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Alguien que anda por aquí

Profesores que marcaron nuestras vidas

Yo tenía una profesora en preescolar que estaba encantada conmigo, tanto que le pidió a mi madre una foto para recordarme cuando terminaron las clases. Mi madre siempre lo recuerda emocionada, y yo siempre escucho la anécdota sorprendida, sobre todo porque en 'parvulitos', que yo recuerde, sólo se hacen dibujos y manualidades, que siempre se me han dado fatal. Será que yo era una niña graciosa, aunque no guardo apenas recuerdos de aquella época. Sólo que una vez se me ocurrió llamarla “pequeñaja”, que era lo que me llamaban a mí en aquella época (quién lo diría ahora con mi metro ochenta). Se lo repetí porque me debía hacer gracia la palabra, y no entendí nada cuando ella me dio un abrazo de oso, soltando grandes risotadas.

También recuerdo otra vez que me hice la dormida después de la siesta que nos echábamos sobre unos cojines y la alfombra de la clase, para ver si se repetía lo que había pasado el día anterior, cuando una niña se quedó dormida “como un angelito” y la profesora le dejó junto al cojín una bolsa de chucherías para sorprenderla al despertarse. Al día siguiente ya no había golosinas, y me tuve que levantar de mala gana al ver que no había movimientos cariñosos a mi alrededor.

A quien sí recuerdo perfectamente es a mi profesor de 5º de EGB, el único hombre en aquel colegio de monjas. Éramos la envidia de todas las clases con nuestro profesor joven, amable, cariñoso y guapo, que montó un escándalo en Carnavales al ir corriendo por los pasillos del colegio disfrazado de monstruo, pegando sustos.

Evidentemente, todas estábamos enamoradas de él, pero también los chicos de la clase le adoraban, porque tenía un modo cercano y divertido de enseñar no sólo las materias sino sobre todo, al hablarnos de las cosas importantes de la vida. Se inventó incluso una hora de “prensa” a la semana, en la que nos explicaba las noticias que recortábamos de los periódicos y no entendíamos.

De él me he acordado especialmente esta mañana cuando he leído una cartulina colgada en un colegio de Móstoles:

"Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía".


Un asteroide rozará la Tierra

Un asteroide rozará la Tierra

 

Publica hoy la prensa que esta madrugada un asteroide de 22 metros pasará “muy cerca de la Tierra”, llegan a decir que “va a rozar la Tierra” y no me gustan esos titulares que pretenden meternos miedo: que si el anterior asteroide que pasaba por aquí era de sólo 7 metros y éste es “una roca de un tamaño de 22 metros”, que si sus dimensiones “son más que suficientes para arrasar una ciudad entera en caso de impacto”...

 

Pero a mí nada de eso me preocupa, y no sólo porque me parece inimaginable el peligro cuando pasará a una distancia de 350.000 kilómetros de nuestro planeta, sino sobre todo, porque cada vez que oigo la palabra “asteroide” pienso en el planeta del Principito, el asteroide B 612 en el que había tres volcanes, semillas de baobab y una rosa enamorada.

 

Oigo la palabra “asteroide” y pienso: “ojalá que sea el de él”, ojalá viniera a quedarse con nosotros; muchos días nos hace falta un Principito que nos recuerde la importancia de la risa y de los atardeceres, de las cosas que son únicas en el mundo, la necesidad de mirar con el corazón, de domesticar y de dejarnos domesticar por las personas a las que queremos para tener a nuestro nombre estrellas en el cielo de las que saben reír.

Día de los casi...

Hoy casi llego tarde a todas partes, casi me caigo de culo bajando por una sencilla rampa, casi estropeo el ordenador al derramar tooodo mi tazón de desayuno (porque no he tirado la taza ni se me ha caído, ha sido un lento derrame de café con leche expandiéndose por mi mesa de trabajo) y también podría haberme electrocutado un poco limpiando los restos de café de los enchufes

Pero nada de eso ha pasado, todo me ha salido bien. He llegado a tiempo a todas partes, he restablecido milagrosamente (para lo patosa que soy) el equilibrio, he resuelto un montón de asuntos pendientes, a la vista está que no me he electrocutado y ni siquiera mi ordenador ha aprovechado la coyuntura para morir definitivamente, a pesar de que lleva tiempo dándome sustos, agónicos avisos de que tengo que renovarlo.

