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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Literatura.

Que las flores la acompañen

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Cada hijo lleva un ramo

Que se vea quién la quería más

 

Que no esté fea la tumba     

que no esté sola.

 

Toda la vida privándose

habría preferido gastarse el dinero

de ese mármol en un buen abrigo,

en el piso           en un coche,

en un viaje a la capital.

 

Que no esté fea la tumba

no estés sola

 


Las flores de plástico duran más y cuestan menos

Están cuando tú te vayas

Son un engaño y una contradicción

Llevas algo que no se muere a un cementerio

 

Flores muertas para los muertos

No estás sola

Nosotros seguimos

viendo tu luz.

02/11/2017 20:40 Elena #. Literatura Hay 1 comentario.

Contra las perdices II: Acabar comiendo pájaros no es un buen final

Ya que te pones a vivir una historia de película, que todo lo parezca: busca un protagonista guapo y que hable idiomas, una chica de provincias que llega a la gran ciudad, pon un beso frente al atardecer. No hay quien se crea ya los besos bajo la lluvia en mitad de la noche.

 

Los interiores, en un apartamento del barrio más cool de Manhattan, que tenga azotea con vistas a los rascacielos, una ristra de bombillas pequeñas y escaleras de incendios. Que suban un día a ver amanecer. Para que luzcan los exteriores tienes Nueva York entero, al que vamos a quitarle el frío de noviembre; sí, mejor que haga sol.

 

Que la película sea un poco cómica: desenfoca la expresión desconcertada de la chica cuando la recibe en el aeropuerto con palmaditas en la espalda después de haberse cruzado el océano por él. Dale un toque exótico: unos compañeros de piso fantasmas, una mulata enorme preguntando a los transeúntes si esa estatua de un mono debería tener cola, que el taxista que surfee en el atasco sea un discreto pakistaní.

 

Ponles a hablar todo el rato de cosas interesantes: de literatura, de viajes, de cine, de arte... pero no te pases: que coman hamburguesas con las manos y se manchen, que él meta la pata diciendo algo inconveniente, que ella haga lo mismo pero en un charco, que haya malentendidos, que la familia de él se meta por medio, que se asuste, que se asuste.

 

Que todo el mundo parezca obsesionado con las citas y con el matrimonio: esto se tiene que parecer a las series de televisión. Que paseen de la mano por la orilla del East River, que bailen con sus sombras en un parque anochecido, que se queden abrazados en un barco mirando la Estatua de la Libertad.

 

Métela a ella cuatro horas en el MoMA, a ver qué pasa: unos cuadros de esos que son todo rallajos, piernas saliendo de las paredes, vídeos de viajes a ninguna parte, una escultura llena de pinchos, jardines atestados de flores, bodegones de cosas que no llevarse a la boca, perseguidores que corren más que sus perseguidos, música de marcianitos. Que todo parezcan pistas: un vestido de novia petrificado, “El vértigo de Eros” fotografiado, primer plano del cartel que dice: “El corazón no es una metáfora”. Que se quede extasiada mirando los Nenúfares de Monet.

 

Dale una cámara de las buenas, que vaya retratando lo que ve. Que la sorprenda un desfile de veteranos de guerra en la Quinta Avenida, con sus bandas de música y sus majorettes. Detente en el escaparate de Tiffanys aunque no haya croasanes, que sienta el vértigo de luces de Times Square. Cuando vaya a Central Park, que suene un saxo a lo lejos mientras se come un perrito caliente apoyada en un árbol. Le gustan los tejados, súbela al Empire State. Que no vaya a Harlem, no es una turista cualquiera, aléjala del Bronx. Pero asegúrate de que cruce caminando el puente de Brooklyn entre la niebla, y de que se pierda un poco por Chinatown.

 

Llévalos al final de nuevo al aeropuerto, pero no quiero dramas. Ni lágrimas ni abrazos eternos ni promesas. Que sonrían mucho y en la distancia levanten la mano diciendo "hasta luego", como si fuera seguro que van a volverse a ver.

 

21/01/2015 02:36 Elena #. Literatura Hay 2 comentarios.

Contra las perdices: Acabar comiendo pájaros no es un buen final

Palmaditas en la espalda. Ella se había cruzado el océano por él y él la recibía con palmaditas en la espalda, en el JFK de Nueva York.

 

Se habían conocido tres meses antes en otro aeropuerto, el de Atenas. Sí, como en las películas, se conocieron en un avión. Los dos viajaban solos, volvían de unas vacaciones en Grecia y la compañía aérea se había encargado de sentarlos juntos. Esas cosas pasan, llámalo destino o juego del azar.

 

Empezaron a hablar porque había muchos niños llorando a la vez en ese vuelo, y se intercambiaron una mirada de fastidio y complicidad. Él preguntó: “¿cuál prefieres?” y coincidieron en que el llanto más profundo les gustaba más.

