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Alguien que anda por aquí

Cotidiano

Estados febriles

Estados febriles

De pequeña, cuando tenía fiebre, siempre soñaba que me caía por un precipicio y en la caída iba saludando a los personajes de los dibujos animados, que se quedaban mirándome sonrientes y flotando en el aire. Me gustaba ese sueño a pesar de la sensación de vértigo de la caída y he intentado recuperarlo, pero se ve que ya estoy mayor, aunque cosas más raras he soñado sin estar griposa.

Hoy tengo fiebre y no sueño nada. He intentado convocar, para que me entretuviera, al espíritu del Correcaminos, que es el primero al que me encontraba en mis estados febriles de pequeña, pero nada. No ha aparecido ni el Correcaminos persiguiendo al Coyote ni Heidi con su Niebla ni los cursis de los Looney Tunes ni nadie, y hay que ver qué aburrido es pasarse la noche dando vueltas en la cama sólo con dolor de cabeza y anginas.

Los ritmos de la Naturaleza

Los ritmos de la Naturaleza

Y que esta imagen, en apariencia tan pacífica, tan bonita, esté causando tantos disturbios.... ¿quiénes somos los humanos para interponernos en los designios de la Naturaleza?

Día bipolar

En un mitin CONTRA la subida del IVA por la mañana, liada CON la declaración del IVA por la noche...

Este tiempo de locos

 

No puede una estar feliz con esta asquerosa lluvia, y menos cuando hoy me han hecho llegar tarde a todas partes. Reconozco que no soy puntual y lo lamento, pero me enfada más cuando no es por mi culpa, cuando me hacen llegar tarde y encima hay atasco y muchos locos sueltos por las carreteras que conducen de cualquier modo y el móvil no deja de sonar y me pierdo por calles que no conozco y están solitarias e irreconocibles bajo la cortina densa de lluvia en medio de la noche.

¿Cómo es posible que hoy haya tenido encender la calefacción y salir con el abrigo de plumas a la calle si antes de ayer estaba en tirantes tomando café en una terraza y todavía tengo la cara quemada por el sol?

Jugar a adivinar

Hoy casi no he tenido tiempo para jugar nada dentro del supermercado, porque me he quedado mirando a la chica nueva que atiende la frutería y que ha escogido para mí las mejores fresas, pero en general, me gusta adivinar la vida de las personas que hacen la compra conmigo, sobre todo la de las personas que coinciden en mi misma cola y que esperan con más o menos paciencia para pagar.

Suelo entretener con este juego el tiempo inútil de espera a pie quieto y tengo mis preferencias: me gustan más las cestas que los carritos, porque da más tiempo a verlo todo mejor y por tanto a recrear con más detalles la posterior escena.

Depende de lo que lleven en la cesta, imagino si están preparando la celebración de un cumpleaños (y calculo la edad del homenajeado, si le pesarán los años o no), una cena romántica (y apuesto por si es una cena para impresionar a la conquista o de aniversario), una noche de chicas con helado, pizza y palomitas (y mentalmente le sugiero una película para que se vaya a alquilarla al videoclub), una comida para impresionar a los suegros (y creo notar en el comprador el miedo y las pocas ganas que tiene de hacerlo) o si lo que llevan son sólo las cuatro cosas que faltaban en casa (que lleva apuntadas en una hojita con una letra que creo que no es la suya).

Todo eso imagino sólo mirando lo que llevan en la cesta y la actitud con la que van a la compra, claro, que todos los detalles cuentan, y siempre estoy convencidísima de haber dado en el clavo. Y a ver quién me lleva la contraria si a mi imaginación la mando yo y sólo yo tengo toda la razón dentro de mi cabeza.

