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Alguien que anda por aquí

Elegir el silencio

 

No sé quién dijo: “si lo que tienes que decir no es más bello que el silencio, no digas nada”. Quizá por eso a veces rompo mi propósito de año nuevo no escribiendo en este blog. Reconozco que hay veces que me dejo llevar por la pereza, que llego al final del día atropellada por la vorágine de la jornada y no encuentro el silencio para escuchar las palabras que lo describan y al final no tengo nada que (quiera) contar.

Otros días el silencio es fruto de una decisión consciente: esquivo encender el ordenador en mi día libre porque sé que inevitablemente leeré el correo del trabajo. También hay días en que elijo el silencio porque prefiero morderme la lengua, y días en que no escribo porque simplemente estoy ocupando mi tiempo en vivir.

Vivimos en un pedregal

Lo decía Jean Paul Sarte:

"Nadie debe cometer la misma tontería dos veces,

la elección es suficientemente amplia".

¿Dónde se crían las gallinas?

Los famosos siempre dicen, para quedar bien, que la fama no se les ha subido a la cabeza, que tienen muy presentes sus orígenes y tal. A todos nos hace mucha ilusión saber o creer que tienen los pies en el suelo, cuando en realidad lo que deberíamos valorar es que las gallinas pisen el suelo, y no tanto los famosos.

Al menos eso es lo que más se cotiza en estos tiempos que corren: hoy en el Mercadona he descubierto huevos de “gallinas criadas en el suelo”, y eran 71 céntimos más caros que la media docena de huevos de gallinas que vete a saber dónde están poniendo las patas. De todos modos, yo me he quedado con los huevos de siempre, me dan más confianza. Llamadme aburrida, tradicional o miedosa, pero en el cartón de los huevos de gallinas criadas en el suelo venía -os lo juro- la foto de un gallo.

 

Sonata de una noche de verano

Hace una noche de verano en pleno mes de abril. En mi casa ha estado todo el día circulando el aire por las ventanas abiertas y ahora se respira silencio, la calma feliz tras un día excesivamente ajetreado. Es el mejor momento de una jornada que no ha sido mala, aunque no pase nada más.

Ahora no suenan los teléfonos, no llegan correos electrónicos, no hay atascos, no hay visitas, y en mitad de la noche disfruto parándome a pensar, aunque mi cabeza lleve todo el día funcionando sin tregua. Tenía para esta noche dos planes estupendos que se han caído por el propio peso del ajetreo diario, pero no importa porque la calle huele a noche de verano, alguien ha encendido una luz en la azotea de enfrente y me siento acompañada por ese trasnochador anónimo que intuyo leyendo desde mi balcón. No pasa nada más.

Me siento en un estado parecido al del día que me reconcilié con Madrid después de regresar del paraíso de unas vacaciones en la playa. Llevaba dos días lejos del mar y seguía detestando esta ciudad febril y ruidosa, pero se me pasaron todos los males mientras me tomaba un tazón de frostis en la terraza: Me reconcilié con Madrid en el mismo instante en que vi atravesando el cielo en mitad de la noche una estrella fugaz.

Desde mi casa nueva no alcanzo a ver las estrellas pero me llega el brillo. Hay una novela que habla de amor esperándome en la cama y no quiero que pase (ahora por mi cabeza) nada más.

 

El Parque del Oeste

El Parque del Oeste

Desde que llegué a Madrid, siempre me ha gustado mucho el Parque del Oeste. Lo atravesaba de lado a lado muchas mañanas soleadas en que no apetecía meterse bajo tierra para ir a la Universidad. Entre el tumulto de la estación de autobuses de Moncloa y el enjambre de estudiantes de la facultad, ese remanso verde de sol me daba siempre energías para afrontar la jornada.

En el camino, mientras lo cruzaba, no existía nada, no iba pensando en nada. Sólo miraba las flores, el prado, los troncos, las ramas, las fuentes y el agua de los estanques... y allá, aparentemente lejos, fuera de mi mundo, quedaba el barullo de la gran ciudad. Allá arriba, apenas a unos metros, el ruido de una de las carreteras más colapsadas de la capital, ahí abajo, la calma, la hierba, la tierra, los pájaros.