A esta hora, ya sólo quedan los restos de los goterones de café en la pared como testigo de esas pequeñas posibles tragedias y el cansancio feliz de cargar con mi buena estrella.

¿Tanto hemos cambiado?

Cómo se puede perder el contacto con alguien con quien te escribías cartas de 18 páginas...

Ahí estaban otra vez las tres de la curva

Eran tantas las ganas que tenía de verlas que al principio pensé que mi imaginación me estaba jugando una mala pasada. Que la aparición se estaba burlando de mí, multiplicándose.

Esta mañana he vuelto a pasar a primera hora por la autopista Valladolid-Segovia y en la curva de siempre, la de Sanchonuño pasado Cuéllar, estaban mis tres mujeres acompañadas por otras dos. Mis tres mujeres delante, bien vestidas, caminando a paso ligero y otras dos detrás.

Como todos los lunes que regreso después de pasar unos días en Valladolid. No me las encuentro cuando regreso un domingo por la tarde, no están los martes, siempre los lunes entre las ocho y las nueve de la mañana y siempre en esa curva, caminando entre los campos de cereal al lado de la autopista.

 

Yo paso a 120 kilómetros por hora, así que no podría asegurar que son las mismas de otras veces, pero ya es casualidad que siempre me encuentre a mujeres en la misma curva, alejadas del pueblo y a mucha distancia del municipio siguiente, sin ningún lugar reconocido en los entornos adonde pueda imaginarme que se dirigen: que fueran cada lunes a cumplir una promesa a la virgen, que vayan a un pinar a recoger piñones para hacer tartas, o a una fábrica a comprar huevos frescos de las gallinas que suelen poner en domingo...

 

No me cuadra ninguna de esas posibilidades porque ya digo que el paraje por el que caminan en bastante inhóspito, así que sólo se me ocurre darle la razón a mi compañera de piso cuando dice que son las tres solteronas del pueblo que salen cada lunes con sus mejores galas para llamar la atención a los camioneros con la esperanza de encontrar marido. Por lo visto se ha corrido la voz y ya esta mañana se han unido al peregrinaje otras dos mozas casaderas, quién sabe si la próxima vez que me las encuentre habrá alguna menos que ya haya cazado esposo o alguna más que se una a la competición.

Tiempo para no hacer nada

Tiempo para no hacer nada

Hoy por fin el día ha amanecido soleado y me he despertado con ganas de comerme el mundo, algo que no sé si tiene más o menos mérito teniendo en cuenta que esta noche he dormido 10 horas y que me he pasado todas las vacaciones de Semana Santa sin salir a la calle, con gripe.

Hoy por fin me he levantado con fuerzas y el tiempo estaba de mi parte porque es uno de estos días fríos pero luminosos que tanto me gustan, así que he salido a la calle a dar un paseo pequeñito entre los almendros en flor, deteniéndome a fotografiar nubes y a mirar al horizonte, sin pensar absolutamente en nada, aún sintiéndome en ese estado de ingravidez que da la fiebre.

 

Por mucho que haya estado todo el día durmiendo, leyendo y viendo películas, no siento que estos tres días me hayan servido para descansar, sino para aburrirme de estar en casa y desear estar haciendo cualquier otra cosa de las que tu cuerpo no te deja. Siempre queremos lo que no tenemos, y es raro, porque siempre que ando con una temporada de agobio y estrés estoy deseando poder quedarme tirada en casa leyendo, durmiendo, viendo películas y mirando al techo. Es mi descanso favorito, pero mucho me temo que no es acumulable y que no podré echar mano de estas reservas de descanso y horas vacías para descongestionar los días en los que no paro.

Consejos inútiles

Tan inútil como decirle a alguien que no se preocupe o que se tranquilice cuando está de los nervios. Cada operación salida, lo mismo: la DGT recomienda a los conductores salir de forma escalonada. Y yo, que estoy preparando un viaje, siempre me pregunto lo mismo: ¿cómo cree la DGT que voy a enterarme yo de la hora a la que los madrileños piensan echarse a las carreteras? De todos modos sé que mañana me volveré a sorprender de que en Madrid quepan tantísimos madrileños: los que colapsaron las carreteras el pasado viernes y el sábado, los que las han colapsado hoy y las colapsarán mañana, que se suman a todos los que no han huido de la capital en estos días y llenarán los bares, cines, teatros, calles, aparcamientos y terrazas.

 

Despedida de un amigo

Despedida de un amigo

Me gusta la gente que, como dice la canción de Pedro Guerra, canta las canciones que se sabe. Y si no las sabe, tararea.

