Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2010.

Cuánto hemos cambiado...

20100802113310-boda-sueno.jpg

Quién nos lo iba a decir hace once años, cuando nos conocimos de aquella manera tan confusa, tan atropellada, que después de tantos dimes y diretes, de tantas risas, confesiones, complicidades, enfados y silencios compartidos, que volveríamos todos a reunirnos, a estrechar los cientos de kilómetros que en ocasiones nos separan, para brindar por que sean felices no hasta que la muerte los separe, sino para que sepan hacerse felices todos los días de su vida.

02/08/2010 11:33 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

A este lado del océano

20100806020328-amanecer-en-teno.jpg

En estos días vivo entre un mar de nubes, un mar de lava, un mar de pinos, un mar de luces, un mar de rocas y un espacio inmenso de peces y de agua salada que es el mar... Qué distinto es vivir por unos días en una isla, aunque esta isla parezca todo un continente.

Qué felicidad poder olvidarse de los relojes y las preocupaciones y los jefes y la burocracia y los atascos y de todo lo malo que tiene el Madrid que tanto quiero, del que tengo que alejarme un poco para oxigenarme y seguir queriéndolo. Aquí encuentro la razón para estar trabajando durante todo el año, para vivir estos momentos de felicidad, a este lado del océano.

Aún así, hay cosas que echo de menos. Incluso cuando me despierto en un acantilado junto al mar, cuando ceno sobre unas rocas a la luz de las estrellas, cuando disfruto de una conversación sobre la arena negra y brillante, cuando alguien de repente trae vasos y vino blanco e improvisamos un picnic a los pies de un volcán rodeados de lagartos, y les tiramos a los lagartos un trozo de tomate, que rodean impacientes y lo empujan entre todos, alejándose, felices del festín que se han encontrado

06/08/2010 02:03 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.


Entre un mar de nubes y de pinos

20100806020552-mar-nubes-y-pinos.jpg
06/08/2010 02:05 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

Magia, chasco y giraluna

Hoy me encontré en la playa una piedrita blanca en medio de la arena negra. Me gusta caminar por la orilla del mar mirando al suelo y no al horizonte, sintiendo el océano a mi lado, infinito y rugiendo.

Tengo la manía de recoger piedras allá por donde voy, las colecciono a pesar de que no tengo ni idea de geología y mi amiga geóloga después siempre me dice que escojo las más feas, las que no tienen ningún valor más allá del recuerdo emotivo del momento y lugar en que las recogí.

Yo las voy guardando en una cajita de madera, donde las atesoro todas juntas aunque pasado el tiempo no soy capaz apenas de distinguirlas ni de recordar su procedencia. Pero igual me gusta vivir ese descubrimiento, encontrarme con una piedrita especial en medio del entorno y guardármela en el bolsillo como una prueba de ese instante feliz, aunque la emoción me dure lo que tardo en deshacer la maleta al volver a casa y guardarla en mi cajita.

Así que hoy recogí con ilusión mi piedrita blanca, brillante y con forma de oreja. Estaba sola en medio de la arena negra en la orilla del océano, rodeada de rocas volcánicas, de antiguos restos de lava, y pensé que era una suerte haber encontrado una piedra tan especial en la que nadie (cientos de bañistas, Tenerife hoy parecía Benidorm) había reparado. Tan rara mi piedra blanca en una playa de arena volcánica como encontrar un giraluna en un mar de girasoles. Magia, cómo no, en la tierra de los magos.

Pero cuando presento mi hallazgo a mis amigos de la zona me dicen que seguro que es un trozo de ladrillo, sin más. Que es muy habitual en Tenerife tirar escombros al mar, que en no sé qué pueblo hasta pusieron cámaras en los barrancos para que la gente se cortara de tirar incluso electrodomésticos al océano, que no hay chatarreros y que funcionan tan mal los puntos limpios y los servicios de recogida que cuando haces obras en tu casa es preferible coger un saco y deshacerte tú mismo de todo lo que te sobra.