 

 

 

Domingos en Madrid al sol

Domingos en Madrid al sol

Profesores que marcaron nuestras vidas

Yo tenía una profesora en preescolar que estaba encantada conmigo, tanto que le pidió a mi madre una foto para recordarme cuando terminaron las clases. Mi madre siempre lo recuerda emocionada, y yo siempre escucho la anécdota sorprendida, sobre todo porque en 'parvulitos', que yo recuerde, sólo se hacen dibujos y manualidades, que siempre se me han dado fatal. Será que yo era una niña graciosa, aunque no guardo apenas recuerdos de aquella época. Sólo que una vez se me ocurrió llamarla “pequeñaja”, que era lo que me llamaban a mí en aquella época (quién lo diría ahora con mi metro ochenta). Se lo repetí porque me debía hacer gracia la palabra, y no entendí nada cuando ella me dio un abrazo de oso, soltando grandes risotadas.

También recuerdo otra vez que me hice la dormida después de la siesta que nos echábamos sobre unos cojines y la alfombra de la clase, para ver si se repetía lo que había pasado el día anterior, cuando una niña se quedó dormida “como un angelito” y la profesora le dejó junto al cojín una bolsa de chucherías para sorprenderla al despertarse. Al día siguiente ya no había golosinas, y me tuve que levantar de mala gana al ver que no había movimientos cariñosos a mi alrededor.

A quien sí recuerdo perfectamente es a mi profesor de 5º de EGB, el único hombre en aquel colegio de monjas. Éramos la envidia de todas las clases con nuestro profesor joven, amable, cariñoso y guapo, que montó un escándalo en Carnavales al ir corriendo por los pasillos del colegio disfrazado de monstruo, pegando sustos.

Evidentemente, todas estábamos enamoradas de él, pero también los chicos de la clase le adoraban, porque tenía un modo cercano y divertido de enseñar no sólo las materias sino sobre todo, al hablarnos de las cosas importantes de la vida. Se inventó incluso una hora de “prensa” a la semana, en la que nos explicaba las noticias que recortábamos de los periódicos y no entendíamos.

De él me he acordado especialmente esta mañana cuando he leído una cartulina colgada en un colegio de Móstoles:

"Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía".


Un asteroide rozará la Tierra

Un asteroide rozará la Tierra

 

Publica hoy la prensa que esta madrugada un asteroide de 22 metros pasará “muy cerca de la Tierra”, llegan a decir que “va a rozar la Tierra” y no me gustan esos titulares que pretenden meternos miedo: que si el anterior asteroide que pasaba por aquí era de sólo 7 metros y éste es “una roca de un tamaño de 22 metros”, que si sus dimensiones “son más que suficientes para arrasar una ciudad entera en caso de impacto”...

 

Pero a mí nada de eso me preocupa, y no sólo porque me parece inimaginable el peligro cuando pasará a una distancia de 350.000 kilómetros de nuestro planeta, sino sobre todo, porque cada vez que oigo la palabra “asteroide” pienso en el planeta del Principito, el asteroide B 612 en el que había tres volcanes, semillas de baobab y una rosa enamorada.

 

Oigo la palabra “asteroide” y pienso: “ojalá que sea el de él”, ojalá viniera a quedarse con nosotros; muchos días nos hace falta un Principito que nos recuerde la importancia de la risa y de los atardeceres, de las cosas que son únicas en el mundo, la necesidad de mirar con el corazón, de domesticar y de dejarnos domesticar por las personas a las que queremos para tener a nuestro nombre estrellas en el cielo de las que saben reír.

¿Tanto hemos cambiado?

Cómo se puede perder el contacto con alguien con quien te escribías cartas de 18 páginas...

Tiempo para no hacer nada

Tiempo para no hacer nada

Hoy por fin el día ha amanecido soleado y me he despertado con ganas de comerme el mundo, algo que no sé si tiene más o menos mérito teniendo en cuenta que esta noche he dormido 10 horas y que me he pasado todas las vacaciones de Semana Santa sin salir a la calle, con gripe.

