltera, pero ayer fui a una y he cambiado de opinión. Siguen sin gustarme las despedidas con boys y desfase, pero ésta fue una excusa perfecta para hacer un poco el loco y divertirnos a lo grande, como cuando éramos jóvenes, aunque hoy todos estamos pensando que nos hacemos mayores, porque ya ni el cuerpo aguanta tanto ni mañana nos podemos escapar de la primera hora de clase para quedarnos durmiendo. La que va de Spiderman es la primera del grupo de la facultad que se nos casa y teníamos más ganas de verla vestida de hombre araña que de novia: da mucho más juego ir lanzando telas de araña imaginarias por las calles de Madrid que arrastrando el velo por una iglesia, pero sobre todo, da menos vértigo.

28/03/2010 21:53 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Aunque seamos distintos deberíamos poder vivir juntos

 

No entiendo el revuelo que están montando los estudiantes de los colegios mayores de la Complutense. Dicen que protestan porque no han contado con ellos para tomar la decisión de hacer mixtos los colegios donde ahora sólo viven chicos, pero yo creo que si sólo fuera eso no montarían tanto escándalo, si de verdad estuvieran a favor de la medida y quisieran convivir con chicas no harían tanto ruido.

 

Lo cierto es que quieren que sus colegios sigan siendo masculinos por tradición y porque dicen que con chicas no habría el mismo ambiente, pero yo creo que es antinatural esa separación. Como dice una amiga mía, la sociedad es mixta, y cuando antes se acostumbren, mejor. Por eso tampoco creo que sea positivo que la enseñanza primaria sea diferenciada, estar siempre rodeada de gente de tu mismo sexo puede crear tabúes y fomentar los complejos. Si siempre has estado en un colegio de chicas, luego no será fácil sentirte cómoda rodeada de chicos, o ni siquiera sabrás bien cómo tratarlos o acercarte a ellos.

 

Yo tuve la oportunidad de vivir en una residencia sólo de chicas, como querían mis padres, y me negué. Viví en una residencia mixta durante tres años y el ambiente era muy bueno. No había problemas de falta de intimidad, como se quejan los estudiantes de los colegios segregados, porque estábamos separados por plantas, por lo que si no querías mezclarte con los chicos podías no hacerlo fácilmente.

 

Teníamos además un trato diferenciado, que para nuestro gusto (el de chicos y chicas) estaba muy 'chapado a la antigua': las chicas teníamos lavadora y nos limpiábamos nuestras habitaciones, mientras que los chicos tenían servicio de lavandería y una señora de la limpieza. Pero aún así convivíamos con toda naturalidad en las salas comunes, y también éramos como una familia.

 

Lo positivo de vivir en una residencia es que te acostumbras a compartir y a convivir a la fuerza, porque cada uno viene con las costumbres y manías de la casa de sus padres. Empiezas a vivir tu vida independizado, y lo deseable sería que entraras en esa nueva vida preparándote lo mejor posible para la sociedad mixta que te vas a encontrar después.

27/03/2010 18:30 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

A veces pasan cosas raras

 

A veces me pasan cosas raras: entro en un portal y piso un charco de sangre, subo en el metro y un olor me recuerda a la casa de mi tía del pueblo, abro mi correo electrónico y me encuentro con la voz de un fantasma... También he visto a fantasmas de verdad: un par de veces, cuando circulaba por la autopista de Valladolid a Segovia, pasado Cuéllar, he visto a tres mujeres muy bien vestidas caminando por los campos de cereales, a la orilla de la carretera. Dos días distintos a distintas horas, y no había por los alrededores ninguna ermita, el siguiente pueblo estaba demasiado lejos como para ir caminando y tampoco era un lugar apropiado para “irse a andar”.


25/03/2010 22:55 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

No quieren que les cuenten cuentos

Hoy quería haberles contado un cuento a los niños que están ingresados en el hospital de la Paz. Era una de esas tardes especiales para ellos porque juegan y hacen actividades con los voluntarios de Cruz Roja, y yo pensaba que un cuento sería una buena idea para acompañar la tarde de juegos, la perfecta válvula de escape de su realidad cotidiana; la imaginación de los juegos y de los cuentos alivia dolores, provoca sonrisas y hace soñar con otros mundos más allá de las paredes de sus habitaciones, de las salas de quimioterapia y los quirófanos.