Queremos que nos den la razón

 

Necesitamos que nos den la razón, incluso a veces creemos que para eso están los amigos, para que nos den la razón aunque sea como a los tontos. Pero yo tengo una amiga que casi siempre me lleva la contraria y es la mejor. Me revienta que me señale sin ningún pudor los defectos y las equivocaciones, por eso yo le grito mucho y ella también me grita, pero porque a las dos nos gusta mucho discutir y ser siempre la última en decir la última palabra, que suele acabar en risotadas. Por eso nos conocen en los bares a los que vamos a cenar y somos bienvenidas, porque siempre hay más carcajadas que regaños, y que no cambie, aunque una sea por esa noche asquerosamente feliz y la otra no.

 

Eso también lo aprendí en la película Qué les pasa a los hombres, que me pareció un bodrio en general pero con una idea brillante en particular: basta ya de mentirnos entre nosotras y buscar excusas para consolarnos cuando el chico en cuestión no te llama: no es que haya ingresado en el hospital ni que un perro se haya comido el papel donde apuntó tu número de teléfono, simplemente es que no le interesas, y cuanto antes te enteres mejor.

 

Me gustó que difundieran esa idea en la película aunque ya digo que me pareció espantosa, ñoña y predecible, pero también de ahí pude sacar algo, siempre se puede aprender algo si consigues sacarte de encima los prejuicios. Y el ejemplo de las llamadas masculinas se puede extrapolar a todo en esta vida en cuanto a la actitud que tenemos a veces con los amigos: ya lo dejé escrito hace unos días con la frase de ese filósofo griego que decía que no necesitaba amigos que cambien cuando yo cambie y asientan cuando yo asiento porque mi sombra lo hace mucho mejor.

Mi primera despedida de soltera

Mi primera despedida de soltera

 

Yo siempre había pensado que no tiene mucho sentido hoy en día celebrar una despedida de soltera, pero ayer fui a una y he cambiado de opinión. Siguen sin gustarme las despedidas con boys y desfase, pero ésta fue una excusa perfecta para hacer un poco el loco y divertirnos a lo grande, como cuando éramos jóvenes, aunque hoy todos estamos pensando que nos hacemos mayores, porque ya ni el cuerpo aguanta tanto ni mañana nos podemos escapar de la primera hora de clase para quedarnos durmiendo. La que va de Spiderman es la primera del grupo de la facultad que se nos casa y teníamos más ganas de verla vestida de hombre araña que de novia: da mucho más juego ir lanzando telas de araña imaginarias por las calles de Madrid que arrastrando el velo por una iglesia, pero sobre todo, da menos vértigo.

Aunque seamos distintos deberíamos poder vivir juntos

 

No entiendo el revuelo que están montando los estudiantes de los colegios mayores de la Complutense. Dicen que protestan porque no han contado con ellos para tomar la decisión de hacer mixtos los colegios donde ahora sólo viven chicos, pero yo creo que si sólo fuera eso no montarían tanto escándalo, si de verdad estuvieran a favor de la medida y quisieran convivir con chicas no harían tanto ruido.

 

Lo cierto es que quieren que sus colegios sigan siendo masculinos por tradición y porque dicen que con chicas no habría el mismo ambiente, pero yo creo que es antinatural esa separación. Como dice una amiga mía, la sociedad es mixta, y cuando antes se acostumbren, mejor. Por eso tampoco creo que sea positivo que la enseñanza primaria sea diferenciada, estar siempre rodeada de gente de tu mismo sexo puede crear tabúes y fomentar los complejos. Si siempre has estado en un colegio de chicas, luego no será fácil sentirte cómoda rodeada de chicos, o ni siquiera sabrás bien cómo tratarlos o acercarte a ellos.

 

Yo tuve la oportunidad de vivir en una residencia sólo de chicas, como querían mis padres, y me negué. Viví en una residencia mixta durante tres años y el ambiente era muy bueno. No había problemas de falta de intimidad, como se quejan los estudiantes de los colegios segregados, porque estábamos separados por plantas, por lo que si no querías mezclarte con los chicos podías no hacerlo fácilmente.

 

Teníamos además un trato diferenciado, que para nuestro gusto (el de chicos y chicas) estaba muy 'chapado a la antigua': las chicas teníamos lavadora y nos limpiábamos nuestras habitaciones, mientras que los chicos tenían servicio de lavandería y una señora de la limpieza. Pero aún así convivíamos con toda naturalidad en las salas comunes, y también éramos como una familia.