Hoy por fin me he levantado con fuerzas y el tiempo estaba de mi parte porque es uno de estos días fríos pero luminosos que tanto me gustan, así que he salido a la calle a dar un paseo pequeñito entre los almendros en flor, deteniéndome a fotografiar nubes y a mirar al horizonte, sin pensar absolutamente en nada, aún sintiéndome en ese estado de ingravidez que da la fiebre.

 

Por mucho que haya estado todo el día durmiendo, leyendo y viendo películas, no siento que estos tres días me hayan servido para descansar, sino para aburrirme de estar en casa y desear estar haciendo cualquier otra cosa de las que tu cuerpo no te deja. Siempre queremos lo que no tenemos, y es raro, porque siempre que ando con una temporada de agobio y estrés estoy deseando poder quedarme tirada en casa leyendo, durmiendo, viendo películas y mirando al techo. Es mi descanso favorito, pero mucho me temo que no es acumulable y que no podré echar mano de estas reservas de descanso y horas vacías para descongestionar los días en los que no paro.

Consejos inútiles

Tan inútil como decirle a alguien que no se preocupe o que se tranquilice cuando está de los nervios. Cada operación salida, lo mismo: la DGT recomienda a los conductores salir de forma escalonada. Y yo, que estoy preparando un viaje, siempre me pregunto lo mismo: ¿cómo cree la DGT que voy a enterarme yo de la hora a la que los madrileños piensan echarse a las carreteras? De todos modos sé que mañana me volveré a sorprender de que en Madrid quepan tantísimos madrileños: los que colapsaron las carreteras el pasado viernes y el sábado, los que las han colapsado hoy y las colapsarán mañana, que se suman a todos los que no han huido de la capital en estos días y llenarán los bares, cines, teatros, calles, aparcamientos y terrazas.

 

Despedida de un amigo

Despedida de un amigo

Me gusta la gente que, como dice la canción de Pedro Guerra, canta las canciones que se sabe. Y si no las sabe, tararea.

Queremos que nos den la razón

 

Necesitamos que nos den la razón, incluso a veces creemos que para eso están los amigos, para que nos den la razón aunque sea como a los tontos. Pero yo tengo una amiga que casi siempre me lleva la contraria y es la mejor. Me revienta que me señale sin ningún pudor los defectos y las equivocaciones, por eso yo le grito mucho y ella también me grita, pero porque a las dos nos gusta mucho discutir y ser siempre la última en decir la última palabra, que suele acabar en risotadas. Por eso nos conocen en los bares a los que vamos a cenar y somos bienvenidas, porque siempre hay más carcajadas que regaños, y que no cambie, aunque una sea por esa noche asquerosamente feliz y la otra no.

 

Eso también lo aprendí en la película Qué les pasa a los hombres, que me pareció un bodrio en general pero con una idea brillante en particular: basta ya de mentirnos entre nosotras y buscar excusas para consolarnos cuando el chico en cuestión no te llama: no es que haya ingresado en el hospital ni que un perro se haya comido el papel donde apuntó tu número de teléfono, simplemente es que no le interesas, y cuanto antes te enteres mejor.

 

Me gustó que difundieran esa idea en la película aunque ya digo que me pareció espantosa, ñoña y predecible, pero también de ahí pude sacar algo, siempre se puede aprender algo si consigues sacarte de encima los prejuicios. Y el ejemplo de las llamadas masculinas se puede extrapolar a todo en esta vida en cuanto a la actitud que tenemos a veces con los amigos: ya lo dejé escrito hace unos días con la frase de ese filósofo griego que decía que no necesitaba amigos que cambien cuando yo cambie y asientan cuando yo asiento porque mi sombra lo hace mucho mejor.