Pero no he sido capaz de estar más de 20 minutos dentro del hospital, diez de los cuales me los he pasado tirada en el suelo con las piernas levantadas, recuperando la consciencia porque no he podido superar mi fobia a los hospitales, a las enfermedades y al dolor ajeno. Es extraño, porque aguanto bastante bien mi propio dolor y sufrimiento, creo que nunca he sido quejica ni hipocondríaca, pero hoy sencillamente no he sido capaz.

Me ha dado rabia, me ha dejado frustrada pero sobre todo, después, me ha dado mucha pena saber que de todos modos, ninguno de los niños de la sexta planta quería salir de su habitación para ir a escuchar cuentos. Había una función preparada con varios contadores voluntarios en un salón de actos, pero los niños se han negado a bajar. Uno de ellos ha dicho incluso que ya “se tragó los cuentos la semana pasada”, como si fuera un castigo.

Me he quedado horrorizada, pero en su defensa me han explicado que en otras ocasiones les han contado cuentos en funciones que duran dos horas, cuando es impensable atrapar la atención ni siquiera de un adulto durante tanto tiempo, sin más recursos que la propia voz y los gestos. Habría que hacer algo, porque los niños no pueden quedarse con la idea de que es aburrido escuchar unas historias que tanto bien pueden hacer a su corazón y a su cabeza.

18/03/2010 01:27 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

No es amor de tía

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Estaréis conmigo en que ¡¡mi sobrina es la niña más guapa del mundo!! Yo sé que todos dicen lo mismo, pero ésta además es un portento (y en ésto tenéis que creerme porque la foto no da para tanto): no tiene ni un año y ya hace meses que habla (claro que de sus cosas y en su idioma), gatea hacia delante y hacia atrás (al principio sólo avanzaba como los cangrejos), se mantiene mucho rato de pie y baila cada vez que le suena el móvil a su padre.

 

Pueden parecer pocos logros, pero lo mejor es que está todo el rato riéndose, ¡es tan feliz por cualquier cosa! Lo único que no entiendo es por qué llora cuando tiene sueño... Ojalá pudiera yo estar en sus condiciones cada vez que me vence la pereza y me entra un sueño insoportable... ¡ella sólo tiene que cerrar los ojos!

11/03/2010 01:14 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Día Internacional de la Mujer

De las cosas obvias no hace falta hablar, más que en el ascensor para rellenar incómodos silencios. Pero no se habla en los ascensores de los derechos de la mujer; de la mujer trabajadora se habla en los telediarios en días como hoy, aunque sigue dando igual.

 

Hoy, Día de la Mujer Trabajadora, he hecho lo mismo que cualquier otro día, y me siento igual. Sigo trasnochando como cualquier otra noche y también hoy he estado dudando más de lo sanamente recomendable antes de tomar una decisión. No me siento más orgullosa de ser mujer por haber visitado esta mañana una exitosa empresa dirigida por mujeres, ni me he sentido reconfortada por las palabras de los políticos a los que se les llena la boca al hablar de igualdad.

 

No soy feminista ni siento que hoy tenga algo que celebrar. Me quedan lejos los logros por los que afortunadamente lucharon mis antepasadas y presiento que seguirán lejos los objetivos que aún nos quedan por cumplir. No somos en absoluto iguales los hombres y las mujeres, pero deberíamos serlo en derechos, en todos los lugares del mundo.

 

Declarar un Día Internacional sirve para que se hable de ese tema. Por eso, el verdadero Día de la Mujer será cuando no haya que celebrarlo, porque no habrá nada de lo que haga falta hablar.

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09/03/2010 01:35 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Homenaje a los buenos amigos

 

Hago mía la frase de un filósofo griego: "No necesito amigos que cambien cuando yo cambie y asientan cuando yo asiento. Mi sombra lo hace mucho mejor".

04/03/2010 01:01 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Noche de cuentos y recuentos

Esta noche ha estado llena de palabras de las que hacen reír y sonreír, palabras de las que hacen que te lloren los ojos, de las que emocionan y encandilan, palabras de alabanza desde un altar o de complicidad, de tú a tú pisando un mismo suelo, palabras sabias o superficiales, de espera y de esperanza, palabras de las que me he quedado suspendida sobre un finísimo hilo...