 

A partir de ahí, los temas de conversación iban surgiendo solos; compararon fotos de sus vacaciones, hablaron de sus trabajos, de sus pasiones, de sus viajes, de sus divorcios, de los miedos que tiene la gente a cambiar de opinión. De la razón por la que es insípida la comida de los aviones, de trucos para no discutir con la almohada, de la vez que él tuvo que dormir en un suelo de Ámsterdam, de ese un caballito de mar que le había hecho a ella un moratón en la pierna, de cómo un idioma tan áspero como el ruso suena dulce en verso, ¿quieres oir un poema? Y él se puso a recitar.

 

Se aburrían los libros cerrados sobre sus rodillas y cuando se quisieron dar cuenta, faltaban solo unos minutos para llegar a Zúrich, ¿la has visto desde lo alto alguna vez? Parece un baile sincronizado, los coches y los peatones de la ciudad suiza funcionan como un reloj.

 

Ella tenía solo media hora para hacer escala, él dos. Habían compartido tres horas de vuelo, qué son 180 minutos juntos cuando una vive en Madrid y el otro en Nueva York. Pasearon frente a la puerta de embarque en círculos concéntricos hasta que se quedaron solos, y hubo un abrazo largo y sentido, con dos azafatas al fondo con cara de venga bonitos subís o qué.

 

Subió ella, se quedó de pie mirándola él. Espero que nos volvamos a ver pronto, dijeron, con la misma esperanza con la que se pide un deseo a una estrella fugaz. Pero sucedió. Con correos electrónicos tendieron un puente durante semanas y al final ella lo cruzó. Atravesó el océano sin saber qué iba a encontrarse al otro lado, pero te arrepientes más de las cosas que no haces que de las que llevas a cabo, y alguna vez en la vida hay que visitar Nueva York.  

18/01/2015 01:01 Elena #. Literatura Hay 1 comentario.

Había un hombre leyendo

Había un hombre leyendo. La gente normal hablaba por teléfono, aprovechaba para contestar mensajes, opinar por twitter o actualizar su estado de facebook. Se enfrascaban con algún videojuego en su móvil o escuchaban música sin más.

 

Él parecía sacado de otro siglo, ahí absorto con su libro de verdad. Pasaba las páginas y todo con los dedos. Fruncía el ceño y sonreía a veces, igual que la gente que miraba las pantallas, pero los gestos de aquel hombre tenían otra intensidad.

 

Algo impúdico, porque todos sabíamos que las páginas muertas no le estaban comunicando nada en ese momento; no es que un amigo de repente te mande un chiste o tu novio un emoticono de corazón. Sin embargo, él se emocionaba como si lo fuera. Como si estuviera interactuando con ese árbol asesinado. Jugando descaradamente a su propio juego, él solo, ahí tan tranquilo, sumergido en quién sabe qué mundos, leyendo desde el fondo del vagón.

21/11/2014 01:47 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

En la ciudad de las maravillas

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Decía Benedetti que en la vida / hay una sola grieta / definitivamente profunda / y es la que media entre / la maravilla del hombre / y los desmaravilladores.

 

Podría parecer y parece que el mundo está hecho un asco al ver las noticias. Lo está. Llenito de desmaravilladores. Yo por eso a veces sigo una estricta dieta informativa, tirando alegremente piedras contra mi propio tejado. Pero a menudo los árboles no nos dejan ver el bosque, y hoy me he encontrado rodeada de maravillas, tantas que una no puede dejar de creer que todo tiene remedio, que tenemos remedio.

 

Es heroico lo que hacen en Guadalajara una vez al año, el tercer fin de semana de junio. En el Palacio del Infantado que aparece en la foto organizan un maratón de cuentos, de ilustración y música. Desde el viernes hasta el domingo, ininterrumpidamente, hay gente que se sube a un escenario a contar un cuento mientras otros dibujan las palabras que se quedan aleteando en el patio, entre columnas, y en los jardines, músico tras músico se ponen a tocar.

 

También hay un colorido mercado de artesanos, un rincón en el que te escriben al momento cuentos y poemas a tu antojo y un sanador al que le cuentas un problema y te receta un cuento al oído

 

Es mágico todo lo que sucede este fin de semana en Guadalajara, y lo mejor es que la ciudad entera se vuelca con su festival. Frente a los escenarios hay gente de todas las edades y pelajes: hay niños y macarras y abuelas y pijos y chonis y parejas y marujas y perroflautas y señores con sombrero, todos sentados disfrutando de los cuentos, que cuentan niños y macarras y abuelas y pijos y chonis y parejas y marujas y perroflautas y señores con sombrero.

 

Profesionales o no, se van subiendo uno a uno al escenario con ganas de contar un cuento, con la ilusión de compartir una historia, con más o menos fortuna, con más o menos recursos, con más o menos talento. Y se respeta todo, se aplaude a todos, sonríen todos.


Maratón de palabras que ensanchan el alma. Escucha y verás, dice un cartel. Para creer. Lee y verás...

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15/06/2014 04:07 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

Más femenina, ¡hombre!

Pero qué le pasa a la gente a la que le gusta ir a Ikea

tienen vocación de ratones o qué

me debe faltar algún cromosoma

porque no soporto ir de tiendas

no me gasto un dineral en cremas

no me gustan las peluquerías

teñirme el pelo, comer helado, acumular zapatos

celebrar con postales y flores San Valentín.