Mi primera despedida de soltera

Mi primera despedida de soltera

 

Yo siempre había pensado que no tiene mucho sentido hoy en día celebrar una despedida de soltera, pero ayer fui a una y he cambiado de opinión. Siguen sin gustarme las despedidas con boys y desfase, pero ésta fue una excusa perfecta para hacer un poco el loco y divertirnos a lo grande, como cuando éramos jóvenes, aunque hoy todos estamos pensando que nos hacemos mayores, porque ya ni el cuerpo aguanta tanto ni mañana nos podemos escapar de la primera hora de clase para quedarnos durmiendo. La que va de Spiderman es la primera del grupo de la facultad que se nos casa y teníamos más ganas de verla vestida de hombre araña que de novia: da mucho más juego ir lanzando telas de araña imaginarias por las calles de Madrid que arrastrando el velo por una iglesia, pero sobre todo, da menos vértigo.

Aunque seamos distintos deberíamos poder vivir juntos

 

No entiendo el revuelo que están montando los estudiantes de los colegios mayores de la Complutense. Dicen que protestan porque no han contado con ellos para tomar la decisión de hacer mixtos los colegios donde ahora sólo viven chicos, pero yo creo que si sólo fuera eso no montarían tanto escándalo, si de verdad estuvieran a favor de la medida y quisieran convivir con chicas no harían tanto ruido.

 

Lo cierto es que quieren que sus colegios sigan siendo masculinos por tradición y porque dicen que con chicas no habría el mismo ambiente, pero yo creo que es antinatural esa separación. Como dice una amiga mía, la sociedad es mixta, y cuando antes se acostumbren, mejor. Por eso tampoco creo que sea positivo que la enseñanza primaria sea diferenciada, estar siempre rodeada de gente de tu mismo sexo puede crear tabúes y fomentar los complejos. Si siempre has estado en un colegio de chicas, luego no será fácil sentirte cómoda rodeada de chicos, o ni siquiera sabrás bien cómo tratarlos o acercarte a ellos.

 

Yo tuve la oportunidad de vivir en una residencia sólo de chicas, como querían mis padres, y me negué. Viví en una residencia mixta durante tres años y el ambiente era muy bueno. No había problemas de falta de intimidad, como se quejan los estudiantes de los colegios segregados, porque estábamos separados por plantas, por lo que si no querías mezclarte con los chicos podías no hacerlo fácilmente.

 

Teníamos además un trato diferenciado, que para nuestro gusto (el de chicos y chicas) estaba muy 'chapado a la antigua': las chicas teníamos lavadora y nos limpiábamos nuestras habitaciones, mientras que los chicos tenían servicio de lavandería y una señora de la limpieza. Pero aún así convivíamos con toda naturalidad en las salas comunes, y también éramos como una familia.

 

Lo positivo de vivir en una residencia es que te acostumbras a compartir y a convivir a la fuerza, porque cada uno viene con las costumbres y manías de la casa de sus padres. Empiezas a vivir tu vida independizado, y lo deseable sería que entraras en esa nueva vida preparándote lo mejor posible para la sociedad mixta que te vas a encontrar después.

A veces pasan cosas raras

 

A veces me pasan cosas raras: entro en un portal y piso un charco de sangre, subo en el metro y un olor me recuerda a la casa de mi tía del pueblo, abro mi correo electrónico y me encuentro con la voz de un fantasma... También he visto a fantasmas de verdad: un par de veces, cuando circulaba por la autopista de Valladolid a Segovia, pasado Cuéllar, he visto a tres mujeres muy bien vestidas caminando por los campos de cereales, a la orilla de la carretera. Dos días distintos a distintas horas, y no había por los alrededores ninguna ermita, el siguiente pueblo estaba demasiado lejos como para ir caminando y tampoco era un lugar apropiado para “irse a andar”.


No quieren que les cuenten cuentos

Hoy quería haberles contado un cuento a los niños que están ingresados en el hospital de la Paz. Era una de esas tardes especiales para ellos porque juegan y hacen actividades con los voluntarios de Cruz Roja, y yo pensaba que un cuento sería una buena idea para acompañar la tarde de juegos, la perfecta válvula de escape de su realidad cotidiana; la imaginación de los juegos y de los cuentos alivia dolores, provoca sonrisas y hace soñar con otros mundos más allá de las paredes de sus habitaciones, de las salas de quimioterapia y los quirófanos.