Esta noche me han contado historias verídicas e imaginadas, y tras los cuentos han venido riéndose los recuerdos y las nostalgias del pasado; han llegado los ecos de aquéllos a los que perdí hace mucho tiempo la pista y que esta noche, a pesar de las lejanías, he sentido cerca...

 

26/02/2010 02:37 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Partidaria de los finales felices

 

Porque de qué sirve estar en su contra. Yo me confieso a favor de los finales felices. Siempre, en el cine, en los libros y en la televisión, pero sobre todo en la vida real. Soy partidaria incluso de la felicidad de ese pijales al que he visto en el metro acariciando el pelo de la típica chica mononeuronal, aunque los dos me den lo mismo y seguramente ni siquiera los elegiría como amigos.

Me gusta que a la gente o a los personajes les vaya bien en la vida independientemente de cómo me trate la vida a mí, porque cuanta más felicidad haya a mi alrededor, más feliz será el mundo que me rodea, será un lugar más agradable en el que vivir y creo que eso se acaba contagiando: la energía positiva atrae buenos sucesos, igual que a los amargados siempre les pasan cosas malas. Yo creo que si sonríes tienes más probabilidades de encontrarte con una sonrisa al otro lado. Y si lo que hay al otro lado es un gruñido de los que no distinguen entre sonrisa y mueca, al menos que no se diga que no lo has intentado.


22/02/2010 23:14 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Madrid desde Vallecas

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En un atardecer triste en el que los malos pensamientos se pierden en el horizonte...

20/02/2010 19:54 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

No hay tiempo que perder

Cuánto tiempo pierde una a veces quejándose... para nada, porque aunque tengas razón no sirve muchas veces ni siquiera de alivio o desahogo... Ya lo dice la sabiduría china, que más que preocuparse hay que ocuparse.

15/02/2010 23:16 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Carnavales

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Hoy no estoy para ponerme a filosofar sobre los disfraces que elegimos llevar cada uno en fechas como éstas en comparación con el resto del año... Sólo expongo el documento gráfico de cómo empezó la noche y dejo una pista, por si no lo dejan claro esos cables en la cabeza: no voy de Alaska ni de hija gótica de Zapatero...

14/02/2010 21:17 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Estos tiempos que corren

Leo en mi cuadernito en el que apunto frases célebres que un banquero es aquél señor que te presta el paraguas cuando hace sol y exige que se lo devuelvas cuando empieza a llover.

13/02/2010 22:51 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Para gustos, los colores

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Ya sé, ya sé que soy rara, pero no puedo evitarlo, me ENCANTAN estos edificios que hay en Alcorcón. Me entusiasman, me dan buen rollo desde la primera vez que los vi y siempre que paso por ahí. Me gustan más que las esculturas que hay en las rotondas cercanas, que también me gustan, pero a éstos no me canso de mirarlos y en las esculturas ya ni me fijo. Claro que me gustan más desde que vi un espectáculo de teatro de calle en los jardines que hay en el centro de la U que forman los tres bloques, pero no es por ese recuerdo por lo que me transmiten buenas sensaciones. Sé que son una mole, sé que parecen un enjambre de casas pequeñitas e incómodas, pero quizá es precisamente eso lo que me gusta: tanta vida junta, tanto balcón soleado y los trastos que se ven en todas las terrazas, el hecho de que parezca que están vivos. No sé cómo explicarlo, pero el otro día llamé emocionada a uno que estaba en venta y el mercado me da la razón: 270.000 inaccesibles eurazos.

 

 

12/02/2010 21:59 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Lo que se puede perdonar y lo que no

“Lo hago para que no me lo perdones. Para que no puedas perdonarme. Lo hago para que, si intentas perdonarme, yo no pueda permitir que me perdones”.

¿A alguien le suena esto de algo? Me lleva rondando por la cabeza desde hace varios días y no recuerdo dónde he escuchado esta frase tan brutal. Qué terrible tiene que ser lo que ha hecho esa persona para llegar a decir algo así. Y qué honesto también. Me da la impresión de que el agresor, por llamarlo de alguna manera, debió querer mucho a esa otra persona a la que ahora está ofendiendo tanto, para que no quiera ser merecedor de su perdón. Pero cómo puede entonces haberle causado un daño tan grave...