Pero rindo culto a los demás tópicos cuando

me tomo una copa y hablamos de hombres

voy en el metro y critico a los hombres

Me quedo mirando a las chicas muy guapas

con esa mezcla de admiración y envidia tan femenina

Suelo maquillarme en los semáforos

Digo que no a veces cuando es que sí



También soy rara a veces

le doy cien vueltas a las mismas cosas

se me complica lo más sencillo

me pierdo en el silencio si guardo secretos

Me da pereza la piscina porque moja

no me gustan los helados si están fríos





06/06/2011 21:22 Elena #. Literatura Hay 2 comentarios.

Por qué no puedo ser Arantxa

"¿Arantxa?” Dijo una voz en un susurro ahogado de lágrimas. Eran las dos y veinte de la madrugada de un día de diario y yo estaba despierta, por eso no me asusté cuando sonó el teléfono.


Pero nadie llama a un móvil a esas horas inseguro de quién va a contestar; ese tono de pregunta al decir mi supuesto nombre era extraño. Más bien desesperado: pensé que a ese tipo que llamaba a mi móvil le daba igual con quién hablar con tal de poder desahogarse, así que le dije: “sí”. Y se echó a llorar, aliviado. Dejé el libro que estaba leyendo sobre la mesilla, ahuequé la almohada, me arropé bien con las mantas, me quedé en silencio esperando indicaciones.


Él tardó un rato en poder calmarse, a mí sólo se me ocurrió interrumpirle para decir: “tranquilo” y se tranquilizó. Respiró profundamente, se aclaró la voz, creo que bebió un poco de agua, dijo “perdona”, luego “gracias”, después “sólo necesitaba saber que estabas ahí” y colgó.

18/12/2010 15:07 Elena #. Literatura Hay 1 comentario.

Pequeña fábula de andar por casa que sólo entendemos tú y yo

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Había una vez un hurón que vivía tranquilamente en su madriguera. Era un bicho solitario y huraño el hurón, con un poco de mala leche, sobre todo recién levantado, porque no le gustaba encontrarse a ningún ser vivo a su alrededor que entorpeciera su camino.


Le gustaba hacer las cosas a su manera, comía cualquier cosa que se encontraba en su camino despreocupadamente y se había acostumbrado a rebozarse por las mañanas en un charquito cercano de barro.


Hasta que un día se mudaron a vivir al tronco de al lado dos simpáticos topillos que le trastocaron los planes y sus modos de vivir. Los nuevos vecinos estaban empeñados en crear una convivencia agradable en esa parcela del bosque.

 

Así, un día que el hurón fue a rebozarse en su habitual charca, se encontró agua limpia; cuando iba a la caza de alimento se encontró con la mesa puesta, y al ir a encerrarse en su madriguera vio que se la habían decorado con hojas y ramitas.


Al hurón le trastornaba la actitud de los dos topillos, porque no estaba acostumbrado a que le llenaran el camino de flores en lugar de ponerle piedritas. Eran tantas las atenciones de los dos topillos que al final el hurón ha tenido que acostumbrarse hasta a despertarse de buen humor y a decir buenos días al levantarse, porque está visto que con esos topillos "no hay manera..."

13/12/2010 20:51 Elena #. Literatura Hay 8 comentarios.

De cervezas, flores y tornillos

Dieciocho latas de cerveza Alhambra de medio litro, una caja de plástico transparente con 100 tornillos y un ramo de flores, margaritas blancas. Éso es lo que llevaba ayer por la tarde el tipo que iba delante de mí en la caja del supermercado. Me quedé tan maravillada que lo dije en voz alta, separando las palabras:

- Cerveza, tornillos y flores. Vaya compra.

Él se dio la vuelta despacio hacia mí y respondió sin tono de sorpresa:

- Y a ti qué te importa.

- No, si no me importa, pero me encanta.

Él entonces torció el gesto y sonrió un poco. Era muy alto y llevaba el pelo desgreñado, chaqueta de cuero vieja y pantalones vaqueros de marca. Parecía un Quijote del siglo XXI cuando sacó el ramo de flores de la bolsa de plástico y lo empuñó con la mano derecha con el mismo gesto de quien enarbola una lanza. Le deseé suerte en su batalla.

08/12/2010 13:41 Elena #. Literatura Hay 3 comentarios.

No te salves

El indeciso dudó. Lo obligaron a detenerse en el borde del camino, 
y se quedó mirando apremiante a su alrededor. Qué presión.
A su derecha, había una senda floreada que llevaría a alguna parte
y un arroyo de agua revuelta y fresca siguiendo el camino de la
izquierda. No sabía por cuál decantarse. Qué presión.
La primera opción tenía baches, parecía escarpada a lo lejos;
si seguía el segundo camino podría mojarse. Qué presión.
Tanta, que no pudo soportarla: al final decidió no tomar
ninguna decisión.

"NO TE SALVES" (Mario Benedetti)

No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.

No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer lo párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.

Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo

03/12/2010 17:01 Elena #. Literatura Hay 1 comentario.