Así que mi piedra mágica es un escombro erosionado y traído hasta mi playa por el mar, que antes fue probablemente la pared de un chalet de lujo, porque brilla mucho y tiene incrustaciones de trocitos de piedra transparentes. Pero no me importa, igual la atesoro y recordaré esta historia; pasada la desilusión inicial, yo sigo confiando y queriendo creer en mi suerte, en la de poder ver el lado mágico de las cosas, en la de encontrar un giraluna en un mar de girasoles.

09/08/2010 03:27 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

De vuelta

Hoy debería escribir sobre lo deprimente que es volver de vacaciones y encontrarse la nevera tiritando y el correo acumulado y el eco en la despensa y toda esa ropa por lavar... anoche estaba pataleando como una niña pequeña que se niega a atravesar la puerta del colegio, porque no quería ir a trabajar y me daba muchísima pereza ir a trabajar y no tenía realmente ninguna gana de ir a trabajar y no era capaz de encontrar ni un solo motivo para ir a trabajar... pero claro, he ido a trabajar. Eso sí, después de quedarme un rato mirando el despertador sin entender nada, diciendo para mis adentros: “¿y éste qué quiere de mí a estas horas?

 

Así que he comenzado la jornada laboral tarde y a trompicones, porque medio minuto antes de entrar en directo para contar los encierros de Leganés, mi entrevistado me ha dejado colgada para ponerse a hablar por teléfono. Yo tenía la mente totalmente en blanco; mi plan era presentarle, preguntarle qué tal habían ido, dejarle hablar durante tres minutos seguidos y despedir tranquilamente la conexión, pero la radio no se puede quedar en silencio, así que de alguna manera he conseguido hablar yo sola de un encierro que no había visto durante el tiempo que el tipo ha terminado en atender la llamada, mientras le lanzaba miradas de odio (cuando no me miraba) y de súplica (cuando me miraba).

En todo eso puede estar pensando una sola cabeza a la vez. No está bien, pero yo siempre digo que lo mejor que me enseñaron en cinco años de carrera es a rellenar un folio en blanco, poder hablar de cualquier cosa sin tener ni idea. Hablar de lo que no sabes con estilo, que diría una amiga periodista.

 

Pero a partir de ahí he ganado confianza, me he reconciliado con el mundo y con mi profesión y todo ha empezado a salir rodado, ya todo eran personas amables, gente predispuesta a colaborar, cosas bien hechas en tiempo y forma y adversidades superadas, ya digo yo que la vida no es para tanto y que me ha tocado una buena estrella.

 

17/08/2010 01:48 Elena #. Periodismo No hay comentarios. Comentar.

Todos somos ex

Tengo una amiga que es su propia ex novia. Es decir, que la única novia que ha tenido su actual novio es ella misma, años atrás.


Cuando me lo dijo, su situación me pareció envidiable, porque a veces mis amigas y yo hablamos de lo perversas y dañinas que son las ex novias que no se quitan del medio. Siempre queremos mandarlas a todas a una hoguera, para asegurarnos de que no dejen huella y de que no se podrán entrometer en las relaciones futuras de sus antiguos novios, una vez puestos de nuevo en circulación.


Por eso me pareció fascinante la libertad de mi amiga, sentir que no tiene a nadie detrás con quien inevitablemente la comparen, no tener un fantasma que planee sobre esa relación presente. Pero ella me dijo que era horrible no tener a nadie a quien echarle en cara los problemas de su relación de pareja, sentir que ella misma era la culpable de no haberlo domesticado a tiempo.

 

En fin, es inevitable, todos somos ex, incluso de nosotros mismos. Las personas que fuimos y formaron una relación en el pasado a veces ni siquiera se parecen a las que quieren construir una pareja en el presente o en el futuro.


Todos traemos equipaje de nuestras relaciones anteriores. Temores, pedestales y rutinas, cosas a las que estábamos acostumbrados. Hay que aprender a manejar distintos códigos, a comprender los de la otra persona y acoplar los ritmos. Aunque difícil, también es fascinante aprender a construir un nuevo amor en cada impulso.