Pero estoy conjeturando; sólo sé que cuando me asaltó de repente esta frase, yo andaba pensando en las cosas que se pueden perdonar y las que no, los daños que se pueden olvidar y los que no, los que se deben tolerar y los que no, siempre según mi punto de vista, claro, porque siempre dependen de uno mismo, de los límites y principios que tiene cada persona.

Y he recordado que alguna vez yo me dije “esto no se lo perdono”. Pero no soy capaz de recordar qué ni a quién. Ni me importa, una buena señal.


11/02/2010 01:32 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

No dejes para luego lo que puedes hacer ahora

Nunca me he alegrado tanto de pisar el territorio de la Comunidad de Madrid como hoy, que me he tenido que recorrer toda la provincia de Segovia con ganas de ir al baño. Desde Cuéllar, al límite con Valladolid, hasta Villalba, ya en territorio madrileño, porque en ese intervalo de hora y media a 120 por la autopista no hay una sola estación de servicio abierta pasadas las once de la noche. "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", me iba lamentando todo el camino, mientras avanzaba a oscuras por una carretera desierta, esperanzada cada vez que divisaba una hilera de luces naranjas a lo lejos, pero nada. Qué terrible es no poder satisfacer las necesidades básicas del ser humano. Tan terrible, que cuando me ha parado la Guardia Civil para hacerme un control de alcoholemia he estado a punto de pedirles que me esperaran por favor un momento de espaldas mientras yo iba detrás de su Nissan Patrol a resolver una gestión urgente.

 

08/02/2010 01:52 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Enterrar fantasmas

Por lo visto, tengo facilidad para desempolvar fantasmas del pasado. Fantasmas que me obligan a poner dos puntos suspensivos al punto que yo marqué como final. Será que no sé cerrar bien las historias. Será que no se me dan bien los finales. Será que confío demasiado en mi suerte y que afortunadamente olvido lo que quiero olvidar. Será que ando por la vida sin tener en cuenta que existe una probabilidad de encontrarse frente a frente en el mejor momento de la noche con una persona a la que tuve que sacar de mi vida hace siete años (y dos meses).

Me gustan los recuerdos y los atesoro, pero no que me obliguen a recordar (“del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón”). A veces es necesario enterrar el pasado para seguir construyendo el futuro; aceptar que “al punto final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos”.

 

 

25/01/2010 01:20 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Cuestión de talla

Todo es tan relativo que a veces no te puedes fiar ni de las matemáticas. Porque yo, con mi metro ochenta y medio, soy objetivamente alta, pero hoy he entrevistado a Fernando Romay y ha sido una sensación extraña tener que levantar tanto la vista y el micrófono para llegar hasta él. Esa perspectiva me ha hecho menospreciar el tiempo en que me quedaban pesqueros todos los pantalones, a las dependientas de las zapaterías que se asustaban de que les pidiera un cuarenta y las atracciones infantiles que ya no estaban hechas para mí porque sobrepasaba la talla.

También queda atrás el tiempo en que no me pedían el carné en las discotecas aunque tuviera quince años, y más lejos aún queda el tiempo en que mi abuelo me llamaba “canija” porque parecía que no iba a llegar a ser tan alta como mis hermanas. Ahora llego a tocar, sin estar de puntillas, el techo del cuarto de baño, soy útil para coger cosas de los altillos cuando no hay una banqueta a mano y me quedan bien los pantalones desde que se empezó a llevar ir pisándose los bajos. Pero nunca me gustó jugar al baloncesto, prefería ocupar mi tiempo conociendo otros mundos a través de los libros, desaprovechando mi estatura para buscar altura de miras.

 

21/01/2010 18:24 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Credo

Creo en el poder de la palabra. Creo en la fuerza de los sentimientos. Creo en el valor (cuantitativo y cualitativo) de los gestos. Creo en la capacidad de adaptación y de superación del ser humano. Creo en el viento que sopla haciendo que la vida fluya. Creo en los peces que nadan a contracorriente.  Creo en aquél que dijo que sólo tenemos una boca y dos orejas para hablar menos y escuchar más. Creo en el poder, la fuerza y el valor de la palabra, que vale más que la milésima parte de una imagen.

Hay días en los que digo exactamente lo que quiero decir, sin que lo diga todo.