Escaleras de subida o bajada

Ya he bajado más veces por esa escalera

He visto que abajo del todo no hay apenas luz

Sé que ahí abajo no hay más que escombros,

y una siente que está caminando sobre las ruinas de su propia vida.

Todo aparece apagado, difuso, ruidoso, caótico, en desorden

De nada sirve obstinarse en permanecer ahí.

Hay que esforzarse en salir cuanto antes,

a cualquier sitio, pero querer salir.

Dibujar nuevos paisajes, encontrar un refugio

del que no haya que huir.

Está comprobado que de ese viaje de descenso

no se muere nadie:

las escaleras también sirven para subir.

17/11/2010 14:16 Elena #. Literatura Hay 3 comentarios.

Cada mañana

"Cada día

me convierto en mis ojos

soy las cosas que escucho

como el hombre que tiembla es

una parte del frío"

(Benjamín Prado: Todos Nosotros)

22/10/2010 22:54 Elena #. Literatura Hay 1 comentario.

La culpable de todo esto

Ella se sumerge en el vagón de metro y para entretener el viaje va tejiendo conversaciones imaginarias. Pesca el recuerdo de una tarde lluviosa en Londres frente a una taza de café en un sillón de orejas, de la noche que pasó oculta tras una columna escuchando un concierto, de una despedida en el aeropuerto con lágrimas de secado rápido, de una bienvenida con flores amarillas, de las horas muertas dentro de un coche aparcado en doble fila, de una mañana de domingo de risas interminables...

Qué más da 8 que 80”, y viaja pensando en la noche que echó a rodar todo esto, en las llamadas telefónicas truncadas y en las infinitas, en las margaritas volando por la ciudad y en los limpiadores de estrellas, en los que ven atardeceres cuando están tristes y en los zorros domesticados.

Siente pescaditos dorados iluminándose dentro de su sangre y los cuida para que vivan siempre. Se le nublan a menudo los ojos y el parpadeo asemeja el aleteo de una mariposa. Abre la ventana y deja entrar en su casa una bocanada de flores. Cuando es necesario saca las alas de ángel que lleva ocultas en la espalda y es capaz de hacer que le salgan los dientes a un dinosaurio recién nacido. Sumergida en las entrañas de la ciudad, continúa hilando recuerdos y una sonrisa se le dibuja en la boca, que suele tener llena de peces.



29/08/2010 14:18 Elena #. Literatura Hay 2 comentarios.

"A mí no me pintes girasoles"

"A mí no me pintes girasoles

ni los arranques de su tallo para dármelos

a mí no me pintes girasoles

si en tu pecho no giran hacia el sol sus pétalos dorados

si el naranja no brota cuando el amor

se desgarra de tristeza o de espera

a mí no me pintes girasoles

si no sabes cubrir mi desamparo

ni los arranques para dármelos

que llegan muertos

y no me sirven

amor

y no me sirven".

(Francisco Garzón Céspedes)

Siempre admiraré a los poetas porque manejan la capacidad de leerme el pensamiento, de traducir en palabras atemporales lo que se agita en mi interior. Una tarde relees un poema que conoces desde hace años y descubres de repente que habla de ti.

Tengo la fortuna de conocer al poeta que escribió estos versos. He crecido con sus palabras, sus palabras me enseñaron durante años y de sus palabras sigo aprendiendo. Él me enseñó sobre todo el poder de la palabra y a él debo agradecerle gran parte de la Elena que ahora soy.

19/07/2010 01:52 Elena #. Literatura Hay 1 comentario.

Mar de fueguitos en la Noche de San Juan

“Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.

Pienso en este fabuloso cuento de Eduardo Galeano al mirar desde arriba hacia el parque de la Cornisa de Madrid en la Noche de San Juan, después de haber quemado mis tres deseos y saltado siete veces una hoguera. Es literalmente un mar de fueguitos, un remolino de gente que brilla con su luz propia en torno a decenas de hogueras, en esta noche mágica en la que se queman los malos momentos del pasado año y nos envuelven los buenos augurios.

24/06/2010 01:19 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

Estamos aquí para llegar juntos

Llevo desde que volví de Lisboa dándole vueltas a dos versos del poeta Vasco Gato que vi escritos en un callejón y quiero sacármelos de dentro pidiendo la colaboración del público:

nós estamos aquí para fugir

nós estamos aquí para chegar de vez

 

Pertenecen al poema “Estar aquí, quedarse aquí” y creo que la traducción más correcta del portugués es:

Estamos aquí para huir

estamos aquí para llegar juntos

 

Aunque también “fugir” por lo visto se puede traducir como “llegar lejos”, si la pintada me impactó tanto es por el hecho de que alguien esté huyendo y a la vez se preocupe de no terminar su huida en solitario. Me parecía contradictoria la idea de la huida con la llegada compartida a una meta. Quizá en la meta confluyen los caminos de los que huyen al mismo tiempo, quizá los que huyen no están hablando desde el punto de partida, quizá llevan huyendo durante años, quizá no estén huyendo de algo sino de ellos mismos y en esa búsqueda persiguen converger en el mismo punto. Quiero pensar que, a pesar de la necesidad de huir, no lo dan todo por perdido, no están tan desencantados.

