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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2010.

Hoy es un día de esos

Hoy es uno de esos días en los que ya no tengo fuerzas ni para teclear. Me he pasado toda la tarde peleándome con la vida que había debajo del sofá, peleándome con mi ordenador que ha decidido hoy morirse, peleándome en silencio con los que se quedan mirando a las musarañas en doble fila.

He perdido la tarde también haciendo viajes con cartones para el contenedor, bolsas para la basura, cajas para la nueva casa (¿de dónde salen tantas cosas? ¿acaso se están reproduciendo de tanto esperarme en el pasillo?), preguntándome de dónde salen tantas pelusas, cómo se originan, por qué deciden reunirse todas en los rincones, de qué hablan en esas reuniones, etcétera.

He estado, como podéis suponer, muy dispersa, quizá por eso he tardado tanto en acabar de irme de la casa verde. Tanto que ni siquiera me he despedido, ya ni me da pena, soy una convencida infiel con la casa blanca. 

Así que no me quedan ya fuerzas. Tengo, eso sí, ideas de sobra dándome vueltas por la cabeza. Podría quedarme aquí un rato compartiéndolas, pero tengo a un ser humano respirando aquí a mi lado, deseando que apague la luz y que me duerma.

 

01/10/2010 01:12 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Cómo no levantarse de buen humor

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Cómo no levantarse de buen humor si esto es lo primero que veo cuando abro los ojos, porque yo nunca bajo las persianas. Mi principal requisito cuando nos pusimos a buscar piso era que la casa tuviera luz porque yo la necesito para vivir, como las plantas para hacer la fotosíntesis. A veces la realidad supera nuestros deseos. La primera vez que volví a casa después del trabajo, pensé que me había dejado la luz encendida porque no era normal la claridad que había dentro del piso, pero ¡ah, no! era el sol.

"Algo nos está pasando

desde que la gente está empeñada

en quererse amar y en poder vivir.

Algo nos está pasando

ayer apreté el interruptor de encender la luz

y encendí el sol", que cantaba Silvio.

 

02/10/2010 15:05 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.


Ordeno y mando

Detesto ordenar, pero hay que ver qué gusto da ordenar. Me quita hasta el sueño. Cuando me entra la furia ordenadora, descubro feliz un lugar perfecto para cada cosa y encuentro cosas que no sabía que tenía y me doy cuenta de que hasta me sobra espacio y le doy la razón a mi madre, que siempre dice: “¿cómo no va a caber?, bien ordenado, todo cabe”.

Así voy poco a poco deshaciendo el desbarajuste de la mudanza, cogiéndole gusto al orden, retomando el mando de mi vida, quién sabe si esta es la misma base de los que le cogen el gusto al poder y la escalada de orden ya es imparable.

07/10/2010 01:02 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

El que avisa no es traidor

Así que no quiero reproches. No es la crisis del escritor con pánico a la hoja en blanco. Ya dije que estaba de mudanza y que entre cajas es difícil encontrar la calma que necesito para escribir. He tenido un comienzo de otoño bastante complicado, aún tengo no sé cuántas cajas sin abrir y he perdido muchas tardes de tiendas, con lo que yo odio ir a comprar; tanto que en una de ésas, encerrada en la ratonera que es el Ikea, estuvimos a punto de comprar un escritorio como mesa de cocina, hartas ya de tanto mirar.

Los refranes siempre dicen la verdad, así que no soy una traidora. Pero sí una vaga, claro que es una vergüenza que estemos a día 12 y tenga cuatro tristes entradas, cuando mi propósito de año nuevo era escribir siquiera una línea cada día, que todos los días de este 2010 tuvieran algo que contar. Ah, pero eso sí lo he cumplido; todos los días he tenido historias que contar. Lo saben los que han estado cerca, los que quieran saber, que esperen, que en algún momento se abrirá esa puerta.