Los políticos y las madres

No sé por qué hay gente que dice que no entiende nada de política, si es facilísimo. Hoy escucho en el telediario: “los socialistas acusan al Partido Popular de haberse ido a Melilla a enredar”. ¡A enredar!. Inmediatamente me viene a la cabeza el “¡dejad de enredar!” que dicen las madres, el que decía mi madre cuando nos veía a los cuatro hermanos enredando.

Ay, pero ojalá en el resto de cosas los políticos se parecieran más a las madres. Desde luego, el mundo iría mejor si gobernaran las madres, ellas sí que saben administrar y mandar y cuidar de los suyos y preocuparse por los suyos y hacer las cosas bien.

17/08/2010 15:08 Elena #. Divertimentos Hay 3 comentarios.

De novios y correas

El día que cumplí 18 años una de mis tías me regaló un bolso. El bolso más feo que os podáis imaginar. Espantoso. Estaba todo hecho de bolitas negras poliédricas de plástico brillante. También la correa estaba hecha de esas bolitas, que se te clavaban en el hombro. Una correa larguísima y el bolso pequeñísimo, totalmente inútil, con la de cosas que yo suelo llevar en el bolso. Además pesaba mucho el bolso, se ve que las bolitas de plástico estaban rellenas de más plástico.

 

Era un horror. Pero también era un regalo, y a mí me gusta ser agradecida, de verdad que yo quería agradecerle el detalle, pero tampoco me gusta mentir. Así que ahí me veis, rodeada de mi familia el día de mi cumpleaños, todos mirándome, y yo intentando decir algo que sonara agradable y que no fuera mentira.

 

Lo primero que se me ocurrió fue decir: “anda, mira, ¡un bolso!”. Claro, pero había que decir algo más. Qué bonito... no. Qué práctico... no. Qué elegante... no. Qué curioso... tampoco era el adjetivo que estaban esperando escuchar. Queeeeeeé... ¡bien me va a venir este bolso cuando salga en Nochevieja!, logré decir. Y tampoco era mentira del todo, podría utilizarlo en Nochevieja si saliera de Cotillón, lo que no era el caso, pero eso mi tía no lo tenía que saber y así se quedaría a gusto pensando que le iba a dar uso.

 

Así pensaba yo que había salido del paso, pero mi tía entonces me contestó: “¿para Nochevieja? Nooo... ¡si es un bolso de boda!” Y después dijo lo más catastrófico de todo: “Es que como ya cumples 18 años y se te empezarán a casar las amigas....”

 

¿Que se me empezarán a CASAR las amigas? ¿con 18 años? ¿En qué mundo vive mi tía? Pero no, mi tía no estaba tan alejada de la realidad, ese comentario fue sólo una excusa para lanzar su pregunta favorita: “Bueno, y ahora que hablamos de esto, ¿tú de novios qué tal?

 

A ver, primero, nadie está hablando de esto. Eres tú sola la que estás sacando el tema, que te gusta a ti meter las narices en todo. Después, ¿cómo que novios, así, en plural? Muchos, variados, distintos novios. A ver, ya es bastante difícil echarle el lazo a uno, ya es bastante difícil domesticar a uno, ¡¡como para tener una ristra de novios detrás!! Como dice la canción: el que tenga un amor... que lo cuide, que lo cuide.

Tener pareja reduce el estrés

Leo por ahí que tener pareja estable mitiga el estrés. Nos ha fastidiado, si lo que estresa es no tener una pareja, sino andar en su búsqueda y estar todo el día pendiente del móvil y dándole todo el rato a F5, F5, F5 en el ordenador para actualizar la página y que llegue de una vez el correo electrónico esperado.