15/06/2010 22:08 Elena #. Literatura Hay 3 comentarios.

Si la persona fuera un personaje

Cuando en una película aparece una calle desierta, el vacío de la calle parece un presagio. Sospechamos del silencio, tememos un asesinato, un rapto, un encuentro amoroso, alguien que se esconde o que llega, una catástrofe. Algo va a suceder.

En otra escena la protagonista se encuentra atrapada en un atasco, repentinamente se pone a mirar las espigas del campo a través de la ventana. La cámara sigue el recorrido de sus ojos, se detiene en su rostro y ella tendría una actitud melancólica o alegre o furiosa, las espigas deben de tener algún significado.

Pero yo estoy en un atasco y a mí esas espigas al borde del camino no me dicen nada, las miro mecerse al viento con la mente en blanco; la calle aparece desierta sin ningún presagio, no espero ver a nadie cruzar la esquina ni caminar por este lado de la acera ni tocar a mi puerta.

Si esto fuera una película, seguramente me habría dado la vuelta después de despedirme de ti. Para ver cómo abandonas la calle en la lejanía, para imaginar cómo te subes al coche y te sonríes... o mejor, habría una cámara encargada de seguirte, de registrar la lentitud de tus pasos, el gesto de boca, la duda en tu mirada... pero no somos personajes, aquí no hay guión ni cámaras y no es posible saber qué has hecho y pensado cuando me he dado la vuelta.

 

11/06/2010 02:15 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

"Quiero ponerme en riesgo de alegría"

Ahora que empieza el fin de semana, voy a echarme a las calles con un pensamiento robado, otra brillante idea del poeta que no quiere "escribir versos sino llenarlos de caballos" y que se hace llamar Neorrabioso:

"Quiero ponerme en riesgo de alegría"

28/05/2010 20:12 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

Metáfora espontánea

Hablando con un taxista de política, de hay que ver cómo corrompe a algunas personas el poder, de repente me dice: "Es que hay gente que no está preparada para tocar las estrellas", y me quedo con esa imagen, ya no quiero oír nada más.

26/05/2010 01:01 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

Destellos de un domingo gris

En este mismo domingo, en torno a la misma taza de café, caben muchas personas. Igual hay gente que no ve más allá de su ombligo, gente que sólo ve lo que quiere ver, que sólo escucha lo que quiere oír y que sólo habla de lo que ha venido a hablar.

 

Hay también gente que sólo sueña sueños prefabricados, pero al final de este día nublado salen a relucir las personas que brillan con luz propia, y decido quedarme con su brillo que ilumina todo alrededor. Con la gente que construye sueños a cada paso, con las miradas que brillan después de llorar.

 

No tiene ningún mérito: es fácil quedarse sólo con lo bueno del día, olvidarse de todo lo malo si acabo de llegar de una sesión de magia. Cómo no irse a la cama con una sonrisa, cómo no quedarse deslumbrada si en este mundo también hay gente que dedica su vida a crear ilusiones, gente que es capaz de crear una atmósfera mágica en la que se traspasa por el aire el pensamiento, un mundo en el que las cuchillas pueden enhebrarse dentro de la boca, una cuerda sola es capaz de pescar la carta elegida y las letras escritas en una pizarra se cambian para escribir otra palabra si el mago pasa por delante sus mágicos dedos.

 

También yo soy de las que sólo ven lo que quieren ver, de las que sólo sienten lo que quieren sentir: el mago me ha convencido de que apretando un puño en el aire, aparecería en mi mano una moneda. Todo el público ha podido oírla precipitarse hacia el fondo de un cubo metálico, pero además yo juro que la he sentido en mi propia mano caer.

10/05/2010 02:24 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

Vivimos en un pedregal

Lo decía Jean Paul Sarte:

"Nadie debe cometer la misma tontería dos veces,

la elección es suficientemente amplia".

30/04/2010 02:26 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

El Parque del Oeste

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Desde que llegué a Madrid, siempre me ha gustado mucho el Parque del Oeste. Lo atravesaba de lado a lado muchas mañanas soleadas en que no apetecía meterse bajo tierra para ir a la Universidad. Entre el tumulto de la estación de autobuses de Moncloa y el enjambre de estudiantes de la facultad, ese remanso verde de sol me daba siempre energías para afrontar la jornada.

En el camino, mientras lo cruzaba, no existía nada, no iba pensando en nada. Sólo miraba las flores, el prado, los troncos, las ramas, las fuentes y el agua de los estanques... y allá, aparentemente lejos, fuera de mi mundo, quedaba el barullo de la gran ciudad. Allá arriba, apenas a unos metros, el ruido de una de las carreteras más colapsadas de la capital, ahí abajo, la calma, la hierba, la tierra, los pájaros.

Caminando por el Parque del Oeste, notas que el ruido está, pero no te toca. Era como entrar en una nube, y al descender ya sí, entonces sí, ya mi cabeza se ponía a hacer planes y propósitos y llamadas de teléfono y encaje de bolillos para cuadrar todas las cosas que quería hacer en ese día que tenía por delante.