 

Lo positivo de vivir en una residencia es que te acostumbras a compartir y a convivir a la fuerza, porque cada uno viene con las costumbres y manías de la casa de sus padres. Empiezas a vivir tu vida independizado, y lo deseable sería que entraras en esa nueva vida preparándote lo mejor posible para la sociedad mixta que te vas a encontrar después.

A veces pasan cosas raras

 

A veces me pasan cosas raras: entro en un portal y piso un charco de sangre, subo en el metro y un olor me recuerda a la casa de mi tía del pueblo, abro mi correo electrónico y me encuentro con la voz de un fantasma... También he visto a fantasmas de verdad: un par de veces, cuando circulaba por la autopista de Valladolid a Segovia, pasado Cuéllar, he visto a tres mujeres muy bien vestidas caminando por los campos de cereales, a la orilla de la carretera. Dos días distintos a distintas horas, y no había por los alrededores ninguna ermita, el siguiente pueblo estaba demasiado lejos como para ir caminando y tampoco era un lugar apropiado para “irse a andar”.


Releyendo a Mafalda

"¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poquito más alto?"

"La vida es linda, lo malo es que muchos confunden lindo con fácil"

"¿y no será que en este mundo hay cada vez más gente y menos personas?"

"Está bien que nos hayas hecho de barro, pero por qué no nos sacas un poquito del pantano?"

"La cosa es tomar lo artificial con naturalidad"

"Una cosa es un mañana mejor y otra un "uf, mejor mañana!"

"Lo malo de la gran familia humana es que todos quieren ser el padre"

"La primavera es lo más publicitario que tiene la vida"

Nunca falta alguien que sobra”

"Al mal tiempo, buena rotativa"

Los periódicos inventan la mitad de lo que dicen y si a eso sumamos que no dicen la mitad de lo que pasa, ¡resulta que los periódicos no existen!” (Libertad)

 

Ahora dos del genial Miguelito, que dice de sí mismo que no es lindo por dentro o lindo por fuera, sino "lindo reversible":

¿Qué actitud convendrá adoptar ante la gente para que te vaya bien en la vida? ¿la de seguro de uno mismo, para que todos te respeten? ¿la de indiferente para pasar inadvertido y que nadie te moleste? ¿la de desprotegido para que todos te ayuden?”

Sí, bueno, trabajar para ganarse la vida, claro, pero ¿por qué esa vida que uno se gana tiene que desperdiciarla en trabajar para ganarse la vida?”

 

Y dos más de Felipe, quien en una viñeta se pregunta "¿justo a mí tenía que tocarme ser como yo?”:

"La voluntad debe de ser la única cosa que cuando está desinflada, necesita que la pinchen"

"No dejes para mañana el tratar de encajarle a otro lo que tengas que hacer hoy"

 

 

Si soplas una brasa...

"Si soplas una brasa, se enciende. Si escupes sobre ella, se apaga. Y ambas cosas salen de tu boca".

Nunca es tarde para alejarte de lo que te hace infeliz

Leo sorprendida que durante el 2008 se divorciaron casi 13.000 españoles con edades cercanas a los 70 años y no puedo dejar de pensar en lo terriblemente infelices que debían ser esos ancianos para decidir acabar con su vida en pareja estando ya jubilados, aunque señala la estadística que precisamente ése es el motivo, que han descubierto que no se soportan ahora que pasan tantas horas juntos.

 

Dice el estudio que, en general, las mujeres buscan tranquilidad y los hombres, alegría para el cuerpo, pero en cualquier caso, admiro esa valentía de romper con el peso de la tradición y las costumbres a pesar de la cercanía de la muerte acechando en solitario, sobre todo porque conozco gente de mi edad que aguantan con sus parejas a pesar de no estar enamorados por rutina o porque no saben estar solas. Para mí, esa resignación sí que es triste, aunque muchos ni lo saben.

La ciencia puede ser divertida

Si hacen un esfuerzo los científicos por acercarla y hacerla comprensible al público general y si los periodistas también cumplen su función divulgativa con seriedad. Confieso que yo soy bastante zoquete para los conceptos científicos, pero ayer me pasé la tarde fascinada escuchando hablar a un amigo que es físico nuclear y que está investigando el caos cuántico que se produce en los niveles de excitación de los nucleones, o algo así.