Claro que tener una pareja estable mitiga el estrés. No hace falta un estudio científico y ensayos clínicos sobre 500 voluntarios para saber que cuando uno está enamorado vive en una nube desde la que se sobrevuelan alegremente los problemas...

www.20minutos.es/noticia/792506/0/pareja/estable/estres/

Si fotografías el oro se te congela la sangre

20100819195736-pueboo-del-oro.jpg

Dicen los burkinabes que si fotografías el oro, se te congela la sangre, y es verdad. Cómo si no iba a ser yo capaz de caminar una tarde alrededor de esos agujeros que son minas de oro. Sólo con la sangre parada puedes permanecer un rato allí, rodeada de gente drogada, habitantes huraños de uno de los ’pueblos del oro’ donde vi realmente lo que es la pobreza.

 

Más que los niños con la tripa hinchada de desnutrición; eso es la pobreza. Más que la gente lavando la ropa en los charcos, más que saber que la madre de unos trillizos recién nacidos está llorando en silencio y a solas en el interior de su casa porque la Acción Social le acaba de dar medio saco de maíz, aceite de palma, una lata de tomate, azúcar, leche en polvo y jabón para poder sacar adelante a unos hijos que para su etnia es una maldición que vengan por triplicado.

 

Más que la gente que camina descalza entre las piedras, la basura y los vidrios rotos, más que los niños que van a clase un año sí y otro no porque los colegios tienen la mitad de las aulas necesarias, más que las mujeres encendiendo leña para cocinar sobre tres piedras, más que los hombres negros que rechazan la homosexualidad pero se acuestan con hombres blancos por dinero, más que ver a la gente recorriendo diariamente kilómetros y kilómetros caminando o en bicicleta porque la gasolina cuesta lo mismo que en Europa, en un país con un nivel de vida quince veces inferior...

 

Cuando me dijeron que esa tarde me iban a llevar a visitar Bossi, el ’pueblo del oro’, me imaginé una cosa muy distinta. No sospechaba que lo primero que tendría que hacer al entrar sería avisar a la policía de mi llegada porque es realmente peligroso estar allí.

 

Hay cientos de pueblos del oro en Burkina, asentamientos infrahumanos que se forman espontáneamente en cualquier lugar en cuanto las empresas extranjeras abandonan las minas del oro durante la época de lluvias por el peligro de derrumbamientos.

 

Todo el mundo sabe cómo es la vida en el pueblo del oro, y muchos van por ambición, pero la mayoría porque realmente no les queda más remedio. Eso es la pobreza. Sacar a tu hijo del colegio, donde tenía buenas notas (en un país con una tasa del 44 por ciento de escolarización) para enviarlo al pueblo del oro, donde sabes que va a pasarse el día drogado, respirando arena dentro de en un agujero de un metro de diámetro y más de veinte metros de profundidad, a rascar con las manos las piedras del oro.

 

Tienen la piel amarilla los buscadores de oro, porque los bidones de agua de pozo se venden a un precio cinco veces superior al agua mineral. No hay en esos pueblos agua ni electricidad, sólo chabolas de paja y palos, muchas prostitutas y unos hombres bien vestidos, con sus motos de lujo, esperando las pepitas todo el día sentados a la sombra.

 

Pero en un pueblo del oro puedes encontrar artículos de lujo que sólo venden en la capital: cajetillas de tabaco, camisas, pantalones vaqueros. Porque si has encontrado oro quieres presumirlo, y fumar un cigarrillo sentado en una piedra con unos pantalones como los que llevaba yo es una prueba irrefutable de que has sido un triunfador.

 

Existe la creencia entre los jóvenes buscadores de que encontrarán oro si se acuestan con una mujer sin lavarse y sin protección. Las mujeres también lo creen, y también quieren que su hombre encuentre oro. La mayoría de las veces, para hacerse ricos, sin más. No para construirse una casa, no para instalarse en un pueblo mejor (uno al que por ejemplo llegue el agua y la electricidad, en el que haya médico y colegios para los cientos de niños que se arrastran por sus calles, un pueblo en el que haya vida más allá de la búsqueda del oro, en el que haya simplemente vida), no.