27/04/2010 01:31 Elena #. Literatura Hay 1 comentario.

El mundo seguirá girando...

 

"Por muy extraño que pueda parecernos, después de nosotros el mundo seguirá girando. Sin vosotros. Sin mí. Con altibajos, pero continuará. Y no se contentará con hacer que nuestros sucesores sean más felices de lo que nosotros fuimos en medio de nuestros dramas. Ya lo sabéis, el paraíso no va a aparecer mañana. El infierno tampoco".

Jean d'Ormesson, novelista y cronista francés.

24/04/2010 20:45 Elena #. Literatura Hay 1 comentario.

Mercaderes en la Noche de los Libros

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Me pasaría un buen rato aplaudiendo a la persona que tuvo la idea de crear la Noche de los Libros, esa madrugada excepcional de librerías abiertas de par en par y tertulias literarias y música y poesía y teatralización de textos y presentaciones de libros y lectores ávidos de palabras ocupando todos los rincones de Madrid.

Aplaudiría sin parar al político que tuvo la brillante idea de darle protagonismo, siquiera por una noche, a las personas sensibles que aman la literatura por encima de todas las demás palabras feas o huecas que pueblan esta ciudad política.

Le aplaudiría el mismo rato que me pasé anoche criticando a quien (seguramente un político) tuvo la indecencia de programar, nada menos que en el Círculo de Bellas Artes (no en cualquier otro de los cientos de espacios menos prestigiosos) a un “escritor” encantado de haberse conocido que recitaba con voz melosa unos poemas que parecían escritos por un alumno de la ESO para un trabajo del colegio.

Me lo dijo el escritor Javier Tomeo en una entrevista que le hice hace unos días: “hay muchos mercaderes en el templo de la Literatura. Habría que expulsarlos pero ¿quién empuña el látigo? Nadie se atreve”.

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24/04/2010 20:07 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

Derecho a mirar las estrellas

"No miramos hacia arriba porque no se nos ha perdido nada en las estrellas. Todo lo que tenemos está tirado por el suelo". A veces, cuando camino por la calle y voy mirando al suelo, me acuerdo de esta frase de un libro de Ray Loriga (no sé si Héroes) y me da rabia tener que darle la razón.

Pero ahora no, esta noche me preparo para llevarle la contraria: el 20 de abril (en una hora) es el Día en Defensa del Cielo Nocturno, el Día del Derecho a la Luz de las Estrellas.

19/04/2010 23:06 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

Esas cosas que pasan en el metro

A ese hombre que está sentado frente a mí leyendo seriamente el periódico en el metro se le acaba de caer un hielo al suelo.

Me quedo mirándolo atónita y, al concentrarme un poco, puedo ver sobre la punta del iceberg (perfecto en sus aristas e intacto a pesar del calor) a un pequeño pingüino verde haciéndome señas. Como si me conociera, como si quisiera saludarme o como si tuviera ganas de que jugara con él.

Yo no hago caso porque no me gusta llamar la atención en el metro a estas horas de la noche, pero es difícil ignorarlo con lo simpático que parece. Desde luego, él se lo está pasando estupendamente, se ha puesto a hacer monerías para llamar mi atención: equilibrismos, piruetas, bailes absurdos, juega a deslizarse rápidamente sobre el hielo para detenerse en seco al llegar justo al borde en una pose dramática, y me mira todo el tiempo de reojo, invitándome a participar. Igual me estoy perdiendo la oportunidad de pasar un viaje divertido.

17/04/2010 12:55 Elena #. Literatura Hay 2 comentarios.

Si soplas una brasa...

"Si soplas una brasa, se enciende. Si escupes sobre ella, se apaga. Y ambas cosas salen de tu boca".

24/03/2010 01:17 Elena #. Literatura Hay 1 comentario.

Cuánta razón tienen a veces las fachadas

"QUERER PODER

TE IMPIDE

PODER QUERER"

(Pintada en un edificio)

08/03/2010 01:20 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

Los músicos (cuento hiperbreve)

 

Sucedió bajo tierra, en las entrañas de Madrid. Él tocaba el violín en el metro y ella, la pandereta. Sonreían mucho. Él tenía los dientes demasiado grandes y ella, una verruga en el sabio superior, pero sonreían mucho, como si fuera la primera vez que tocaban juntos o como si acabaran de reencontrarse. Incluso, mientras esperaban a que se abriesen las puertas para bajar, ella tarareaba.

 

08/03/2010 01:17 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

El que espera desespera

Me gusta siempre mirar a los balcones y en ese del tercer piso ya he visto varias veces al mismo chico asomado. Hoy parece que se queda más rato que de costumbre y está fumando, veo iluminarse de vez en cuando una brasa a través de la lluvia.

 

Desde la distancia, ese chico parece guapo y desesperado, está ahí fuera con el frío, mojándose y mira hacia la calle como quien espera algo, quizá dudando entre gritar o no gritar, esperando tal vez verla llegar a ella, reunir fuerzas para volver a entrar o vigilando la llegada del camión de la mudanza mientras se consume su cigarro y su paciencia.