12/10/2010 15:21 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

El misterio del olor que viene y va

“Hueles a colonia de maromo”, me dice mi compañera de piso desde la puerta de la cocina. Yo estoy sentada a la mesa tomándome tranquilamente un café y la frase me sobresalta. Me río primero, porque me hace gracia, y luego me pongo a pensar. No he tenido a ningún maromo hoy a menos de un metro de distancia. Mi ropa no se la ha puesto ningún chico. Por supuesto, me he duchado esta mañana, pero ni siquiera me he echado colonia o crema corporal (que en cualquier caso sería femenina, de eso estoy segura).

 

“Me ha venido una ráfaga”, insiste ella todavía desde la puerta, “¿no lo hueles tú?”. Sugestionada, me quito la chaqueta que llevo puesta y al olerla de cerca no, pero al volver a ponérmela me viene, efectivamente, una ráfaga a colonia de hombre. Me la vuelvo a quitar y ya no, no huele ni siquiera a suavizante, sólo huele a chaqueta de punto azul, o sea, que no tiene olor: la colonia de maromo sólo está en nuestra cabeza.

 

Qué cosas. Será el poder de la mente, el mismo que origina el efecto placebo, el mismo que hace que veamos platillos volantes donde sólo hay luces, el mismo que vende esa filosofía de las cosas son de quien las desea con fuerza y que hay que proyectar lo que quieres que te pase, o será que yo tengo habitualmente la mente en blanco y soy transparente, porque anoche mismo un mago adivinó el animal que precisamente yo estaba pensando.

 

13/10/2010 17:46 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

No hay tiempo que perder

A veces me consuelo con aquella frase de Horacio que decía que hay que perder la mitad del tiempo para poder aprovechar la otra mitad, pero generalmente no, generalmente me da mucha rabia perder el tiempo. Por eso me maquillo en el ascensor, aprovecho los trayectos para hacer llamadas o hablo por teléfono mientras cocino o tiendo la ropa. También por eso odio los atascos, e intento aprovecharlos para pensar y escribir líneas para este blog.

 

Pero las palabras que hoy he escrito me han salido torcidas, ruidosas, violentas, rezuman mala leche por los cuatro costados. Miro la hoja garabateada en un semáforo en rojo y me doy cuenta de que no quiero publicar eso, que no puedo dejarme contagiar así por la violencia del tráfico de Madrid.

 

Ya que he conseguido no pitar a ese imbécil que está parado en doble fila mirando la vida pasar desde la ventanilla con cara de nada, tampoco voy a vociferar aquí. Los pitidos son contagiosos, pero no sirven de nada, ni siquiera de desahogo. Ya lo decían los chinos: si tiene solución, por qué te preocupas, y si no tiene solución, por qué te preocupas. Así que decido no preocuparme aunque no me guste llegar tarde a los sitios porque voy a llegar tarde de todos modos, y mejor no llegar agobiada y de mal humor. Ya van a tener que soportar mi retraso como para encima aguantar malas caras.

 

Es lo mismo que pretendo conseguir por las mañanas; soy dormilona pero me he dado cuenta de que no merece la pena quedarse remoloneando en la cama. Conseguir diez minutitos más de sueño no sirve para tener menos sueño, es mejor emplear ese tiempo en vestirme con calma, desayunar tranquilamente o no tener prisa en salir de la ducha. Así se puede empezar bien el día, sin agobios, ganando calidad de vida en esta ciudad frenética que le da la razón al filósofo estadounidense Will Durant, cuando decía: "ningún hombre con prisa puede considerarse civilizado".

14/10/2010 01:58 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.

¡Viva Montesquieu!

Si la política está mediatizada porque los políticos gobiernan a golpe de titular y han convertido los medios de comunicación en su campo de batalla, si los medios de comunicación están politizados porque ya ni se molestan en disimular de qué pie cojean, si muchos se empeñan en judicializar la vida política y ahora todo el mundo habla también de la politización de la vida judicial pero en realidad todos sabemos que al final el que manda es el poder económico, ¿podemos decir ya que ha quedado obsoleta la separación de poderes que pregonaban los antiguos pensadores de la Ilustración?

15/10/2010 01:21 Elena #. Periodismo No hay comentarios. Comentar.

Mucho más grave

No es ya el trauma de tener el carné joven jubilado desde hace años y canas prácticamente desde que alcancé la veintena; dependientas que quieren venderte cremas contra las "líneas de expresión" (a mí, que estoy a favor de las arrugas) o ver que prefieres salir de cañas a entrar en discotecas; ni siquiera es que los niños ya siempre me traten de usted. No, la cosa es mucho más grave. Esta mañana una señora se ha dirigido a mí llamándome SEÑORA, y esto ya es insuperable, no hay nada que te pueda echar más años encima que el hecho de que una señora te llame "señora", que las señoras te reconozcan como una de las suyas.

15/10/2010 21:36 Elena #. Divertimentos Hay 6 comentarios.

Falsas apariencias

Así se llama la película infame que me ha hecho perder quince minutos de mi vida este fin de semana. Un bodrio abominable con Bruce Willis, Matthew Perry y Rosanna Arquette.

Vale que la cosa no prometía demasiado desde el reparto, pero estábamos en día tonto y buscábamos algo ligero como alternativa a la finalización definitiva de la mudanza.

Mira que yo soy de las que creen que cualquier película, cualquier libro puede valer la pena, que de todo se puede aprender algo, aunque sólo sea cómo no se deben hacer las cosas, pero a esta película no le di más de 15 minutos de oportunidad. No había necesidad de seguir sufriendo.

Hay demasiadas películas en este mundo que aún no he visto o que merece la pena volver a ver como para perder el tiempo viendo a Rosanna Arquette burlándose estúpidamente de Matthew Perry, que tiene miedo del capo de la mafia refugiado en su vecindario que es Bruce Willis. A la hoguera con ellos.

Apagamos el dvd y afortunadamente salió en la televisión Incautos. Llevaba tiempo queriendo volver a ver esa película, así que fue un regalo encontrármela de pronto en televisión. Brillantes los actores, la dirección, el montaje, la trama. Incautos sí que es un peliculón que requiere varios visionados, Incautos sí que es una excelente película sobre las falsas apariencias, y no esa americanada que encima tiene una segunda parte: “Más falsas apariencias”.

Y yo me pregunto: ¿Los que hacen películas malas saben que están gastando una pasta indecente en hacer películas malas? Con el mismo tiempo, personal y dinero se puede hacer algo mejor, seguro. ¿No se dan cuenta? Me estoy refiriendo a las películas realmente muy malas, las insípidas; no es que vaya de intelectual y quiera ver cine de culto a todas horas, creo que hay momentos para cada cosa e incluso me gustan las películas pastel, también a menudo las tontas y las previsibles. Son, creo, necesarias para los días que tienes el encefalograma plano, definitivamente cumplen una labor social.

19/10/2010 02:09 Elena #. Recomendaciones Hay 1 comentario.

Nos vemos en los bares

Porque en los bares nos podemos encontrar nueces que piensan, mueslis que no, besos de ardilla, pinochos, peterpanes, tristes de la vida, demasiados aspavientos al otro lado de la barra y a este lado extraterrestres que quieren llamar a casa (nach hause telefonieren). Como dice Ismael Serrano, "en los peores bares, a las peores horas, te encuentras a la mejor gente". De eso sí estoy segura, de que estaba con la mejor gente, formales o aún no.

 

20/10/2010 02:00 Elena #. Cotidiano Hay 2 comentarios.

Una rata me enseñó a patinar

Cuánto miedo nos dan las cosas que luego se quedan en nada. Lo hablaba hoy con una amiga recordando el miedo que me daban las rotondas y el tráfico feroz de Madrid cuando empecé a conducir, aquella vez que me cerraron la M 40 de madrugada después de una jornada laboral agotadora y no supe qué hacer para volver a casa, porque era el único camino que conocía y no había nadie a quien llorar al teléfono para que me diera indicaciones.

A punto estuve de dejar el coche en cualquier lado y coger un taxi, pero me dio miedo esperar a que pasara uno sola en medio de un páramo asfaltado. Me sentía más segura perdida dentro de mi coche, tenía gasolina de sobra para dar vueltas por Madrid indefinidamente, y al final llegué, una hora más tarde, cuando conseguí apagar mi histeria preguntando a los transeúntes que había en la calle a esas horas: basureros, dependientes de gasolineras, obreros nocturnos, insomnes paseantes de perros.

Ahora soy una macarra al volante más, ya no queda prácticamente nada de aquel miedo, aunque tengo otros, los miedos siempre son renovados. A menudo de mayores nos dan miedo por ejemplo las polillas, olvidando que de pequeños cogíamos bichos con las manos, los guardábamos en cajas de cartón agujereadas o en frascos y nos pasábamos las horas muertas observándolos. Se suele decir que los miedos son irracionales, que no atienden a razones lógicas, pero no hay nadie más irracional en sus pensamientos que los niños, por estar más apegados aún a sus instintos, tener menos reflejos aprendidos y menos normas de urbanidad impustas, y ellos no tienen miedo. Son inconscientes, solemos decir.

Yo era de las que cogía grillos de pequeña, y no me daban el asco que me dan ahora. En lo que no he cambiado es en la repulsión a las ratas, a pesar de que a mí una rata me enseñó a patinar. Literalmente, en serio. Teníamos una casa con huerto por aquel entonces, y yo estaba aquella tarde en los alrededores con mis patines nuevos, pegada a la pared, moviéndome a la velocidad de un caracol lento. Debía de tener unos siete años y un miedo feroz a caerme y hacerme daño. Pero me daban más miedo las ratas, por eso, en cuanto me pareció ver un rabo largo y grisáceo que se movía entre las lechugas, me eché a correr despavorida. Fue en el momento de llegar sana y salva a casa y contarle a mi madre que había visto una rata en el huerto, cuando me di cuenta de que estaba contándoselo de pie, tranquila y triunfalmente apoyada sobre ocho ruedas.

21/10/2010 01:32 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Si sol adentro, sol afuera

Lo primero que veo al entrar en casa es a Espinete saludándome desde el recibidor, como quien tiene un perrito que se sube a sus rodillas. Cómo no entrar con una sonrisa. Es uno de los encantos que, para mí, aparte de las vistas, tiene nuestro piso ya por fin definitivamente sin cajas: que todo guarda un cierto desorden estudiado, orden de objetos deliberadamente fuera de contexto, de época y lugar.

Muñequitos de Playmobil encima de la tele, Pin&Pon en el baño, un huevo encima de la TDT, sillas de terraza en el cuarto de estar, un despacho inservible en la mesa de comedor, árboles, flores y plantas dentro de la casa y ninguna fuera en terraza, tantos cojines en el sofá que parece un dormitorio. Nos gusta así.

Todo esto viene a que mis compañeras quieren poner pimientos en el salón, para seguir con nuestro improvisado fluir de desorden, y aunque no me gustan demasiado los pimientos ni sus expresiones asociadas, con esa excusa ya me parece bien.

Al fin y al cabo, hay que guardar la coherencia de las cosas, hoy justamente una amiga terapeuta acaba de decirme que es sumamente importante que nuestra alma tenga una buena ubicación exterior. Que eso de cambiarme tres veces de piso en un año me debería dejar tocada. Que influye mucho más el contexto externo en nuestra estabilidad de lo que nos creemos.

Es cierto que yo, en determinados momentos del pasado, cuando no podía ordenar mi vida, ordenaba cosas. Pero ahora, aunque me importa y me influye el contexto externo, prefiero trabajar en el interior, porque creo que es mucho más certero el dicho de que si sol adentro, sol afuera.

22/10/2010 02:23 Elena #. Cotidiano Hay 1 comentario.

Cada mañana

"Cada día

me convierto en mis ojos

soy las cosas que escucho

como el hombre que tiembla es

una parte del frío"

(Benjamín Prado: Todos Nosotros)

22/10/2010 22:54 Elena #. Literatura Hay 1 comentario.

Que la realidad no corrija la imaginación

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Me dice un amigo que está en Canadá de vacaciones que las famosas casas de azúcar que ha ido a visitar, contra todo pronóstico, no están construidas a base de terroncitos de azúcar, sino que el nombre se debe a que en ellas se fabrica el jarabe de arce. Por qué tendría que decírmelo. Es como desmentir que las nubes tienen formas de elefantes o de cocodrilos.

23/10/2010 17:52 Elena #. Divertimentos Hay 3 comentarios.

Mujeres suicidas

Tenemos que amar más la vida, aprender a huir del masoquismo en las relaciones de pareja. Parece una perogrullada, pero no es fácil llevarlo a la práctica. Hay que evitar los casos claros de suicidio, y para eso nada mejor que tenerlos identificados. Después de una larga sesión nocturna lamiendo y hurgando heridas entre risas en la cocina, mis amigas y yo hemos concluido que es suicida enamorarse de:


Hombres casados, bohemios que pisan las nubes, homosexuales, chicos con síndroma de Peter Pan que tienen miedo al compromiso, exnovios de los que salimos escarmentadas, egocéntricos que no ven más allá de su propio ombligo, picaflores que nunca apostarán por una relación seria.

 

Hay que alejarse también (amorosamente hablando) de ése que quiere ser tu amigo, porque va a poner todo su empeño, como su propia clasificación indica, en ser tu amigo. Y nada más, ahí es donde viene el batacazo, la relación no va a evolucionar hacia otra cosa. No eres su tipo, asúmelo. Terminarás siendo una pagafantas, un hombro en el que llorar o su compañera favorita para ir de compras y probablemente además le acabe gustando una de tus amigas, sobre la que encima le tendrás que aconsejar.

 

Tampoco hay que fijarse en alguien que acaba de terminar una relación, porque lo que necesita no es otra novia sino una tirita, el famoso e injusto clavo que saca a otro clavo. Si te gusta de verdad, deberás alejarte y esperar a que otra sea la tirita o lo pasarás mal. Sobre todo si ha sido él el dejado, hay que respetar los tiempos de duelo.

 

Tenemos que procurar huir también de los atormentados. Este caso es raro, porque con ellos nos suele salir un imparable afán de protección, cuando supuestamente son ellos los protectores. Con los atormentados, nosotras siempre creemos que vamos a ayudarles a salir del bache, que con nosotras estarán felices y cambiarán.

 

En realidad ése es el problema de todas las relaciones abocadas al fracaso, que siempre creemos que con nosotras van a cambiar. Que no nos gusta cómo son y tienen que cambiar. Parece que nos encanta suicidarnos, no podemos evitar pensar que con nosotras va a ser distinto. Aunque todos los de alrededor nos lo adviertan, aunque nosotras mismas tengamos ya experiencia en suicidios.

 

Porque, claro, ¿qué pasa con estos tipos de hombres? Los atormentados, los bohemios, los picaflores, los peterpanes ¿nunca van a poder tener una pareja, nunca van a cambiar? Ah, sí, tarde o temprano cambiarán porque les cazará una lagarta, y entonces los sentimientos del cazado serán lo suficientemente fuertes como para provocar el cambio sin que se den cuenta. Y nosotras querríamos ser -siempre nos vamos a ver- como la que fue capaz de domesticarlos.

 

La solución, me apuntan por aquí, es ir con el cianuro por delante, ser nosotras las que llevemos la iniciativa y darles caña para que beban los vientos por nosotras, porque es eso lo que les gusta. Pero la que me lo apunta no sabe ser así. Es una suicida convencida que no tiene aptitudes de lagarta.

 

La solución no es entrar en ese juego dañino que criticamos, sino ir poniéndole límites a nuestra parte suicida para dedicarle tiempo y esfuerzo a los que de verdad lo merecen y no a quien nos va a hacer sufrir. Pero claro, el corazón tiene razones que la razón no entiende, no eliges de quién te enamoras, no es fácil decidir de quién es bueno enamorarse y de quién no.

Siempre que lluevas sobre mí

La verdad es que no tengo muy buena memoria para las fechas, los nombres ni los datos útiles, pero los versos se me quedan con mucha facilidad. Hay palabras que escucho una sola vez y se me quedan latiendo siempre dentro, permanecen en algún rincón oculto flotando aletargadas y salen a relucir una noche como ésta para definir en una sola frase -que escuché hace años a un contador de historias- lo que hoy estoy sintiendo:

"Cada vez que lluevas sobre mí, los paraguas de mi corazón permanecerán cerrados".

26/10/2010 02:12 Elena #. Cotidiano Hay 5 comentarios.

Cosas que he hecho hoy

Ver amanecer sobre Madrid sin su nube de contaminación, enterarme de que Móstoles tiene un edificio "que se comporta como un organismo vivo", poner a bailar a un león y una jirafa, rescatar a un hombre del frío y el olvido, rascar una estrella azul con olor a fresa ácida, meter una y otra vez a un zorro en su madriguera, escuchar emocionada la primera palabra de tres sílabas que pronuncia mi sobrina.

Después de haber estado jugando las dos con una marioneta, me ha seguido por toda la casa, se ha plantado en el medio del pasillo, se ha quitado el chupete, ha gritado: "¡¡E-LE-NA!!" y con una sonrisa, achicando los ojos, se lo ha vuelto a poner.

28/10/2010 00:26 Elena #. Cotidiano Hay 5 comentarios.

No es oro todo lo que reluce

Qué mundo este, no te puedes fiar ni de los cereales. Me lleno un bol pensando que voy a tomar una cena sana y descubro que tienen casi las mismas grasas y azúcares que un donut chocolate fondant, y están menos ricos. Eso sí que son falsas apariencias. Esto me pasa por no seguir mis instintos.

29/10/2010 01:55 Elena #. Cotidiano Hay 3 comentarios.

Ser bueno está infravalorado

“Ser bueno está muy sobrevalorado”, dice el lema de la película infantil Gru, mi villano favorito, pero yo creo que no, que ni siquiera está suficientemente valorado ser buena persona en esta sociedad que premia a los excesivamente competitivos, a los listillos, a los pelotas, a los que no tienen escrúpulos y las cosas les salen bien.

Tanto, que nos sorprende encontrarnos en nuestro camino con gente que haga las cosas bien porque sí, por bondad intrínseca, sin darse siquiera cuenta de ello, sin presumirlo, sin esperar nada a cambio, como debe de ser.

Tanto, que a menudo se asocia ser bueno con ser tonto, que a veces incluso tenemos miedo a definir a alguien como “buena persona” por miedo a que se malinterprete y lo suavizamos con un “es buena gente”, que eso sí lo entiende todo el mundo como una virtud.

“Tened en cuenta que el trabajo y las buenas personas, como siempre, serán premiados”, escribe quien fue mi jefa en un correo electrónico. Lo leo y me alegro de que haber trabajado para alguien que tiene esos valores, me alegro sobre todo de que siga pensando así a pesar la injusticia por la que acaban de echarla: era su mail de despedida.

30/10/2010 15:15 Elena #. Cotidiano Hay 4 comentarios.

Cuestión de matices

A mí me encanta hablar, pero no me gusta nada tener que hablar.

31/10/2010 14:35 Elena #. Cotidiano No hay comentarios. Comentar.


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