 

Como no logro entender prácticamente nada de lo que dice, aunque él se explica realmente bien, me quedo con la parte poética de su discurso, sus palabras se quedan flotando en mi cabeza como sugerentes versos sueltos. Él habla de la radiación de fondo cósmico y a mí me vienen a la cabeza imágenes de una galaxia lejana; habla de "fotones" y yo sólo me quedo con la definición de que es una luz de altísima energía; habla del "ruido rosa" e imagino una nebulosa rosada flotando inquieta en el aire, aunque él me explique que la luz rosada es la que está entre el "ruido blanco" que hace la señal de televisión al sintonizar los canales y el "ruido marrón", que es el movimiento aleatorio de las partículas de polen cayendo en el agua, lo cual de todos modos me parece también una imagen bastante bonita, sin alcanzar a ver la utilidad científica que trasciende de estas definiciones.

 

Me pasaba lo mismo cuando compartía noches de estudio con una amiga geóloga. A mí me hacían gracia sus apuntes cuando veía escritos conceptos como “yacimientos tipo placer” que ella veía como lo más normal del mundo, y sobre todo, cuando me decía que estaba estudiando la fórmula de cómo “la halita se precipita”.

 

Por lo visto, la precipitación es el depósito de partículas sólidas a partir de una solución sobresaturada. Como esa frase a mí no me dice nada, ella se esforzaba en explicarme que la halita es la sal común, y que la fórmula de la precipitación servía para saber lo que pasa cuando empiezas a echarle muchos iones o algo así, pero no me digáis que no es mucho más divertido escuchar que la halita se precipita e imaginarse una alita de pollo correteando muy deprisa o despeñándose por un acantilado.

 

Los hombres que miraban fijamente a las cabras

Desde luego, el cartel y el título prometían mucho, y la película no me ha defraudado en absoluto. Es original, inteligente, crítica y divertida desde el primer minuto hasta el último. Te hace pensar también en cómo reaccionamos ante el miedo, la envidia, el poder y la toma de decisiones, pero siempre desde la sonrisa, sin moralinas ni moralejas. Y a mí, que estoy un poco para allá, me han dado incluso ganas de poner a prueba el poder de la mirada, no para tumbar a una cabra rumiando frente a mí ni para deshacer nubes que están lejos, pero sí para tratar de derrotar psicológicamente al enemigo. En cuanto me surja la ocasión os cuento.

 

 

De carreteras y gominolas

Si no evalúan tu capacidad de orientación cuando vas a sacarte el carné de conducir, la DGT debería invertir un poquito más en poner buenos carteles en las carreteras. Lo digo porque hoy tenía que ir a Fuenlabrada y he acabado en Alcorcón. Tenía una convocatoria de prensa en un parque de Fuenlabrada al que era muy fácil llegar según google maps (soy fan de todos los inventos de Google), pero me he pasado el desvío (porque si no me indican que hay que meterse en la vía de servicio mi intuición no da para tanto) y no he sido capaz de hacer un cambio de sentido hasta que he visto que ya estaba llegando a Alcorcón. Me he metido en todo el centro, claro, porque total, me lo conozco y sé dónde están las glorietas, en las que es seguro que se puede dar la vuelta.

 

Vale que yo soy una torpe sin remedio, pero la DGT debería tener en cuenta que los torpes también nos compramos coches y tenemos derecho a desplazarnos de un punto a otro en nuestro vehículo privado. ¡A mí nadie me preguntó si sería capaz de llegar yo sola hasta Fuenlabrada cuando solté la pasta para mi C3, ni cuando pagué mis tres convocatorias del práctico de conducir!

 

En fin. Al final he llegado 25 minutos tarde y con un cabreo de espanto, porque el parque al que tenía que llegar sólo existe en la imaginación del alcalde, que ha convocado a la prensa para que le fotografiáramos plantando árboles junto a los escolares del barrio. Bueno, físicamente el alcalde sí que estaba, pero al menos debe ser inventado el nombre de ’Parque Norte’ que le han puesto a un descampado de las afueras que no viene en los mapas ni conoce ningún fuenlabreño. Pero preguntando se llega a Roma y también a los descampados, sobre todo si éstos se encuentran invadidos por exactamente mil niños plantando árboles.