 

Parece que espera escuchar una llamada que lo reclame, una voz que le diga “ven”, un abrazo alrededor de la cintura, un escalofrío que le recorra la espalda, un silbido de alguien que camine por la acera de enfrente, una sonrisa llamando a su portal, el susurro de una buena idea que le dé motivos para seguir viviendo...

 

Pero nada de eso pasa y el chico se encarama de un salto rápido a la barandilla y se queda mirando al suelo, dudando entre saltar o no saltar.

05/03/2010 22:16 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

Los borrachos no tienen por qué decir la verdad

 

En el mundo que él se ha creado, la luz viaja más rápido que el sonido, por eso no necesita que ella abra la boca para saber qué siente, qué es lo esconden sus medias verdades, su cara de niña buena. Nunca haría nada que pudiera dañarla, pero le gusta jugar al misterio, se hace el encontradizo, disimula tarareando una canción de los Ronaldos y pide otra cerveza para que se aleje del todo el pudor. Empuja las palabras fuera de su cuerpo mirando hacia otro lado, hacia la luz anaranjada de un foco que estalla sobre una mesa de madera vacía en el fondo del bar.

En el mundo de ella, cuando está él, no hay nervios ni corazas ni miedos ni vergüenza, lo que hace inevitables los malentendidos. Hay también una canción en el ambiente que le trae buenos recuerdos y un reloj que avanza de madrugada sin que le entre sueño.

A ella le gusta guardar secretos, y a él averiguarlos sin que se dé cuenta, por eso insiste tanto en buscar a escondidas pequeñas grietas para dejarlos escapar. Por eso también le pone trampas, pequeños cebos para que sucumba su curiosidad, como esas cartas que ha dejado descubiertas y como olvidadas sobre la mesa situada en el fondo del bar.

El mundo de ella es más lento y sensitivo, y sabe que él siempre ha viajado, queriendo o no, a la velocidad de la luz. Por eso él puede verla venir cuando aún no se está acercando, y aún sentarse a esperarla y extrañarse de que tarde tanto. Sin embargo, cuando avanzan juntos, no les cuesta ajustar velocidades; giran los dos a la vez, cada uno en su propio mundo, sin que sus satélites colisionen, sin que pase lo que pase, se hagan daño, porque a estas alturas del partido hay pocas cosas ya que les puedan dañar.

09/02/2010 01:59 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

A veces me gustan los atascos

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A veces me gustan los atascos, ese río de peces disciplinados que suben lentamente una colina; luces blancas por la margen izquierda, luces rojas por delante, varias decenas de pares de ojos amarillos que me siguen por detrás y la luna en todo lo alto. Cuando a ratos conseguimos inexplicablemente remontar rápido la corriente, hay caras que respiran aliviadas a mi alrededor, con una esperanza que dura sólo hasta el siguiente parón con su orgía de luces rojas.

Hay entonces tiempo para mirar a ese chico del seat ibiza que va cantando una canción y la vive, tamborileando en el volante, a los niños que no paran quietos en el asiento de atrás, a la mujer que habla por los codos con su manos libres, al señor que parece que acaba de salir de una reunión preocupante y a la chica que guarda todavía en su rostro una media sonrisa de vete a saber qué cosa graciosa que le pasó antes.

Me gustan los atascos cuando voy con buena música y sin prisa, me hace recordar que la Humanidad a veces puede ponerse de acuerdo, aunque sólo sea para ir hacia el mismo sitio a la misma hora.

04/02/2010 01:23 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

Ensayo. Poema

 

Hay exactamente 1.852 metros

andando entre tu casa y la mía

Hay diez años de distancia

entre tú y yo

Hay un gato equilibrista

desafiando el vértigo de los tejados

Hay una sola estrella

en este cielo invernal

 

Hay una chispa de hielo

entre nuestras miradas

Un mensaje de amor en una botella

que ha llegado a puerto una sola vez

Más de un malentendido,

una muralla intangible

hasta en los momentos de placer

 

Hay una rubia estúpida tapándote

a esta hora sonriente los ojos

Hay un te quiero no dicho

que se ha quedado tirado

a las puertas de un bar

 

28/01/2010 01:56 Elena #. Literatura Hay 3 comentarios.

¿Pero qué es la Noche en Blanco?

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Pensábamos que estaban tomándonos el pelo, o que se nos acercaban para ligar. Cómo si no era posible que, después del despliegue mediático, aquellos dos chicos nos asaltaran en plena Gran Vía para preguntarnos: “¿Qué es la Noche en Blanco?”. Pero acababan de llegar, uno de Brasil y el otro de Uruguay, según nos dijeron, y nos miraban seriamente, esperando una respuesta, una definición que ni mis amigos ni yo alcanzábamos a encontrar. 

Miramos a nuestro alrededor, como intentando abarcar con la mirada lo que estaba sucediendo para que se tradujera en palabras. Lo cierto es que el panorama era bastante desconcertante. Si yo de repente aterrizara en Madrid y me soltaran en plena Gran Vía aquel sábado de madrugada, seguramente me habría asustado. En la esquina con Montera había varias patrullas de Policía, subían y bajaban las ambulancias o los coches de bomberos; algunos taxis, autobuses y coches despistados intentaban abrirse paso entre la marabunta.  