Caminando por el Parque del Oeste, notas que el ruido está, pero no te toca. Era como entrar en una nube, y al descender ya sí, entonces sí, ya mi cabeza se ponía a hacer planes y propósitos y llamadas de teléfono y encaje de bolillos para cuadrar todas las cosas que quería hacer en ese día que tenía por delante.

Quizá sea éste el secreto

Hasta en los lugares más insospechados puede encenderse de repente una lucecita. La frase me sobresaltó ayer viendo una serie española (Los Protegidos, que de todos modos me entusiasma su argumento) y eso que no soy yo de series, ni siquiera suelo ver la televisión más allá de las noticias y alguna película (sobre todo las malas, dónde si no voy yo a encontrar un lugar mejor para dejar la mente en blanco en las sobremesas de los domingos).

La frase en cuestión se la dice el personaje de Mario (el padre de uno de los niños con poderes) al Culebra (el adolescente problemático que se hace invisible y siempre se ha ganado la vida como delincuente). Hablando de líos de faldas, le suelta una frase que despeja todas sus preocupaciones: "A las mujeres no hay que entenderlas, hay que quererlas".

El mundo seguirá girando...

 

"Por muy extraño que pueda parecernos, después de nosotros el mundo seguirá girando. Sin vosotros. Sin mí. Con altibajos, pero continuará. Y no se contentará con hacer que nuestros sucesores sean más felices de lo que nosotros fuimos en medio de nuestros dramas. Ya lo sabéis, el paraíso no va a aparecer mañana. El infierno tampoco".

Jean d'Ormesson, novelista y cronista francés.

Mercaderes en la Noche de los Libros

Mercaderes en la Noche de los Libros

Me pasaría un buen rato aplaudiendo a la persona que tuvo la idea de crear la Noche de los Libros, esa madrugada excepcional de librerías abiertas de par en par y tertulias literarias y música y poesía y teatralización de textos y presentaciones de libros y lectores ávidos de palabras ocupando todos los rincones de Madrid.

Aplaudiría sin parar al político que tuvo la brillante idea de darle protagonismo, siquiera por una noche, a las personas sensibles que aman la literatura por encima de todas las demás palabras feas o huecas que pueblan esta ciudad política.

Le aplaudiría el mismo rato que me pasé anoche criticando a quien (seguramente un político) tuvo la indecencia de programar, nada menos que en el Círculo de Bellas Artes (no en cualquier otro de los cientos de espacios menos prestigiosos) a un “escritor” encantado de haberse conocido que recitaba con voz melosa unos poemas que parecían escritos por un alumno de la ESO para un trabajo del colegio.

Me lo dijo el escritor Javier Tomeo en una entrevista que le hice hace unos días: “hay muchos mercaderes en el templo de la Literatura. Habría que expulsarlos pero ¿quién empuña el látigo? Nadie se atreve”.

Mensaje en una botella

¿Ése era yo? Dices en voz alta y yo me pregunto cómo es posible que te hayas olvidado.

Estados febriles

Estados febriles

De pequeña, cuando tenía fiebre, siempre soñaba que me caía por un precipicio y en la caída iba saludando a los personajes de los dibujos animados, que se quedaban mirándome sonrientes y flotando en el aire. Me gustaba ese sueño a pesar de la sensación de vértigo de la caída y he intentado recuperarlo, pero se ve que ya estoy mayor, aunque cosas más raras he soñado sin estar griposa.

Hoy tengo fiebre y no sueño nada. He intentado convocar, para que me entretuviera, al espíritu del Correcaminos, que es el primero al que me encontraba en mis estados febriles de pequeña, pero nada. No ha aparecido ni el Correcaminos persiguiendo al Coyote ni Heidi con su Niebla ni los cursis de los Looney Tunes ni nadie, y hay que ver qué aburrido es pasarse la noche dando vueltas en la cama sólo con dolor de cabeza y anginas.

Los ritmos de la Naturaleza

Los ritmos de la Naturaleza

Y que esta imagen, en apariencia tan pacífica, tan bonita, esté causando tantos disturbios.... ¿quiénes somos los humanos para interponernos en los designios de la Naturaleza?