19/01/2010 02:20 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Hay amigos que están lejos

Es curioso cómo se construyen los afectos. A menudo el roce hace el cariño, pero también hay gente a la que ves mucho y no quieres nada. Sin embargo, se puede sentir muy cercano a alguien que está al otro lado del océano. Se puede querer a alguien que apenas se ha cruzado unos días en tu camino, de quien sabes cuatro cosas sueltas, pero de quien presientes muchas más afinidades que estrechan las distancias físicas y los interrogantes del pasado.

Yo soy de las que piensan que las relaciones se forjan a diario, se construyen en base a los momentos compartidos buenos y malos, y que son precisamente los malos los que la fortalecen; la superación de los desencuentros hacen crecer la relación. Pero me contradigo cuando quiero a una persona con la que no he tenido desencuentros, o cuando el desencuentro quiebra la relación que creía sólidamente construida y se lleva por delante la confianza.

Hay que ser consciente de lo que se tiene y saber cuidarlo. Relativizar. Valorar. Tener un gesto de vez en cuando, estar en la vida de la otra persona a pesar de las lejanías y decir te quiero a la gente a la que quieres, aunque no esté presente en tu día a día más allá del espacio que hay entre tus manos y la pantalla del ordenador.

14/01/2010 18:55 Elena #. Cotidiano Hay 5 comentarios.

La Dictadura del Arte

La sorpresa que esperaba ha llegado a mi buzón de correo en forma de tarjeta postal. Es la primera carta que recibo en mi nueva casa y viene desde Alemania, es la fotografía de un señor asomado al balcón de un edificio feísimo, mastodóntico, de adoquines grises, con una pequeña puerta cerrada y sin ventanas, sólo unos respiraderos con rejas en el desconchado piso inferior. El sello presenta una imagen mucho más positiva, un enorme ventanal transparente con vistas panorámicas de la ciudad de Bonn. Pero eso está por detrás, por delante el edificio feísimo se alza sobre un cielo azul y limpio, y en rojo, aparece una frase: "Diktatur der Kunst", la Dictadura del Arte.

La postal la firma un poeta que se pregunta si el horrible sistema de poder, de control y de pensamiento unidireccional de las dictaduras sería también una locura y una barbarie, estando el Arte abierto a infinitas miras.

Me cuesta, pero intento imaginar un mundo ordenado así. La vida en una Dictadura del Arte. La primera obligación de cada uno de sus habitantes sería ser artista. Sacar talento y demostrarlo a diario. Al principio, cada uno el suyo, esforzándose por perfeccionarlo a cada paso para la perpetuación del sistema. El dictador tendría que dominar todas las artes para que su autoridad fuera admirada por todos y fuente de inspiración. Quiero imaginar un mundo en el que por ejemplo la música se filtrara con el aire; un mundo armónico y melodioso, en equilibrio, con pintores escultores actores dramaturgos bailarines poetas diseñadores cineastas contadores de cuentos en todas las esquinas.

Pero el Arte tendría que infiltrarse en todas las facetas de la vida cotidiana y para comunicarte, tendrías que elegir entre dirigir una conversación en prosa o en verso. Los poetas obligarían a las doncellas a ser sus musas, invitándoles a hacer cosas que provocasen su inspiración, con la que emborronarían miles y miles de folios subvencionados por el Estado. Pero cómo elegir el criterio artístico de la Dictadura, si la finalidad del arte es expresar o comunicar nuestra propia visión del mundo, nuestras ideas y emociones desde un punto de vista estético. Los artistas clásicos competirían con los contemporáneos, los ortodoxos con los innovadores, los pintores figurativos con los abstractos, etcétera. Aunque no hubiera críticos de arte para explicarlo y criticarlo todo en esta dictadura de artistas, igualmente sería un mundo que chocaría interminablemente con la eterna pregunta: ¿pero esto es arte?

13/01/2010 20:35 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

El día "horrible"...

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... no ha sido para tanto, como era de esperar. Si en el fondo me gusta dormir cuatro horas, comenzar el día rascando el hielo del parabrisas de mi coche, circular a 40 por las autopistas, ver amanecer mientras cojo declaraciones a conductores cabreados que patinan sobre una placa de nieve helada porque no han echado sal, que se me note el frío en la voz porque estoy respirando puro hielo y quedarme en medio de una rotonda esperando una llamada, mientras le hago fotos a mi sombra en la nieve, que se ve preciosa y radiante atravesada por los primeros rayos de sol.