Porque todo sucedía en la calle, y a la vez. La gente se había echado a la calle como si hubieran desalojado todos los edificios y los bares, sobre todo los bares; la gente bebía en la calle con vasos de plástico como en las fiestas de un pueblo, había corrillos de gente sentados en las aceras, colas quilométricas frente a los museos y las instituciones, multitudes frente a los edificios iluminados de arte. 

Pero esa aglomeración fue también, para mí, lo maravilloso de la Noche en Blanco. Esa multitud expectante y asombrada que miraba su ciudad como si fuera la primera vez, que descubría la belleza de unos edificios que siempre habían estado ahí pero que fue esa noche cuando los miraron, porque proyectaban un juego de luces o de palabras sobre ellos, o porque una nube blanca ascendía frente a la Puerta de Alcalá, que por primera vez pudo ser cruzada entre sus arcos. 

Claro que había también multitudes expectantes y decepcionadas. Desencantadas por el “fiasco” de un arte demasiado “conceptual”, de unas esperas insoportables, del caos de transporte y los fallos de organización. Muchas actuaciones supieron a poco, no se entendieron, no tenían gracia y no eran ni siquiera bonitas, que es lo que cabe esperar del Arte. 

A mí me encantó disfrutar de un Madrid distinto, volcado hacia fuera. Claro que siempre me ha gustado Madrid. Me gustan sus edificios, sus calles abarrotadas, sus múltiples ofertas culturales, su gente abierta y desenfadada, su barullo de tráfico incluso (visto desde fuera, claro, cuando no tienes prisa por llegar a algún lugar), la vida palpitando a cualquier hora del día o de la noche.

Soy consciente de que mi mirada es la de una chica “de provincias”, pero llevo ya más años viviendo en Madrid que en cualquier otro sitio, así que me he concedido yo misma el título de madrileña, y a mí, la Noche en Blanco, lo que me pareció fue una fiesta. Una fiesta de la cultura, claro, pero participativa, abierta a todos. Yo creo que sí se cumplió con creces el objetivo de “acercar el arte a la gente”. Aunque defraudaran o no gustaran todas las iniciativas, eso es inevitable en toda manifestación artística, y por lo menos, la convocatoria a nadie dejó indiferente.

02/10/2007 20:02 Elena #. Literatura Hay 3 comentarios.

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Francisco Garzón Céspedes (poeta, escritor, periodista y creador de la Narración Oral Escénica) tiene unas brillantes definiciones de la Soledad que es un regalo para compartir con todos los que, como él, "están seguros de que existe un eco":

 

La soledad es un caracol que atraviesa por la garganta

la soledad es la contraseña para que aparezca el espejo

la soledad es un insobornable corsario de la memoria

la soledad es el blanco para el tiro ajeno

la soledad es un toque de queda

la soledad es imponerle gaviotas al silencio

la soledad es el naufragio de todos los puentes

la soledad es el límite de la recta

la soledad es una red de anzuelos en el viento

amor

no hay soledad total

amor

no hay soledad

16/09/2007 18:29 Elena #. Literatura Hay 1 comentario.

La memoria es el perro más tonto

Ray Loriga escribía en uno de sus libros: "La memoria es el perro más tonto, le tiras un palo y te trae cualquier cosa". Es cierto. Paso todos los días por el mismo descampado cuando regreso a casa, y de repente, el otro día se me apareció lleno de amapolas. Repleto de amapolas silvestres y flores amarillas como las de mi infancia, de esas que nos decían que no podíamos cortar porque nos orinaríamos en la cama de noche, y que yo nunca me atreví a cortar por miedo a que la advertencia se hiciera realidad. Pero lo que más me ha sobrecogido han sido las amapolas, altas y rojas como las que había al lado de mi casa de Soria, en un campito que llevaba hasta una caseta que se veía desde la ventana de mi salón, donde un día un chico se suicidó, metiéndose en la boca la pistola de su padre, porque su novia le había dejado. Yo sabía poco de esa historia, sólo lo que lograba rescatar de las conversaciones de los mayores. Decían que se había oído un disparo en la caseta, y todo el mundo subió corriendo por el camino de polvo, entre las amapolas. Yo tenía menos de diez años y pensaba en aquella chica, me la imaginaba igual que yo pero más alta, con el uniforme de las Escolapias, azul marino con la falda plisada, de tablas, y gritando de desesperación en el patio del colegio al enterarse.

Yo ni siquiera conocía a aquella chica, nunca se habló del tema en mi casa, y tampoco recuerdo que se comentara en el colegio. Hace ya más de quince años, y desde aquella tarde, nada. ¿Cómo es posible que la visión de un campo florido de amapolas, una visión alegre y despreocupada de regreso a casa, me traiga este recuerdo que ni siquiera sé si sucedió de verdad?

16/09/2007 18:12 Elena #. Literatura No hay comentarios. Comentar.


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