Derecho a mirar las estrellas

"No miramos hacia arriba porque no se nos ha perdido nada en las estrellas. Todo lo que tenemos está tirado por el suelo". A veces, cuando camino por la calle y voy mirando al suelo, me acuerdo de esta frase de un libro de Ray Loriga (no sé si Héroes) y me da rabia tener que darle la razón.

Pero ahora no, esta noche me preparo para llevarle la contraria: el 20 de abril (en una hora) es el Día en Defensa del Cielo Nocturno, el Día del Derecho a la Luz de las Estrellas.

Día bipolar

En un mitin CONTRA la subida del IVA por la mañana, liada CON la declaración del IVA por la noche...

Esas cosas que pasan en el metro

A ese hombre que está sentado frente a mí leyendo seriamente el periódico en el metro se le acaba de caer un hielo al suelo.

Me quedo mirándolo atónita y, al concentrarme un poco, puedo ver sobre la punta del iceberg (perfecto en sus aristas e intacto a pesar del calor) a un pequeño pingüino verde haciéndome señas. Como si me conociera, como si quisiera saludarme o como si tuviera ganas de que jugara con él.

Yo no hago caso porque no me gusta llamar la atención en el metro a estas horas de la noche, pero es difícil ignorarlo con lo simpático que parece. Desde luego, él se lo está pasando estupendamente, se ha puesto a hacer monerías para llamar mi atención: equilibrismos, piruetas, bailes absurdos, juega a deslizarse rápidamente sobre el hielo para detenerse en seco al llegar justo al borde en una pose dramática, y me mira todo el tiempo de reojo, invitándome a participar. Igual me estoy perdiendo la oportunidad de pasar un viaje divertido.

Son como niños

Hoy he asistido a una pelea de escolares en plena sede del Gobierno regional. Los protagonistas tenían todos más de 40 años y sueldos públicos y trajes elegantes con corbata, pero estaban enfurruñados igual que niños de brazos cruzados en unos sofás blancos de aspecto caro y comodísimo, y ha tenido que venir la profe a hacerles entrar en razón, restregándoles su provocación desde lo alto de sus tacones, con la chulería tranquila de quien realmente tiene la autoridad.

La verdad poderosa de Edith Piaf

La verdad poderosa de Edith Piaf

Decía el poeta Jean Cocteau de Edith Piaf: "Cada vez que canta pareciera que se arrancara el alma por última vez". Con esa fuerza desgarradora llegó Edith Piaf a triunfar en todo el mundo "desde la alcantarilla" de sus orígenes.

Hay que cantar desde la verdad”, decía la dama de la canción francesa, y sólo con la verdad llegó a lo más alto. Sin ningún artificio, sin interpretar dramáticamente las canciones, sin trajes llamativos, sin exhuberancia. Conquistaba al público de medio mundo, que no entendía la letra de sus canciones, sólo con su verdad, con la exhuberancia de su voz inigualable, con su menudo cuerpo parado enfrente de un micrófono y vestida de luto.

Sobria, contenida y poderosa en el escenario, intensa y sin límites en su vida diaria. Mujer de extremos, castigada por el desamor, por su adicción a los medicamentos y a la morfina, por la cirrosis que puso un punto y final a su vida, tuvo un funeral que paralizó el tráfico en París como sólo se había visto durante la Segunda Guerra Mundial.

Buceo en la biografía de Edith Piaf tras ver el musical que se acaba de estrenar sobre ella en el teatro Nuevo Alcalá de Madrid, extasiada por la misma voz poderosa que ha derrochado sobre el escenario Elena Roger. También ella canta desde la verdad, transforma su personalidad y sin maquillajes se demacraba para interpretar a la artista en cada etapa. Desde la veracidad y con una voz exhuberante, ha sabido hacernos viajar en el tiempo para poder disfrutar de “la única, la mejor: Piaf”.

http://www.youtube.com/watch?v=gALRkzB530A

Los siete dedos de la mano

Los siete dedos de la mano

En la tranquilidad del despacho de un psiquiatra, un hombre sentado escucha voces que le empujan a trepar sobre un trapecio y a suspenderse de los dedos de los pies.
En medio de un cruce, otro hombre, que sufre trastornos obsesivos compulsivos, se abandona a merced del tráfico y trata de salir haciendo acrobacias entre una marea de peatones.
Enfrentando su agorafobia, una mujer se balancea en los aires, mientras que otro personaje se busca a sí mismo entre una locura de rostros enmascarado, se viste en equilibrio sobre sus manos, cabeza abajo...