 

Porque los que buscan el oro siempre quieren seguir buscando oro, siempre tendrán la esperanza de encontrar más, el ansia de encontrar más. La droga que tienen que tomar para sobrellevar ese trabajo también ayuda a fomentar la locura, claro. La droga imprescindible para poder descender veinte metros por los agujeros, para cavar con las manos más abajo, más hacia el infierno de lo que ya están.

Cosas que vuelan y no regresan

Esta tarde he perdido una de las cortinas de mi habitación. Ha salido volando con el viento fresco, para que luego digan del bochorno de agosto en Madrid. No sé cómo ha sido el vuelo de mi cortina voladora, no la he visto marcharse ni se ha despedido. De repente me he dado cuenta de que la ventana estaba abierta y de que la otra cortina se había quedado triste y desparejada...

 

Me he echado a las calles a buscarla, pero es difícil encontrar una cortina voladora. Tampoco puedes llamarla a gritos ni preguntar a los transeúntes por ella, aunque sé de una que tendió una toalla en la terraza del hotel y al ver cómo se la llevaba el viento, bajó corriendo a la recepción y le preguntó al mozo: “¿perdone, ha visto usted pasar por aquí una toalla voladora?”.

 

Inconscientemente he echado a volar una cortina por el cielo de Madrid y recuerdo el día que eché a volar decenas de margaritas de papel. Íbamos a una fiesta de la primavera (qué época aquélla en que todas nuestras fiestas eran temáticas y a cual más absurda, lo celebrábamos todo y a lo grande) y una amiga y yo decidimos disfrazar incluso al coche con el que llegaríamos a la fiesta.


Estuvimos toda la tarde dibujando margaritas de cartulina de diferentes tamaños, recortándolas y pegándolas en el exterior del coche, con todo nuestro entusiasmo, pero en cuanto salimos del garaje poco a poco fueron echándose a volar. Se iban despegando según cogíamos velocidad y no sé ya si llegó alguna viva a la fiesta. Fue un chasco bajarse del coche y encontrárnoslo pelado, vestido de normal, pero también debió de ser bonito dejar toda la Castellana regada de margaritas.

 

Quién sabe quién se tropezaría con una de nuestras margaritas, en qué momento le cayó en las manos y con quién iría acompañada. Quiero pensar que a alguien encontrarse con nuestras margaritas le alegró el paseo, que por unos instantes a alguien le dibujamos una sonrisa en la cara.

23/08/2010 22:44 Elena #. Divertimentos Hay 4 comentarios.

Un hombre con bigote aporrea mi puerta

Hoy a las ocho y media de la mañana he entrado en un local cochambroso de tipos rudos y calendarios de tías en bolas. Estaba desesperada, parecía el único lugar donde me podían echar una mano a esas horas para cubrir mi necesidad. Y efectivamente me han echado una mano de buena gana, si es que para nada sirven los prejuicios. Era un taller de puertas, verjas y persianas, algo de cerraduras también ponía en el cartel.

 

Un hombre sucio, calvo y con bigote me ha acompañado hasta mi casa y ha estado más de media hora aporreando la puerta, haciendo temblar toda la pared del rellano, hasta que he conseguido entrar. Como un caballero me ha cedido el paso, me ha hecho un apaño en la puerta para que no volviera a encajarse la cerradura y con una sonrisa de macho satisfecho se ha marchado, después de susurrar algo sobre cómo somos las tías, que no tenemos en casa ni un destornillador.

 

A mí la verdad es que no me molesta encajar en el estereotipo de hembra débil, ni que hagan comentarios machistas cuando realmente tienen razón. Como aquél día que conseguí con cara de niña desamparada y torpe que dos policías se agacharan junto a mi coche para cambiarme una rueda. Refunfuñaban y seguro que pensaron “mujer tenías que ser”, pero me dio igual, que pensaran lo que quisieran de mí, llegaba tarde a una entrevista de trabajo y estaba formando un monumental atasco con mi coche atravesado en mitad de una calle.