Es verdad que disfruto de mi trabajo, trotando de un lado para otro durante toda la mañana a pesar del frío. Pero al kit de supervivencia de la guantera de mi coche tengo que añadirle una cámara de fotos y otros guantes con dedos de repuesto para cuando las manos se convierten en bloques de hielo con las que no hay manera de escribir.

11/01/2010 21:08 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

No deja de nevar

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Hoy más que ser alguien que anda por aquí he sido alguien que intenta no resbalarse por aquí. Es increíble cómo está Madrid. Lleva nevando toda la tarde y acabo de retirar de mi coche por lo menos diez centímetros de nieve para tener diez centímetros menos que retirar mañana temprano, cuando tenga que echarme a las carreteras para contar a los oyentes cómo está la situación en mi zona. Ya llevo en mi bolso galletas, agua, baterías cargadas para los móviles, pilas y calcetines de repuesto. Mañana, como ha dicho el concejal de movilidad del Ayuntamiento de Madrid, va a ser un día "horrible".

11/01/2010 00:58 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Ola de frío polar

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Da frío oír hablar tanto del frío.

Sangre fría Guerra fría Gota fría Salva fría Tubo de luz fría me sugieren desde el diccionario; ser indiferente al placer sexual, color que produce efectos sedantes como el azul o el verde, no tener gracia, espíritu ni agudeza, no causar la menor impresión.

Será por eso por lo que hoy la inspiración no viene, porque el frío paraliza las iniciativas y está congelando el movimiento de la ciudad. El frío invita a la confidencia, la lectura y el cine. El frío me ha cancelado todos los planes para este sábado, que se ha quedado reducido al salón de una casa, con una cálida conversación de a dos.

09/01/2010 17:19 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Espero una sorpresa

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Creo que se me da aceptablemente bien fingirme sorprendida. Supongo que tiene que ver con que soy una tremenda ingenua y con que a veces tengo una memoria de pez, se me olvida que me han advertido. Me preparé para hacerme la sorprendida una vez que me organizaron una fiesta sorpresa que yo ya me olía, y de verdad me sorprendí de la cantidad de gente que había en el salón de mi casa a oscuras, e incluso grité emocionada, pero eso fue porque me asustaron mis propios amigos, que estaban desaforados gritando "¡¡SOPRESA!!" y lanzando serpentinas y globos de colores, el año que me fui de Valladolid para estudiar en la Universidad.

 

También me preparé para poner cara de sorprendida y de culpable en aquella ocasión en que me compinché con mi jefe para darle un escarmiento a una compañera de trabajo. Fue él quien lo tramó todo, y me avisó de que nos iba a echar una bronca conjunta para protegerme, ya que fui yo quien le puso sobre aviso de que nos estaba toreando, porque yo era la coordinadora de redacción y la responsable por tanto de lo que ella firmaba. Así que me aguanté la sonrisa maléfica cuando nos llamó a su despacho, me senté muy formalita frente a su mesa observando con el rabillo del ojo la actitud de mi compañera, que parecía estar fastidiada por tener que tragarse una ’chapa’ del jefe, y al final fui yo la que salí más asustada de la reunión, porque ella tenía más cara que espalda y a mí realmente me impresionó ver bramar así a mi jefe, ¡aunque estuviera adverdida! Eso sí, yo fingí y pasé el mal trago pero el escarmiento realmente funcionó...

 

Rescato ahora estos recuerdos porque espero una sorpresa y quiero enterarme... no puedo con la incertidumbre y quiero sonsacar al menos pistas, convencida como estoy de que sabré sorprenderme llegado el momento para no delatar a la compinche, pero a la vez quiero mantener la cautela porque me gustan las sorpresas... en cualquier caso, el objetivo ya está cumplido, me hace igual ilusión saber que hay alguien que quiere y que está planeando sorprenderme, la ilusión es igual de válida aunque luego se quedara en nada.

08/01/2010 21:00 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Qué habría sido de mi vida si...