Pero no he sido capaz de estar más de 20 minutos dentro del hospital, diez de los cuales me los he pasado tirada en el suelo con las piernas levantadas, recuperando la consciencia porque no he podido superar mi fobia a los hospitales, a las enfermedades y al dolor ajeno. Es extraño, porque aguanto bastante bien mi propio dolor y sufrimiento, creo que nunca he sido quejica ni hipocondríaca, pero hoy sencillamente no he sido capaz.

Me ha dado rabia, me ha dejado frustrada pero sobre todo, después, me ha dado mucha pena saber que de todos modos, ninguno de los niños de la sexta planta quería salir de su habitación para ir a escuchar cuentos. Había una función preparada con varios contadores voluntarios en un salón de actos, pero los niños se han negado a bajar. Uno de ellos ha dicho incluso que ya “se tragó los cuentos la semana pasada”, como si fuera un castigo.

Me he quedado horrorizada, pero en su defensa me han explicado que en otras ocasiones les han contado cuentos en funciones que duran dos horas, cuando es impensable atrapar la atención ni siquiera de un adulto durante tanto tiempo, sin más recursos que la propia voz y los gestos. Habría que hacer algo, porque los niños no pueden quedarse con la idea de que es aburrido escuchar unas historias que tanto bien pueden hacer a su corazón y a su cabeza.

No es amor de tía

No es amor de tía

Estaréis conmigo en que ¡¡mi sobrina es la niña más guapa del mundo!! Yo sé que todos dicen lo mismo, pero ésta además es un portento (y en ésto tenéis que creerme porque la foto no da para tanto): no tiene ni un año y ya hace meses que habla (claro que de sus cosas y en su idioma), gatea hacia delante y hacia atrás (al principio sólo avanzaba como los cangrejos), se mantiene mucho rato de pie y baila cada vez que le suena el móvil a su padre.

 

Pueden parecer pocos logros, pero lo mejor es que está todo el rato riéndose, ¡es tan feliz por cualquier cosa! Lo único que no entiendo es por qué llora cuando tiene sueño... Ojalá pudiera yo estar en sus condiciones cada vez que me vence la pereza y me entra un sueño insoportable... ¡ella sólo tiene que cerrar los ojos!

Día Internacional de la Mujer

De las cosas obvias no hace falta hablar, más que en el ascensor para rellenar incómodos silencios. Pero no se habla en los ascensores de los derechos de la mujer; de la mujer trabajadora se habla en los telediarios en días como hoy, aunque sigue dando igual.

 

Hoy, Día de la Mujer Trabajadora, he hecho lo mismo que cualquier otro día, y me siento igual. Sigo trasnochando como cualquier otra noche y también hoy he estado dudando más de lo sanamente recomendable antes de tomar una decisión. No me siento más orgullosa de ser mujer por haber visitado esta mañana una exitosa empresa dirigida por mujeres, ni me he sentido reconfortada por las palabras de los políticos a los que se les llena la boca al hablar de igualdad.

 

No soy feminista ni siento que hoy tenga algo que celebrar. Me quedan lejos los logros por los que afortunadamente lucharon mis antepasadas y presiento que seguirán lejos los objetivos que aún nos quedan por cumplir. No somos en absoluto iguales los hombres y las mujeres, pero deberíamos serlo en derechos, en todos los lugares del mundo.

 

Declarar un Día Internacional sirve para que se hable de ese tema. Por eso, el verdadero Día de la Mujer será cuando no haya que celebrarlo, porque no habrá nada de lo que haga falta hablar.

Homenaje a los buenos amigos

 

Hago mía la frase de un filósofo griego: "No necesito amigos que cambien cuando yo cambie y asientan cuando yo asiento. Mi sombra lo hace mucho mejor".