 

Lo positivo de todo esto es que hay gente dispuesta a ayudar sin esperar nada a cambio en esta inhóspita ciudad. A veces a regañadientes, pero hoy de buena gana. Antes del señor con bigote, en una gasolinera, un grupo de desconocidos con prisa se ha detenido a darme consejos, uno incluso se ha ido a buscar en su coche algo que me pudiera ayudar a abrir la puerta, empeñado en que no llamara a un cerrajero porque me iba a costar muy caro, y después la camarera de un bar que nunca había pisado me ha dado un bote de 3 en 1 con una sonrisa y un “ya me lo devolverás”.


Estas cosas pasan en Madrid. Claro que también hay gente que va a lo suyo, que no se paran a echar una mano ni al que vive puerta con puerta. Lo digo porque hoy también me he dado cuenta de que vivo en un edificio rodeada de cadáveres. Porque si no están todos muertos, cómo se explica que nadie se escandalizara anoche ni esta mañana con el ruido y los golpes que hemos dado intentando abrir la puerta, cómo es posible que un señor aporree mi puerta durante más de media hora a las ocho y media de la mañana y nadie haya asomado el hocico ¡ni para cotillear! Desde luego, ahora sé que nadie va a dar la voz de alarma si algún día entran a robarme, ¡y yo preocupándome por no molestar a los vecinos cuando hemos organizado alguna fiesta!





25/08/2010 20:18 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Deshaciendo caminos

Como el tiempo es lineal y la vida va hacia delante, no es fácil deshacer el camino andado. Puedes tener tendencia al arrepentimiento, a quedar secuestrado por la nostalgia, pero no es fácil volver sobre tus propios pasos, echar la vista atrás, seguir tus propias huellas. No es fácil retroceder.

Hubo quien echaba miguitas de pan para marcar su camino, y le fue mal. Hay quien se resiste a borrar las cicatrices para poder viajar más fácilmente al pasado.

Pero yo hoy no quiero hablar en sentido metafórico, sino de lo literalmente difícil que es deshacer el camino andado: me he pasado media hora dando vueltas en un pueblito tratando de recordar dónde había aparcado mi coche. Esto antes no me pasaba, pero es lo que tiene aparcar y echarse a andar mientras vas hablando por el móvil.

27/08/2010 00:54 Elena #. Divertimentos No hay comentarios. Comentar.

Contra los príncipes azules

Existe la creencia entre las chicas de mi edad de que los cuentos infantiles nos han hecho mucho daño, que por su culpa andamos ahora buscando entre la multitud a nuestro príncipe azul con el que seamos felices y comamos perdices. Ah, pero las cosas no son tan fáciles. Los príncipes azules de hoy en día no es como aquél que en caballo con alas hacia nosotras se encamina, más brillante que el alba, más hermoso que abril, como relataba el poema de Rubén Darío. Es más, a menudo ni siquiera son príncipes, pueden incluso ser sapos y en nosotras está saber ver su sangre azul. El amor puede pintarlo todo de azul; el azul del cielo que todo lo envuelve, el azul del mar que se derrama. Algo así quise decir cuando escribí el cuento hiperbreve que se titula “Cásting”:

Ella tuvo que besar a muchos príncipes antes de encontrar a su sapo azul.



28/08/2010 20:03 Elena #. De Príncipes y Princesas No hay comentarios. Comentar.

La culpable de todo esto

Ella se sumerge en el vagón de metro y para entretener el viaje va tejiendo conversaciones imaginarias. Pesca el recuerdo de una tarde lluviosa en Londres frente a una taza de café en un sillón de orejas, de la noche que pasó oculta tras una columna escuchando un concierto, de una despedida en el aeropuerto con lágrimas de secado rápido, de una bienvenida con flores amarillas, de las horas muertas dentro de un coche aparcado en doble fila, de una mañana de domingo de risas interminables...

Qué más da 8 que 80”, y viaja pensando en la noche que echó a rodar todo esto, en las llamadas telefónicas truncadas y en las infinitas, en las margaritas volando por la ciudad y en los limpiadores de estrellas, en los que ven atardeceres cuando están tristes y en los zorros domesticados.