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Le echaré la culpa a la nieve de las ganas que tengo hoy de hundirme en la nostalgia. Será porque llevo todo el día en casa trabajando frente a la ventana, viendo los copos caer. Caen más rápido de lo que me gustaría, desordenados y pequeños, revoltosos, y me traen recuerdos de cuando mi padre nos llevaba a mi hermano y a mí a jugar con la nieve en los Picos de Urbión, de cuando el viento helado no nos dejaba doblar la esquina para ir al colegio en Soria...


Pienso también en los lugares en los que nieva durante todo el invierno, en cómo será convivir con la molestia de tener que abrirte camino a paladas... de ahí viajo en saltos al futuro desde el pasado, proyecto las imágenes vividas en la imaginación sin propósito claro, y recuerdo que de pequeña, leía a escondidas la sección de una revista para mujeres que se llamaba “Qué habría sido de mi vida si...” Ahora, sabiendo cómo funcionan los medios, supongo que los propios redactores se inventaban la mitad de esas cartas que me impresionaban tanto, seguramente porque siempre he sido una indecisa y me aterrorizaba imaginarme teniendo que tomar una determinación tan drástica que te hiciera arrepentirte años después, o siquiera tener que estar dándole vueltas a la cabeza para tratar de averiguar si acertaste o no.

Pero toda decisión es acertada en su momento, porque es muy fácil decidir a toro pasado, con la información y los sentimientos que se tienen en el futuro. Por eso yo hasta ahora, afortunadamente y a pesar de los ataques de nostalgia, estoy con Edith Piaf, je ne regrette rien, y en cualquier caso, soy de las que piensan que es mejor arrepentirse de haber tomado una decisión que quedarse siempre con la duda, con la espina clavada que no haberlo intentado siquiera, porque de todos modos, quien se queda al borde del camino, paralizado frente a una encrucijada, también decide: decide quedarse parado y no tomar ninguna decisión.

07/01/2010 20:06 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

A menudo, las palabras son el mejor regalo

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Me despierto sola en casa después de dos llamadas de trabajo que sientan peor por ser el día de Reyes y por haber trasnochado. La radio habla de niños felices, juguetes y roscones; salgo al balcón y la calle aparece desierta, ni siquiera me llega el olor de las dos pastelerías cercanas. Pero es un día luminoso, un día frío que de inmediato tiemplan las palabras que llegan por correo electrónico de alguien que ni siquiera es muy cercano.

Me escribe que todos los comienzos de año recuerda un cuento que yo conté en un café teatro hace ya casi dos años. Me emociona redescubrir así y ahora la utilidad social y emocional de los cuentos, la utilidad de sus palabras de ahora y de mis palabras de entonces, sobre una mujer que se invita a tomar un té consigo misma.

Me doy cuenta de que es un buen propósito de año nuevo, empezar el año recordando ese cuento que nos empuja a cuidar más de nosotros mismos. Ni siquiera conozco a la autora de aquel cuento. Era una mujer que se presentó a un concurso literario, y me da pena que ella ni siquiera sepa hasta dónde ha llegado su cuento, cuánto curan sus palabras.

06/01/2010 20:50 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Noche de Reyes

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Hoy parece que todo es posible en Madrid. Hay ocas jirafas asnos elefantes dragones geishas bereberes muchachas bailando el charlestón y barcos remontando la Castellana; bullicio en cualquier barrio de la ciudad, la gente se ha echado a la calle y en el mío familias enteras se han salido de la norma, se han salido de las aceras y caminan por la carretera como por su casa. Hay atascos, claro, pero nadie pita. Seguro que hay gente agobiada todavía a esta hora apurando compras pero todos con los que yo me encuentro parecen despreocupados risueños felices.

Hace veinte y más años, tal día como hoy, a estas horas, yo estaba dando vueltas en la cama sin poder dormir. Ése es el insomnio más placentero, el que no te deja parar de las ganas que tienes de que llegue el día siguiente. Ni siquiera pudo detener mi ilusión infantil el choque con la certeza de que los Reyes Magos eran los padres, aquella tarde en que se me cayó el betún con el que iba a limpiar mis zapatos para ponerlos bajo el árbol. El betún rodó hasta debajo de la cama de mis padres, y ahí me encontré ¡con un montón de regalos envueltos! Recuerdo que tuve un momento de impacto en el que todos los rumores que había estado oyendo en el colegio encajaron en una sola y fatídica idea: evidentemente, los Reyes eran los padres. Pero no quise creérmelo, y segundos después de un denso silencio, a solas en la habitación, grité: "¡¡¡ya han venido los Reyes!!!". No hay peor ciego que el que no quiere ver, dicen. Por supuesto, hubo disculpas y ajetreo en la casa y hermanas sacándome a rastras de la habitación y personas mayores que me decían que habían tenido que dejar los regalos antes de tiempo porque iban muy cargados (y éso explicaba que pudieran recorrer todas las casas del mundo en una sola noche) y otras personas mayores a la vez que me negaban que hubiera visto nada mientras que otras sacaban a toda velocidad los regalos de debajo de la cama para mostrarme de nuevo el suelo, tras la colcha, sólo con algunas inocentes pelusas.