 

La verdad es que el enfado se me ha pasado en seguida, en cuanto me he puesto a hablar con unos niños simpatiquísimos, muy habladores, de estos que a los que da gusto entrevistar en directo porque no te dejan colgada con monosílabos. Me han hecho sonreír, reconciliarme con la vida y volver a tener fe en las nuevas generaciones, yo que aborrezco la adolescencia y creo que la juventud cada vez está peor.

 

Y ha sido recíproco; ellos también se han quedado encantados conmigo: nos hemos hecho fotos juntos y un niño de once años, incluso, le ha pedido a un compañera suya que me diera una gominola de las que él se estaba comiendo, porque, me ha dicho, él tenía las manos sucias.

No quieren que les cuenten cuentos

Hoy quería haberles contado un cuento a los niños que están ingresados en el hospital de la Paz. Era una de esas tardes especiales para ellos porque juegan y hacen actividades con los voluntarios de Cruz Roja, y yo pensaba que un cuento sería una buena idea para acompañar la tarde de juegos, la perfecta válvula de escape de su realidad cotidiana; la imaginación de los juegos y de los cuentos alivia dolores, provoca sonrisas y hace soñar con otros mundos más allá de las paredes de sus habitaciones, de las salas de quimioterapia y los quirófanos.

Pero no he sido capaz de estar más de 20 minutos dentro del hospital, diez de los cuales me los he pasado tirada en el suelo con las piernas levantadas, recuperando la consciencia porque no he podido superar mi fobia a los hospitales, a las enfermedades y al dolor ajeno. Es extraño, porque aguanto bastante bien mi propio dolor y sufrimiento, creo que nunca he sido quejica ni hipocondríaca, pero hoy sencillamente no he sido capaz.

Me ha dado rabia, me ha dejado frustrada pero sobre todo, después, me ha dado mucha pena saber que de todos modos, ninguno de los niños de la sexta planta quería salir de su habitación para ir a escuchar cuentos. Había una función preparada con varios contadores voluntarios en un salón de actos, pero los niños se han negado a bajar. Uno de ellos ha dicho incluso que ya “se tragó los cuentos la semana pasada”, como si fuera un castigo.

Me he quedado horrorizada, pero en su defensa me han explicado que en otras ocasiones les han contado cuentos en funciones que duran dos horas, cuando es impensable atrapar la atención ni siquiera de un adulto durante tanto tiempo, sin más recursos que la propia voz y los gestos. Habría que hacer algo, porque los niños no pueden quedarse con la idea de que es aburrido escuchar unas historias que tanto bien pueden hacer a su corazón y a su cabeza.

"Absurda, demencial y extravagante"

"Absurda, demencial y extravagante"

Confieso que ayer me escaqueé de escribir el blog, pero estaba ocupada con algo importante, y aporto un documento gráfico que lo demuestra.

Si estaba en ese camerino, es porque tuve una función de cuentos en mi tierra, en Valladolid, que fue emotiva como pocas, ¡para que luego digan que el público castellano es seco e inexpresivo!

Del espectáculo ha salido publicado hoy un artículo en El Norte de Castilla que lleva por título “Hablar con las manos, sentir con la palabra” que me ha hecho reconciliarme con mi propia profesión. Y es que los periodistas tenemos que escribir en tan poco tiempo tantas cosas sobre las que no sabemos absolutamente nada que muchas veces me ha horrorizado el trabajo de mis compañeros. Y el mío propio, que también he cometido errores garrafales, pero hoy estoy por recordar los fallos ajenos.

Porque en mi doble papel de periodista que es entrevistada, he sufrido viendo cómo me hacen preguntas sin ningún sentido, y sobre todo al ver que "transcriben" declaraciones totalmente equivocadas. O peor aún, he leído textos en la prensa de alguien que ni siquiera supo cortar y pegar bien la información que envían los gabinetes: Así, una vez, un periodista leyó que algunos de los cuentos que yo iba a contar eran de humor “absurdo”, que esas historias en anteriores ocasiones habían provocado carcajadas “demenciales” en el público y que, para provocar el humor recurría a recursos “extravagantes”, fuera de lo común.

Adjetivos exagerados, ya sé, pero dicen que así tiene que ser el lenguaje que se utiliza en la publicidad del mundo del espectáculo para causar mayor impacto. En fin. El caso es que lo que al final salió publicado en la prensa fue yo era una narradora “absurda, demencial y extravangante” (tal cual, sin anestesia), bajo un fantástico titular: “Elena Arribas roza la demencia para provocar carcajadas en el público”. ;-)