Siente pescaditos dorados iluminándose dentro de su sangre y los cuida para que vivan siempre. Se le nublan a menudo los ojos y el parpadeo asemeja el aleteo de una mariposa. Abre la ventana y deja entrar en su casa una bocanada de flores. Cuando es necesario saca las alas de ángel que lleva ocultas en la espalda y es capaz de hacer que le salgan los dientes a un dinosaurio recién nacido. Sumergida en las entrañas de la ciudad, continúa hilando recuerdos y una sonrisa se le dibuja en la boca, que suele tener llena de peces.



29/08/2010 14:18 Elena #. Literatura Hay 2 comentarios.

Adónde irán las preguntas que no hacemos

Un día, mientras estaba yo esperando al autobús en la calle, se me acercó una chica y me preguntó con acento argentino si tenía la cara sucia. Yo me quedé mirándola extrañada, porque la verdad es que la chica era guapísima e iba impecablemente maquillada, así que le dije que no se preocupara, que estaba bien, y entonces ella, con una media sonrisa, me confesó que me hacía la pregunta porque había estado llorando.

En ese momento llegó el autobús, en silencio las dos nos subimos, cada una tomó asiento en un lugar y llegamos a nuestro destino, no pasó nada más. Han pasado muchos años desde aquéllo y aún me pregunto por qué no fui capaz de decirle nada. Claro que era una desconocida, pero era una desconocida que me acababa de confesar que había estado llorando y yo no supe qué contestar.

Podría haberle ofrecido un pañuelo, preguntarle si ya se encontraba bien, si podía ayudarla en algo, si quería tomar un café... puede que entonces ella me hubiera contestado que me metiera en mis asuntos, pero quizá un gesto amable por mi parte le habría sentado bien.

Tiene que pesar más esa segunda posibilidad, la de hacer algo bueno por alguien aunque ni siquiera sea un ser querido. Está en nuestra mano, con gestos muy sencillos, hacer que se sientan bien las personas que nos rodean. Yo creo que todo en esta vida está entrelazado, que cualquier gesto tiene consecuencias.

Si yo le cedo el paso a una persona en el autobús con una sonrisa, esa persona irá dentro de lo que cabe de buen humor a trabajar y atenderá mejor sus gestiones y llegará más relajada a casa y tendrá ánimo para jugar un rato con sus hijos, por ejemplo.

Si esa persona empieza el día con una chica que de malos modos le entorpece el paso porque está pagando el mal humor que le produce madrugar, por ejemplo, empezará la jornada refunfuñando y será más fácil que a partir de ahí todo se vaya retorciendo.

Por eso tenía que haberle dicho algo amable a aquella chica argentina que me encontré en la parada del autobús. Demasiadas veces no hacemos gestos amables hacia otras personas que pueden contribuir a crear un mundo mejor. Siempre me ha gustado la canción de Víctor Manuel que se pregunta adónde irán los besos que guardamos, dónde se irá ese abrazo si no llegas nunca a darlo.

También hay que atreverse a preguntar más, perder los miedos y la vergüenza, explicarnos, abandonar misterios y absurdos pudores. A veces ni siquiera nos atrevemos a preguntar por miedo a la respuesta, por temor a incomodar, pero creo que siempre es positivo intentarlo, porque si fracasamos, lo peor que nos puede pasar es que nos quedemos igual.

30/08/2010 13:08 Elena #. Cotidiano Hay 5 comentarios.

Hoy es siempre todavía

20100831195651-pintada-laguna.jpg

Es un verso de Antonio Machado ese "hoy es siempre todavía", al que Ismael Serrano añadió en una de sus canciones "toda la vida es ahora".

Unos amigos míos, en pleno delirio de madrugada y con el propósito de reivindicar la idea del ’carpe diem’, matizaron: "todavía es siempre hoy".

31/08/2010 19:49 Elena #. Recomendaciones Hay 1 comentario.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris