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Sin vergüenza

Sé que no está bien visto, que muchos se burlarán o me juzgarán mal, pero qué demonios. Estoy contenta y voy a confesarlo, a bocajarro: me gustan las congas. Me encantan, soy fan. Yo por mí, iría haciendo la conga cada vez que tengo que ir al baño o a pedir una copa.

Lástima que se estilen tan poco. No sé por qué están pasadas de moda. Sé que generalmente se las considera una horterada, pero oye, a mí me encantan, hay gente a la que le gusta el olor de la gasolina o el sabor del Frenadol y yo no les digo nada. Bueno sí, me espanta y lo suelto cada vez que alguien me lo dice, pero allá cada cual con sus perversiones.

El caso es que yo disfruto con las congas. Puedo estar aburrida en una fiesta, cansada y con unas ganas terribles de largarme a casa, que en cuanto diviso un trenecito de personas me cambia la cara. Vale que hay veces que te enganchas a alguien sudoroso, y que la de atrás te tira del pelo en vez de cogerte por los hombros, y que son arrítmicas, desfasadas, van a trompicones, pero igualmente a mí me reconcilia con la vida ir agarrada a una fila de desconocidos que culebrea y entorpece a la multitud que te mira entre divertidos y avergonzados.

Debo decir en mi defensa que jamás he empezado una. Yo solo me dejo llevar. Así vengo contagiada de entusiasmo de Las Vistillas, porque a alguien se le ha ocurrido iniciar una conga y yo me he tirado en plancha. No puedo evitarlo. Fíjate si me gustarán las congas que mira las horas que son y estoy todavía hablando de las congas. Pues sí. Sí que me gustan, sí.

15/05/2012 04:01 Elena #. Divertimentos Hay 4 comentarios.


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