Me lo creí todo, me lo quise creer todo, mientras pude mantener la ilusión. Porque aún hoy creo que ése es el sentimiento que da sentido a la vida, son las ganas las que mueven el mundo, es la ilusión de cada uno la que consigue que cada día, la Tierra gire.

Feliz noche de ilusión.

06/01/2010 00:47 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

El paso de los años

Decía Graham Green “En el fondo de nosotros mismos siempre tenemos la misma edad”. Quizá por eso no siento que mi yo concuerde con la idea que yo tengo de las personas que tienen 28 años. Me dicen que Fulanito tiene 28 años y me lo imagino mayor que yo. Oigo en las noticias lo que ha hecho una mujer de 28 años y no me la imagino como yo, incluso un resorte dentro de mí me impulsa a pensar en que será una joven de 28 años y no una mujer.

No es que esté en desacuerdo con mi vida presente ni pasada, en absoluto, no es que esté sintiendo con urgencia la llamada del reloj biológico que marca la sociedad, tampoco soy de las que matan antes de decir su edad en alto, ni de las que quieren aparentar menos años (de hecho, me gustan mis canas) pero es inevitable que algo se te retuerza dentro cuando lees que el asesor de Obama tiene un año menos que tú (¿qué ha estado él haciendo con su tiempo mientras tú simplemente vivías?) y también es inevitable que la sonrisa se te salga de la boca cuando en el banco el tipo que te atiende te quiere abrir una cuenta para menores de 26.

 

 

02/01/2010 21:49 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Feliz 2010

Año nuevo, vida nueva, blog como nuevo y por delante 365 días nuevitos y limpios por estrenar... Presiento que este año va a ser redondo, y yo al menos intentaré que cada día sea luminoso, que cada día tenga algo que contar, aunque sólo sea una frase, siquiera una palabra llena de significado. No debería ser difícil, al fin y al cabo mi oficio es contar, comunicar algo nuevo todos los días... Ya lo decía el maestro Cortázar en el cuento "Las babas del diablo":

“... Lo mejor es dejarse de pudores y contar, porque al fin y al cabo nadie se avergüenza de respirar o de ponerse los zapatos; son cosas que se hacen, y cuando pasa algo raro, cuando dentro del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio roto, entonces hay que contar lo que pasa... siempre contarlo, siempre quitarse esa cosquilla molesta del estómago”.

 

01/01/2010 21:27 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

La primera vez

"Hasta que las cosas no ocurren por primera vez, no han ocurrido nunca". 

Encontré esta frase entre las páginas de la novela Kafka en la orilla, del japonés Haruki Murakami. Claro que es una obviedad, pero me sobresaltó leer una verdad tan simple, encendió un resorte nuevo dentro de mí. Esta frase invita a probar cosas diferentes, en mi caso, un nuevo modo de comunicar. Lo entendí como una provocación. Me obliga a atreverme con otros métodos que, aunque ya estén explorados, son nuevos para mí.

También era nuevo para mí el lenguaje del periodismo la primera vez que me propuse contar lo que había visto y escuchado en forma de noticia. También hubo una -temblorosa, equívoca, emocionada- primera vez que me subí a un escenario para contar un cuento y tratar de emocionar al público, con las únicas armas que te dan la voz, el gesto y la palabra. Desde aquéllas, ha habido muchas veces, pero la ilusión es siempre la misma, se trata de comunicar. Sumidos en este mundo saturado de estímulos y de mensajes de todo tipo, todos intentan hacerse un hueco en el que se escuche su voz. De eso se trata, ésa es mi pasión y mi oficio: la comunicación.

16/09/2007 17:48 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.


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