PSY es una unión acrobática del cuerpo, el espíritu y el alma. Es un himno al valor y al poder que duerme en nosotros, permitiéndonos superar nuestros miedos, sobrepasar nuestros límites e iniciar nuestro vuelo”.

Eso es lo que dice el folleto de la obra “Psy” que acabo de ver en el Circo Price de Madrid, de la compañía canadiense Les 7 doigts de la main (los siete dedos de la mano) pero las palabras se quedan cortas para sugerir todo lo que te hace volar la obra. Es el espectáculo más increíble que he visto en mi vida, y lo mejor de todo es que era perfectamente creíble.

La ilusión y la magia que crean los diez artistas en el escenario es totalmente real y tangible, fruto de tantísimos esfuerzos físicos que las acrobacias más inauditas y las coreografías tan impecables parecen brotar de la nada, perfectamente acordes con una excepcional puesta en escena, con la música, con el humor, con un ritmo vertiginoso que se detiene el tiempo justo para dejarte boquiabierto y hacer a todo el público vibrar.

Decían al inicio del espectáculo que el hombre invierte seis años a lo largo de toda su vida en soñar, pero seguro que a todos los que hemos asistido a la obra nos han alargado ese tiempo de sueños un poquito más.

http://www.teatrocircoprice.es/web/espectaculo.php?esp=46&gclid=CNSSy5ilh6ECFYts4wodbBo6Ow#panel-6

 

 

Este tiempo de locos

 

No puede una estar feliz con esta asquerosa lluvia, y menos cuando hoy me han hecho llegar tarde a todas partes. Reconozco que no soy puntual y lo lamento, pero me enfada más cuando no es por mi culpa, cuando me hacen llegar tarde y encima hay atasco y muchos locos sueltos por las carreteras que conducen de cualquier modo y el móvil no deja de sonar y me pierdo por calles que no conozco y están solitarias e irreconocibles bajo la cortina densa de lluvia en medio de la noche.

¿Cómo es posible que hoy haya tenido encender la calefacción y salir con el abrigo de plumas a la calle si antes de ayer estaba en tirantes tomando café en una terraza y todavía tengo la cara quemada por el sol?

Jugar a adivinar

Hoy casi no he tenido tiempo para jugar nada dentro del supermercado, porque me he quedado mirando a la chica nueva que atiende la frutería y que ha escogido para mí las mejores fresas, pero en general, me gusta adivinar la vida de las personas que hacen la compra conmigo, sobre todo la de las personas que coinciden en mi misma cola y que esperan con más o menos paciencia para pagar.

Suelo entretener con este juego el tiempo inútil de espera a pie quieto y tengo mis preferencias: me gustan más las cestas que los carritos, porque da más tiempo a verlo todo mejor y por tanto a recrear con más detalles la posterior escena.

Depende de lo que lleven en la cesta, imagino si están preparando la celebración de un cumpleaños (y calculo la edad del homenajeado, si le pesarán los años o no), una cena romántica (y apuesto por si es una cena para impresionar a la conquista o de aniversario), una noche de chicas con helado, pizza y palomitas (y mentalmente le sugiero una película para que se vaya a alquilarla al videoclub), una comida para impresionar a los suegros (y creo notar en el comprador el miedo y las pocas ganas que tiene de hacerlo) o si lo que llevan son sólo las cuatro cosas que faltaban en casa (que lleva apuntadas en una hojita con una letra que creo que no es la suya).

Todo eso imagino sólo mirando lo que llevan en la cesta y la actitud con la que van a la compra, claro, que todos los detalles cuentan, y siempre estoy convencidísima de haber dado en el clavo. Y a ver quién me lleva la contraria si a mi imaginación la mando yo y sólo yo tengo toda la razón dentro de mi cabeza.

 

 

 

Domingos en Madrid al sol

Domingos en Madrid al sol